EL BARCO DE BUSH NAVEGA EN AGUAS TURBIAS
Fernando Velázquez *
La bolsa de valores de Nueva York se tambalea peligrosamente en forma similar al 9 de septiembre de 2001, presagiando un catastrófico desenlace del calibre del colapso de 1929. El escándalo de Enron y WorldCom parece indicar una “cocina” de los libros de contabilidad por medio de la cual las corporaciones inflan sus ganancias para atraer inversionistas ilusos.
Una vez que la burbuja está a punto de estallar los embaucadores venden sus acciones dejando a los ingenuos con cuantiosas pérdidas y lágrimas en los ojos. El fenómeno preocupa a los ingenieros sociales.
La explosiva escena genera exclamaciones de desagrado entre poderosos del mercado financiero como George Soros, un individuo capaz de quebrantar la moneda corriente de países enteros. “El sistema financiero internacional se está descosiendo "hay falta de confianza" es lo que llamó el “factor Bush”. "Hay una crisis de liquidez en los mercados financieros", dijo Soros.
Una traducción de las palabras del magnate podría ser que los inversionistas están regresando a casa y que este año la fuga de capitales de la bolsa de valores podría ascender a los 600 mil millones, toda una bomba de tiempo.
Al centro de las multimillonarias triquiñuelas está el estilo de contabilidad de muchas corporaciones conocido como “pro forma,” por medio de la cual se manipulan las finanzas. Se considera que sólo una minoría usa el estilo de GAAP o prácticas de contabilidad generalmente aceptadas.
La turbulenta forma de contabilidad no es denunciada por los medios de comunicación porque la mayoría de ellos también la usa, afirma Michael Ruppert, ex oficial de la División de Narcóticos de la policía de la ciudad estadounidenses de Los Ángeles y editor de la ciberrevista “From The Wilderness.”
El precio político de los escándalos financieros aunado a las cuantiosas pérdidas de las pensiones de los obreros estadounidenses es inpredictible. Entre los infelices están los que habían invertido en corporaciones como Enron y los que han guardado sus ahorros con el gobierno, y ahora ven como estos son devorados por los gastos de la guerra “contra el terrorismo.”
Ante la apocalíptica situación los republicanos podrían perder el control de la cámara baja del congreso, y la reelección del presidente George Bush sólo se lograría con otro “ataque terrorista,” un intercambio nuclear entre la India y Paquistán o una sangrienta aventura militar en Irak.
Por el momento, millones de estadounidenses saben que George Walker Bush llegó a la Casa Blanca con el influencia de unos cuantos miembros de la Corte Suprema. Ya no ignoran que el voto popular lo ganó el demócrata Albert Gore, pero que la fantástica campaña mediática dio la impresión de que el fraude electoral era sólo una pequeña confusión creada por las diversas formas de practicar el sufragio en el estado de Florida.
Yo tengo en mi poder el documento enviado por personal de la oficina del gobernador Jeb Bush (hermano del presidente), quien ordenó la creación de listas con nombres de miles de votantes que habían purgado sentencias de cárcel en otros estados y otros inocentes con nombres eran similares a los ex reos. Las personas con esos nombres fueron a votar pero no se les permitió.
El número de ciudadanos a quienes se les negó el derecho al sufragio es
superior a la cantidad de votos que le dio la victoria a George W. Bush,
asegura el investigador Gregg Palast.
La subsecuente división nacional entre demócratas y republicanos
fue eclipsada por los trágicos incidentes del 11 de septiembre de 2001
pues estos crearon la necesaria distracción entre la ciudadanía.
Las encuestas empezaron a “mostrar” una fantástica popularidad de Bush, pero ahora los escándalos financieros y un inminente colapso
de la bolsa de valores están cambiando la temperatura nacional.
Aunque para algunos es una sorpresa, la dramática contracción de las libertades civiles que experimenta la sociedad se inicio con el ataque al centro Mundial de Comercio en 1993. Dos años después del ataque contra el edificio federal en Oklahoma City justifico la legislación antiterrorista y la milicias se convirtieron en el enemigo número uno.
El movimiento antiglobalización tomo su lugar como demonio de moda, y este fue reemplazado por Al-Qaeda y su terroristas invisibles. La presencia de este satánico personaje nacido de las entrañas de grupos mercenarios reclutados y entrenados por la Central de Inteligencia de Washington y sus aliados, exige un ejército de “soplones,” la militarización de las policías y el uso del ejercito para “proteger” a la ciudadanía.
Los medios reportan que los “ataques” de antrax de los últimos meses provenían de Forth Dietrich, un lugar que explora la fabricación de armas químicas y biológicas cerca de Washington, la capital estadounidense, pero no han habido arrestos. También revelan que ya se preparan cañones de rayos lasers que podrían cegar a personas lejos del lugar de combate y el posible uso de armas anti-disturbios capaces de paralizar a los manifestantes.
Sin embargo la poderosa maquina represiva no cambia las gigantescas olas
que rodean la frágil embarcación que viaja por el océano,
llevando consigo a George Walker Bush.
* Periodista independiente de Los Angeles y director de Programación de la ciberradio www.kpfx.org.