Cuento


¡NOSOTROS LO MATAMOS!


Rafael Mendoza Toro *

Aclaración necesaria: Este cuento es descendiente directo del cuento Nostra culpa, del Dr. De la Torre que es parte de su libro Ajuste de cuentos, publicado hace mas de diez años y reeditado hace pocos meses, aprovechando una coyontura más política que literaria: Fue coordinador estatal de los Amigos de Fox.

Ante dicha reedicion, publiqué una crítica bastante acre, que suscitó ríspidas conversaciones y el deterioro de una muy leve amistad. Como fórmula de disenso, salió la idea de reescribir, con mi estilo y mis mañas, una de las historia del libro, que a mi juicio no son malas; así nació la siguiente paráfrasis Nosotros lo matamos... Y que los lectores nos juzguen.

I

- ¡Que sangre y fuego caiga sobre nuestras cabezas! ¡Qué nuestra tierra sea árida, el agua se apeste y nuestra estirpe maldita hasta la octava generación! ¡Que las noches sean eternas y cuando salga el sol sea sólo para mostrarnos nuestra vergüenza! ¡Que cuando se nos reconozca en la calle se nos señale con el dedo y la gente buena se aparte de nuestro camino porque nuestra sola presencia esparce el aroma de nuestro pecado y ensucia incluso al peor pecador! ¡Que el infierno sea nuestro castigo y aún así poco ante la magnitud del pecado cometido!

Esta y semejantes filípicas se escucharon en las iglesias de nuestra ciudad los días que siguieron al acontecimiento; sólo variaba un poco el tono y el detalle, pero la tónica era la misma. Aunque no se documentaron más casos de suicidios, después del infortunado poeta; aquí y allá se hablaba de ancianas que se habían ido muriendo de tristeza, de beatas de sacristía que se resecaron y murieron sin siquiera intentar el consuelo de la confesión. Se requirió que el propio Vaticano emitiera alguna resolución o algo así, exculpando a nuestra ciudad del crimen para que al menos los flamígeros sermones cesaran, mas no importa, la culpa quedará improntada en nuestro ser, esa sí, hasta la última generación.

Lo peor fue que lo que terminó como la peor tragedia que nuestra fútil historia puede recordar, empezó con las mejores intenciones del mundo, como un intento de halagar a nuestro ilustrísimo visitante y a la vez, poner a nuestra pequeña ciudad en el mapa mundial; tal vez fue éste nuestro pecado de soberbia, que desde el origen, determinó la terrible conclusión.

II

Todo empezó, lo recuerdo bien, de la manera mas chabacana posible, como parte de la insustancial plática que acompañaba los miércoles de dominó y alcohol que nos brindaban refugio a la rutina. Desde hacía ya tantos años que éramos jóvenes cuando inició, un pequeño grupo de amigos, compañeros de escuela, de los talleres literarios y de cuanta actividad de tinte cultural se daba en nuestra ciudad, nos reuníamos en "El Pirata", bar de mala muerte pero de tragos generosos a jugar dominó y comentar las últimas noticias y nuestros más recientes proyectos; un servidor, físico por profesión, con un grado de maestría en matemáticas y profesor de la universidad y prepas varias, jugaba el rol de piedra angular, normalmente porque siempre contaba con dinero para pagar

Ese miércoles la plática tenía un único tema: la anunciada escala que realizaría el Papa en nuestra ciudad de camino a San Juan de los Lagos, donde beatificaría mártires cristeros. Lo que era sólo una escala técnica, el aterrizaje en el aeropuerto internacional más cercano para de ahí emprender en helicóptero el viaje al santuario, se había convertido, a nuestros ojos, en una inmensa deferencia para nuestra ciudad, un reconocimiento papal a nuestra devoción católica. Los minutos de reposte se alargarían en una breve bendición apostólica a la que la ciudad, el estado y la región entera se sentía convocada.

El ruido de las fichas, el televisor trasmitiendo a todo volumen un partido de fútbol y el aroma de las cubas y cigarrillos constituían, sin duda, un entorno especial para tan importante tema. Como siempre, Felipón, abogado trinquetero pero amigo leal, hereje reconocido y literato con más proyectos que obra publicada, llevaba la voz cantante:

- ¿Honor? ¡honor mis destos que no son nada honorables! De donde sacan la idea de que el Papa honrará nuestra ciudad porque su avión se detendrá aquí en camino de santificar a los cristeros mochaorejas. Si hubiera un aeropuerto más cercano o si no le tuviera miedo a viajar en helicóptero desde la ciudad de México ¡madres que nos visita! Sólo ustedes bola de mochilas pueden creer que hay algo de honor en que el Papa descienda a cagar, porque en el avión es bien incomodo...

- No te excedas Felipe - terció Audomaro, poeta mediocre y católico que sobrevivía como burócrata- está bien que somos amigos y hemos aprendido a tolerarnos pero debes también respetar las creencias de los demás; el Papa es la cabeza de nuestra iglesia y por lo que sea, es un honor que visite nuestra ciudad, que reconozco que tal vez ni siquiera tenga en su mapa. Lo importante aquí sería hacer algo para que su breve paso por nuestra ciudad sea inolvidable.

- Pos si quieres que no se olvide habría que matarlo, entonces si su breve estancia sería recordada por siempre; y vengan sus fichas -reviró Felipón junto con un cierre a blancas.

- ¿Matarlo para ser recordados? -tercié intentando llevar la plática hacía terrenos menos escabrosos- Oh sí, la vieja historia de Eróstrato, que busca la inmortalidad destruyendo la biblioteca de Alejandría. Un viejo anhelo del hombre: La inmortalidad por el camino oscuro, la destrucción en lugar de la creación …

Goool, bramó el televisor y la algarabía hizo que perdiera el hilo de mi discurso. Cuando el silencio se restauró el poeta ya había procesado una idea que presentó:

- Recibamos al Papa de una forma diferente, guiemos al peregrino con la luz, regalémosle un inmenso diamante formado por miles de espejos que reflejen el sol y que le anuncien desde su avión que lo esperamos con fe y esperanza. Si cada uno de los que lo esperaremos porta un pequeño espejo, lograremos replicar la luz de las estrellas, además es casi seguro que tendríamos un récord de Guinnes.

- ¡Un gran diamante de luz para el Papa! -intervine realmente entusiasmado- Eso seria equivalente a la supernova que estalló para anunciar el nacimiento de Cristo y guiar a los peregrinos hacia Belem, replicaríamos con nuestras manos un fenómeno cósmico que hace dos mil años marcó el inicio...

Gooool, volvió a vomitar el televisor anunciando una victoria importante en algún torneo y en la algarabía se perdió la plática y la idea y pensé que sería la última vez que la oiría, pero no.

III

Llegó el fin de semana y en la lectura de la prensa dominical, me encontré con el poeta, haciéndose entrevistar y presentando una versión más elaborada de su idea original. Hablaba del regalo de luz al Papa, de la formación de un diamante inmenso, tan grande como nuestro cariño hacia él, repetía mis palabras de la supernova en el nacimiento de Cristo, aunque claro sin darme crédito y sin explicar plenamente el concepto, lo que no dejó cierto resquemor ante su deslealtad.

A esa primera aparición siguieron otras; olvidando sus celos y afán de exclusividad, todos los diarios suscribieron el proyecto y quisieron darle su toque especial. Uno mencionaba "El río de luz"; otro "el diamante para el Papa"; y así jugando con las imágenes que el poeta entregaba pródigamente, siempre y cuando citaran su nombre completo. Su aparición en la televisora local implicó la casi oficialización del proyecto, todos en la ciudad hablaban de recibir al Papa con el reflejo del sol en un espejo y hacían planes para el caso. Finalmente, ante el ruido generado, el señor obispo emitió un críptico comunicado en donde ni apoyaba ni rechazaba el proyecto; lo que a los ojos de su grey equivalía a una aprobación plena, con lo que las últimas dudas se despejaron y multitud de parroquias oficialmente empezaron la organización de la bienvenida en esos términos.

El tiempo de espera voló casi sin darnos cuenta, el poeta no volvió a las tertulias etílicas de miércoles, tal vez influido por las dificultades de su proyecto o por no contaminarse del lado prosaico de la vida; Felipón tuvo un infarto leve que lo recluyó contra su voluntad, con lo que por primera vez en años las reuniones se suspendieron por falta de quórum; en esos momentos descubrí cuan aburrida podía ser mi vida

IV

El día de la llegada, contra mi voluntad, empezó muy temprano; no eran las cuatro de la mañana cuando mi esposa me sacó de la cama invitándome a prepararme para salir a la brevedad posible. Si bien soy católico de la variedad "de dientes para afuera", de esos que cuando la ocasión lo amerita, cumplen sus obligaciones casándose de blanco, bautizando a sus hijos o llamando al sacerdote en artículo de muerte; pero que hace rato no se confiesan ni están dispuestos a asignarle a ningún sacerdote el papel de guía moral de sus vidas, en esta ocasión ni siquiera intente oponerme a la convocatoria general.

Los prolegómenos no me entusiasmaban: se había preparado un inmenso llano donde, desde un templete y durante breves minutos el Papa nos otorgaría una bendición apostólica o algo parecido; pero si el arribo del avión papal se esperaba para después del medio día, se recomendaba a los fieles llegar lo mas temprano posible, con el fin de "organizar la ceremonia de recepción" decía el obispo.

Luchando contra mi somnolencia y la de los niños, dos adolescentes bastante baquetones, mi esposa logró un triunfo significativo pues no eran la cinco de la mañana cuando llegamos al papódromo, como lo había llamado Felipón. Para nuestra desgracia y a pesar de la desmañanada, el perímetro del templete estaba ya ocupado por gente que debió pasar la noche ahí y nos ubicamos a más de cien metros y eso que no eran las seis de la mañana cuando llegamos. En medio de los fieles, los vendedores ambulantes hacían su agosto; sombreros y viseras, agua y refrescos, y sobre todo, espejos. De las más diversas clases, lo mismo pequeños rectángulos sin mayor aditamento, que circulares con imágenes estampadas en su reverso metálico, la mayor parte composiciones naive de la figura papal con alguna referencia a la visita a nuestra ciudad. Compré cuatro, todos distintos con el fin de guardarlos como recuerdo.

A pesar de mi formación matemática no soy bueno calculando multitudes, empero desde el sonido general y los radios se hablaba de más de medio millón de personas congregadas para la recepción. Que la mitad de ellos tenga un espejo, me dije, aseguraría para nuestra ciudad al menos un record Guinnes.

V

No mentiría si digo que la espera se me hizo eterna, el sol a plomo, el polvo y los aromas de la multitud terminaron colmando mi paciencia en las primeras dos horas; así la espera de cinco más fue todo un martirio; pero, por fin, en la hora esperada, poco después de la una de la tarde, un dedo señaló un pequeño punto de luz en el cielo:

- ¡El avión!, ¡el avión!, ¡es el avión del Papa!

La fe mueve montañas y otorga poderes extrasensoriales me dije, esa brizna de luz podía ser cualquier cosa, pero mi racionalidad no alteró el surgimiento de la euforia:

- ¡Ya llega el Papa! ¡Es el avión del Papa!

Junto con los dedos que señalaban se levantaron miles de espejos que se enfocaron hacia esa dirección; me imagine la sorpresa de los pilotos ante esa brillante muestra de júbilo, definitivamente la idea del poeta tenía su encanto.

El punto brillante fue creciendo y en minutos se distinguió claramente la silueta del avión papal, que lentamente por la perspectiva, se acercaba para tomar pista. Miles o cientos de miles de manos sostenían espejos que arrojaban su resplandor hacía el avión que incluso regresaba el reflejo en sus superficies metálicas. Cuando solo faltaban dos o tres kilómetros para tomar pista, insólitamente el avión se elevó y virando se alejó del aeropuerto. Un Ah, desesperanzado se elevó de la multitud.

No pasaron más que breves minutos cuando el avión giro de nuevo y se enfiló a la pista. Un aplausos espontáneo surgió y de nuevo la manos se levantaron con sus espejos, el Papa debía saber que lo esperábamos con un regalo de luz. Esta vez el avión se acerco más a la pista, más de uno aseguró que se pudo ver el rostro del piloto un instante antes de que nuevamente virara. Una extraña desazón invadió a la multitud, algo extraño estaba pasando, pudiera ser un desperfecto alguno dijo y la posibilidad de que viéramos al Papa se mencionó aquí y allá. Un más sonoro aplauso se oyó cuando vimos nuevamente virar el avión y enfilarse por tercera ocasión hacía la pista.

Una especie de frenesí invadió a la grey expectante y los espejos se agitaban como palmas en un Domingo de Ramos, esperando la bendición a los espejos. El avión fue perdiendo altura y se acercó a la cabeza de la pista mientras brillaba como el sol por los reflejos en su fuselaje. Entonces, en una escena como de cámara lenta vimos un pequeño resplandor en un costado del avión que se transformó en una explosión masiva; los restos del avión en llamas cayeron al inició de la pista, exactamente donde por primera vez un Papa pisaría nuestra tierra.

El impacto nos dejó sin habla durante breves instantes, después se empezaron a oír rezos y sollozos, aislados al principio que se generalizaron en segundos. Anonadado por lo contemplado, intentaba entender lo sucedido cuando una idea llegó a mi cabeza. ¡Como pude haberlo olvidado! La luz es también calor, un pequeño espejo solo puede elevar la temperatura unas milésimas de grado; pero cientos de miles de espejos pueden elevarla cientos de grados, nuestro río de luz no fue otra cosa que un láser de banda ancha que con plena impunidad impactó al avión papal. ¡yo lo sabía y debí recordarlo desde que empezó el proyecto! Nuestra fe y entusiasmo había causado la peor tragedia y la muerte del Papa en nuestra tierra.

Debí pensar en voz alta pues mientras me repetía mecánicamente: "Lo matamos, nosotros lo matamos" la multitud empezó a convulsionarse con la idea repitiéndolo una y otra vez ¡nosotros lo habíamos matado!. No puedo intentar describir las escenas de histeria que se sucedieron, tanto porque mi talento como narrador es limitado como porque yo mismo no estaba plenamente consciente. Afortunadamente mi esposa conservó la calma y las llaves del coche y así al caer la noche volvimos a la casa, sin hablar y sin poder mirarnos a la cara.

VI

Así, nuestra pequeña ciudad entró al mapa mundial, los periódicos y noticieros del mundo cubrieron la nota y periodistas de todo el mundo se han paseado intentando reconstruir "fehacientemente" la historia que quieren espectacular. El poeta logró evitar esto, se suicidó esa misma tarde colgándose en su pequeña biblioteca. Su familia, a pesar de provenir de vieja estirpe católica ni siquiera intentó una bendición póstuma o algún intento de perdón, cremó el cadáver sin más trámite e ignoro qué fue de las cenizas, no les reprocharía si las hubieran arrojado sin más. Por supuesto que reeditar su escasa obra dispersa se consideraría blasfemia y ni las mayores ofertas financieras de medios amarillistas han bastado para conseguir alguna publicación que contuviera alguna línea de malogrado poeta.

Quien ha disfrutado sus quince minutos de fama es Felipón, repuesto de su infarto se ha visto rejuvenecido por los reflectores y grabadoras de reporteros que recogen sus palabras como verdad revelada. "Retrato de un místico" nombró CNN a su reportaje especial en donde gracias a las palabras de Felipon, en lo que definitivamente ha sido su mejor obra de ficción, Audómaro el poeta desafortunado se convierte en una mezcla de Simón el estilita y León Toral.

Por mi parte esta es la primera vez que intento poner en orden mis ideas y recuerdos, aunque no me sirva como expiación; ni siquiera como catarsis literaria. Incluso no sé que hacer con estas líneas, tal vez las publique, tal vez se guarden en un cajón de donde mis hijos las tirarán a mi muerte. Pero sería un acto de egoísmo el dejarlas inéditas, pues se perdería también la única oportunidad para que estos lamentables acontecimientos se llegaran a conocer en plenitud, creo que por el poeta y nuestra ciudad, como una obligación moral, deberé buscar su mayor difusión. Mañana mismo salgo a buscar a esa periodista que anda haciendo un reportaje para la televisión española. Se la debo a Audómaro y su memoria.

* Chilango, miembro de la generación del 68 aunque no haya hecho nada por probarlo. Anarquista de la variedad boca grande, durante un tiempo supo callar lo suficiente para recibir sus quincenas en la administracion publica con regular suerte. Productor y guionista de radio univeristaria, articulista de revistas regionales, actualmente comparte el subempleo con la actividad politica dentro del PRD de Aguascalientes, donde espera pacientemente su plurinominal.

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