ALCANTARILLEROS
Sergio Zárate *
Héctor llega con nosotros después de ser intervenido quirúrgicamente, con muchas reticencias claro, en el Hospital General, fue operado en el abdomen por una fuerte herida causada por un arma punzocortante; Juan Manuel se acerca porque su madre, una partera de mala fama, y un grupo de infantes enemigos lo buscan para darle su merecido, Julián "El Pecas", conocido vendedor de drogas en la Central de Abastos y busca su recuperación en este albergue, y Pedro, a quien apodan "El Acertijo "porque nadie sabe como fue que llego aquí, ni siquiera él conoce esa parte de su accidentada y tormentosa vida; son los militantes de los niños de la calle que habitaban en la Alameda Central, en el mismo submundo del Centro Histórico de la Ciudad de México, la Ciudad de la Esperanza, y que ahora buscan la luz para sobrevivir.
Yolanda, la enfermera en turno del albergue no quería limpiar la herida de Héctor , argumentaba que él se resistía a tal acción y que tenía que irse rápidamente porque tenia un problema en casa... Yo tuve que hacerlo y parecía que mi mano, que lavaba con fruición, le fuera por demás complaciente al menor. Todos los demás observaban mientras Héctor reía por el dolor, pregunté por Pedro, cuya ausencia era notoria...
-Anoche no llegó a dormir- Me contestó "El Pecas", lo mire con duda y sonrió para afirmar
-En serio, no vino a "jetear", no hemos visto a ese guey, me cae...
-Ha de estar por ahí- les dije
Héctor siguió riendo cuando le aplique la ultima gota del ultimo desinfectante que teníamos, no quedaba más material de curación, siempre dependíamos de lo que nosotros llevábamos o de las donaciones esporádicas que algunos particulares nos destinaban. De pronto un estruendoso golpeteo en la puerta principal nos sorprendió, terminé de colocar las vendas y baje presuroso, por poco y tropiezo con el último escalón...
Era Pedro, abrí y sin más se metió y corrió hacia el piso superior sin decir una sola palabra... se acostó en el piso y repelió violentamente cualquier acercamiento de los otros niños que lo buscaban con preguntas para saber lo que le sucedía o para molestarlo como usualmente lo hacían.
Pasaron tres días y Pedro no se levantaba de aquel rincón de suelo, nada decía, el dolor se aguantaba porque la "tira" le dio una mala pasada...
Preguntando por el barrio, me enteré que él junto con otros niños "alcantarilleros" había reñido con los "callejoneros" (¡hasta en ellos existe el divisionismo!, ¡por Dios!) nadamás por un espacio de territorio, que llegaron los "judas" y que para separarlo, porque era muy aferrado, muy perro como él mismo decía; le propinaron una puntual patada en la quijada... Se la rompieron. No podía probar alimento, todo se lo dábamos licuado y aún así apenas podía absorber con los popotes el vivificante alimento.
Lo llevamos en cuanto accedió al Hospital General, al de Xoco, a los del ISSSTE y a los del IMSS más cercanos al albergue y nadie, nadie quería recibirlo; lo regresamos y solicite telefónicamente el auxilio de algunos amigos médicos y casualmente ninguno de ellos se encontraba en casa o en la ciudad. Ya estaba destinado según parece.
-Ya estuvo que este cabrón se nos muere, jefe- Me dijo Juan Manuel
Lo mire y pensativo así como nervioso pensé...¿Qué voy a hacer?, nadie ayuda verdaderamente a un niño de la calle... Intente afanosamente el servicio de una clínica privada que se halla cerca del lugar y nada... para ellos no hay nada, no hay defensor de oficio ni la aventura de un héroe social... Simplemente no hay nada...
En una casa sin dueño, murió Pedro, acurrucado en el frío
suelo. Rumiaba y babeaba sus sueños. Después de un último
y lastimero suspiro: el silencio, la impotencia, el coraje, el vacío,
la nada... para ellos no hay nada... Y... nadie, nadie lloró, sólo
hubo un inquietante silencio de... tres días.
* Periodista.