México


EL CRIMEN ¿DE QUIÉN?


Andrés A. Solís *

Acúsome padre de haber pecado... He pecado por haber visto esa porquería cinematográfica llamada El Crimen del Padre Amaro, de la que todos hablan, especialmente la alta jerarquía católica que debería de comenzar a cobrar su comisión por la extraordinaria publicidad que ha hecho a este filme del aplaudido director mexicano Carlos Carrera.

Vi El Crimen del Padre Amaro no sólo por el griterío eclesiástico y de los grupos de ultraderecha, sino que soy además un gran admirador del cine de hechura nacional, claro, el que está hecho con calidad.

Y claro, vi la película por pecaminoso morbo de ver en gran pantalla esas obscenas imágenes de un cura fornicando con una adolescente catequista, imágenes que difícilmente podríamos ver en la vida real, porque los curas de la vida real se cuidan más que el joven Amaro, personificado excelsamente por Gael García.

En la vida real yo sólo recuerdo a aquel sacerdote católico cerca de mi casa que todos los fines de semana llegaba casi a rastras a la casa curial, ahogado en los alcoholes que desde temprano "se empujaba" en los bautizos, comuniones, fiestas de XV años y remataba con las bodas.

O a ese tío de un amigo que fue sorprendido por varios feligreses cuando tenía relaciones sexuales con uno de los adolescentes de su parroquia y que de puro coraje cuando fue expulsado del pueblo, se robó la campana de oro sólido de 80 kilos de peso.

Por ahí de 1995 un estimado amigo y colega me pidió que apadrinara a su hijo y cuando hablamos con el sacerdote dijo que ni yo ni mi esposa (en ese entonces éramos novios), podíamos apadrinar al niño, porque no estábamos casados y yo le dije.... "mire padre, le voy a pagar aún y cuando no debería ¿no?, entonces no debería haber problema".... y claro, no hubo problema.

Y aquel otro que cada año cambiaba de automóvil y de un modesto sedán de Volkswagen podía cambiar a lujosos deportivos del año, gracias a la cooperación de los fieles.

Ya ni qué decir de aquel honorable nuncio apostólico en México, Girolamo Prigione, que recibió en confesión a los inocentes hermanos Arellano Félix, cabezas del Cártel de la droga de Tijuana, para perdonarles sus pecados y creerles de paso que ellos no tuvieron nada que ver con el asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, del que insisten fue confundido por un narco y por eso le pegaron once tiros de AK-47 a poco más de un metro de distancia... sólo un imbécil no hubiera distinguido la sotana morada.

Está bien, no son todos y quizá sea una insignificante minoría, quizá similar a la cantidad de pederastras en Estados Unidos y otros países del mundo... no son todos, pero de cualquier manera la gran hipocresía de la Iglesia católica sigue siendo más que evidente.

Y la ultra derecha en México, los nuevos Cristeros encabezados por Jorge Serrano Limón, reclaman el cumplimiento de la ley.... ¿acaso hicieron eso cuando la reciente visita de Karol Wojtyla?, ¿acaso reclamaron el cumplimiento de la ley cuando la Constitución prohíbe la transmisión en medios electrónicos de eventos religiosos?, ¿acaso ya olvidaron cuántas horas de transmisión se acumularon en los tres días de visita papal?

Hay que aplaudirle al secretario de Gobernación, Santiago Creel Miranda, la decisión de no impedir la difusión de El Crimen del Padre Amaro, porque no hay razón legal ni moral para ello... la cinta sólo refleja, como cualquier otra, un fragmento de la realidad que puede lastimar la falsedad de algunos.

Y qué bueno que Creel no la censuró, porque de lo contrario haría más evidente la cada vez más clara inclinación religiosa de este Estado que está a punto de abandonar su condición laica, aunque el arzobispo Primado de México, Norberto Rivera Carrera, ese que tiene un hijo ilegítimo viviendo en Tijuana, diga que el mexicano es un Estado persecutor de la Iglesia Católica.

* Periodista, socio del Centro de Periodistas de Investigación y de la Red de Periodistas Frente a la Corrupción.

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