LA MIRADA INVERSA
Rolando Lazarte *
"No le pidas peras al olmo", reza un viejo dicho español.
Más de 58 páginas de propaganda, sobre un total de 138 páginas impresas, definen una publicación como comercial.
Pues es una publicación comercial, fíjese usted, un semanario de páginas amarillas travestido de revista de noticias, que intitula "Sin peso, dólar ni esperanza".
Una redundancia inútil, como la lectura del artículo puede evidenciar, toda vez que para el autor del mismo, da lo mismo: peso, dólar, esperanza.
De las 58 páginas de propaganda, hay las que son pagas por Unibanco, Renault, Philco, H. Stern, Technos, Visa, Semp Toshiba, Itautec, Embratel, Gobierno del Brasil, Citizen, Honda, Arno, Bank Boston, Volkswagen, Philips, Peugeot, Show del Millón, Mercedes-Benz, Chevrolet, Shell, SBT, Telefónica, Globo, BCN... y sigue la lista.
En medio de las páginas amarillas, un artículo amarillo intitulado "Sin peso, dólar ni esperanza".
No podría ser más ilustrativo, el artículo y el título, de la posición del catálogo publicitario vendido como "revista de noticias", si es que la propia carga propagandística derramada sobre el lector no fuera suficiente.
Bancos, empresas automotrices, gobierno federal, empresas de televisión y telecomunicaciones... Gran capital. Capital financiero. Poder político. Poder económico. Poder informativo.
De ahí, de esa mirada, vienen las palabras. La mirada de muerto que muestra, por inversión, el surgimiento en el país argentino, de valores no monetarios. El texto amarillo habla de "dinero, bancos, fondo monetario, dólares, cofres, gobierno, moneda, caos, agujero negro, sin esperanza, guerra, abismo, tragedia."
¿Qué más podría vislumbrar un financista cuya razón de ser, el sistema bancario, se derrumba por el peso de la propia ambición desmedida? ¿Qué otra cosa podría vislumbrar quien lucra con la especulación, quien vive de la corrupción de la democracia y de las instituciones, de las costumbres y de los hábitos al sabor del poderoso Caballero Don Dinero?
Sería pedir "peras al olmo".
Pero no se puede cerrar los ojos para la realidad que, por inversión, la mirada del muerto permite vislumbrar.
Hay en la Argentina actual más de tres mil "clubes de trueque", donde las personas intercambian bienes y servicios directamente, de productor a productor, sin la mediación del din din.
Si el banquero y el político se afanan la plata (entre otros medios: el famoso "corralito" que confiscó los depósitos de la clase media, en el fin de la era FMI-Menem-Cavallo-De la Rúa), la reducción y el atraso en el pago de salarios y jubilaciones de trabajadores del estado, el "desvío de recursos" -vean la forma elegante de referirse, ni más ni menos, al robo- por las manos de los Mendes, Rodríguez Saá, Saadi y tantos otros, para citar nada más los más recientes elementos de la cuadrilla expoliadora iniciada con Don Bernardino Rivadavia), las personas crean una moneda propia: son los "créditos", usados en los clubes de trueque como medio de intercambio.
Si el político afana, el pueblo vigila, como lo hacen los vecinos congregados en la Asamblea de Vecinos de la Municipalidad de Godoy Cruz, Provincia de Mendoza, para citar una parte de Argentina que no se encuentra en Buenos Aires. Ya no se controla al ladrón institucional por la vía de jueces corruptos -es significativa la resistencia de la camarilla de la Suprema Corte de Justicia a los cacerolazos y pedidos de juicio político, 5 de cuyos 9 miembros es menemista-cavallista-fmista-, sino por las manos del propio pueblo. Es la famosa democracia directa que se instauró ampliamente en la Argentina después que el pueblo, robándole el papel a los militares tradicionalmente habituados a bajar del poder a las autoridades constitucionales, puso en la calle al presidente De la Rúa el 20 de diciembre de 2001.
Son las asambleas de vecinos, que -a ejemplo de la gestión de presupuesto participativo en marcha en los municípios administrados por el Partido dos Trabalhadores (Porto Alegre, Belo Horizonte, Olinda, Cabedelo, para citar apenas los que nos vienen a la memoria en este instante) hace años en Brasil- nomás se limitan a votar los ilustres "representantes" de la comunidad de tiempos en tiempos. Ahora ejercen directamente el control sobre el presupuesto local y su destino, los salarios y el número de concejales, etc.
Es el fin de la democracia representativa, vaticinan algunos. Una situación revolucionaria, se atreven otros. Parece premauro pronosticar el futuro que se engendra de las entrañas del derrumbe del sistema capitalista, que se muestra incapaz de mantener la moneda en circulación, la gente que debe explotar con vida, el sistema de mando en funcionamiento. Lo cierto es que ni los ilegítimos legisladores nacionales, que en las elecciones de 2001 tuvieron menos votos que Clemente, el personaje sin manos de Caloi, ni los concejales del último rincón del país del sur, pueden continuar con la práctica habitual de aumentar sus vencimientos a gusto. Los "honorables" legisladores nacionales -sobre muchos de los cuales pesa la sospecha de soborno para aprobación de las leyes de precarización laboral ("flexibilización")- y los legisladores municipales, están en la mira del público.
En un país en que el capitalismo salvaje (el mal llamado "neoliberalismo", poco tiempo atrás saludado por la intelectualidad mercenaria y camaleónica como una alternativa progresista frente al precarísimo Estado de Bienestar Social construido penosamente por estas latitudes) generalizó el desempleo (22% de la PEA), entrego el capital nacional (petróleo, teléfonos, aviones) a las empresas privadas extranjeras, arrasó con las conquistas sociales (destruyendo el poder de compra de los salarios, depredando el sistema público de salud y educación), desmanteló el aparato productivo nacional al sabor de la importación irrestricta inaugurada por el régimen genocida de Videla y Martínez de Hoz, lo único que se salva es el pueblo.
Frente al hambre de los niños, los vecinos en Argentina organizan comedores populares. Ya no le piden al gobierno. Frente a la corrupción e inoperancia del poder público, los vecinos se organizan en asambleas y piquetes para obtener el atendimiento a sus necesidades. Quien quiera tener un panorama de estos movimientos (asambleas, piquetes), prácticamente ignorados por la prensa comercial, puede dar una mirada al sitio del Partido Obrero.
Los políticos están cercados en Argentina. La población sitiada se rebela. Cuando las instituciones se corrompen, el soberano reasume. Sin peso, sin dólar.
Con esperanza.
* Sociólogo y escritor.