LOS DERECHOS HUMANOS Y LA DIGNIDAD NO TIENEN TINTES
Francisco Gallardo *
Como general y universitario, siento un gran compromiso con mi país, con las instituciones del Estado, el ejército y la sociedad; además de que diversos grupos defensores de derechos humanos apoyaron mi liberación y esto permitió que el gobierno mexicano cumpliera, en parte, la recomendación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
El tema de los derechos humanos y la dignidad no tienen tintes. La dignidad y los derechos humanos van más allá de cualquier poder, cualquier soberanía, cualquier frontera, porque son derechos universales. El régimen autoritario de México ha actuado por décadas como se le ha venido en gana en su lucha contra todos los que consideraba sus enemigos, en particular frente a quienes proponían la lucha armada para lograr e impulsar los cambios en el país.
De los desaparecidos, ejecutados y torturados nadie se enteró. El control social y de los medios de comunicación era férreo y absoluto. Sólo la valentía, la tenacidad y la heroicidad de las familias de los desparecidos hicieron posible que poco a poco se diera a conocer lo que permanecía escondido; aquello que se manejaba como un secreto de Estado para cubrir los crímenes cometidos por los aparatos de seguridad pública y el ejército.
Fue necesaria la alternancia en el gobierno mexicano, impulsado por la participación social, la presión internacional de organismos de derechos humanos y el sacrifico y sangre de muchos mexicanos --esto no se le debe olvidar al presidente Fox--, para que el Estado mexicano reconociera incipientemente los crímenes cometidos por el Estado.
Ahora, a pesar de la reticencia de los poderes públicos, los mexicanos estamos en condición de saber que pasó con los asesinados y desaparecidos del ’68, de los asesinados y desaparecidos de la guerra sucia de los ‘70 y de los crímenes de lesa humanidad cometidos en los más recientes sexenios, incluyendo el asesinato de la abogada y activista de derechos humanos Digna Ochoa.
Se sabe que estos crímenes de lesa humanidad son obra de los aparatos de justicia del Estado y del rjército, asunto que reviste mayor gravedad en virtud de que al Ejército se le ha encomendado, constitucionalmente, ser tutor del orden jurídico e institucional del Estado.
Desde esta visión, los poderes públicos y el ejército conjuraron en contra de la sociedad y el orden constitucional e institucional del Estado. Por ello, como sociedad, tenemos dudas razonables de que a través de la institucionalidad se tengan resultados favorables que encaminen al rompimiento de los cotos de poder y las estructuras que han permitido las violaciones graves a los derechos humanos.
Por tanto, se debe crear una Comisión de la Verdad, o como se le quiera
llamar, integrada por reconocidas personas con alta calidad moral para que
encuentren la información de la verdad histórica de los hechos;
lo cual servirá de bálsamo y será el hilo que permita
suturar las heridas y agravios perpetrados desde el poder público
en contra de la sociedad.
* General del Ejército Mexicano y activista en pro de los derechos humanos.