América Latina


CUANDO CAMBIAMOS LA IDENTIDAD NACIONAL POR EL SOMETIMIENTO


Alfredo Carazo *

Sin pretender desvalorizar el imponente reto que para la humanidad presenta el terrorismo internacional, resultó lacrimógeno el tributo aportado desde Argentina al recordatorio del ataque a las Torres Gemelas de Nueva York.

Los rostros cariacontecidos de los presentadores televisivos, los suplementos de los medios escritos y las recordaciones radiales, aludiendo a una supuesta paralización del país -y hasta del mundo- frente al aniversario, no dejó de aparecer como una hipócrita revelación de sumisión.

Salvando las distancias, no se paralizó el mundo cuando volaron la embajada de Israel en Argentina o la sede de la AMIA. Hasta el año pasado, el 11 de septiembre se recordaba el "Día del Maestro", ese trabajador devaluado en una sociedad en la que la educación pública no es nada. Este año, nadie se acordó de los docentes. Hemos perdido hace tiempo la identidad y la cultura nacional, todo ello sacrificado en el altar de la cultura uniforme, globalizada por los medios audiovisuales, confiscados por la ideología dominante.

El "homo videns" de la cultura audiovisual, trastocó a la educación. Tampoco se recordó que en la misma fecha, desde el cerro del Peñalolén, el dictador Augusto Pinochet, controlaba el asalto a La Moneda, dando inicio -con el auspicio de Estados Unidos.- al asalto final de la doctrina de la seguridad nacional, originada en 1964 con el derrocamiento de Joao Goulart, en Brasil y que terminaría con el sacrificio de generaciones enteras de latinoamericanos.

Es por lo menos una ofensa a la inteligencia, el que miles de argentinos se manifiesten, aunque justificadamente, en defensa de sus depósitos bancarios, el que muchos menos acudan a manifestarse en contra de la violencia y de la delincuencia y que nadie salga a la calle a defender la escuela pública, la que está desapareciendo, la paupérrima educación, la que llena sus aulas de niños miserables que aprenden a comer antes de prepararse para un futuro, que no los tiene en cuenta.

Cuando los docentes se lanzan a las calles, muchos argentinos rechazan sus métodos como violatorios al derecho de los demás. ¿Quiénes son los demás? A lo mejor los idiotas argentinos, que no somos distintos de los perfectos idiotas latinoamericanos.

La esquizofrenia electoral

Ahora el FMI pide garantías políticas para un acuerdo que nunca tuvo ganas de cerrar. Por qué habría de tenerlas si los argentinos tampoco tienen ninguna garantía de un futuro que se está dilucidando a años luz de las expectativas ciudadanas. A lo mejor es por aquello de "honrar los compromisos externos", una situación que entró en "default" selectivo apenas se decidió "arreglar" los servicios de la deuda.

Por eso y porque nadie tiene resto como proyectar nada, es que para el secretario del tesoro de Estados Unidos. -el amigo- Paul O'Neill, no se alcanza a conformar un programa económico sustentable. Tanto el ex presidente de Argentina, Eduardo Duhalde, como el ex ministro de Economía, Roberto Lavagna, ya lo sabían. Un dato positivo es que ya ni siquiera se toman el trabajo de anunciar que no llegarán.

Y es relativo que se esté pidiendo el mismo reaseguro que se intentó plantear con los candidatos brasileños. Primero porque en los socios mayores del Mercado Común del Sur (Mercosur) nadie aceptó subrogar las responsabilidades propias del gobierno del presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso. Hacerlo hubiera significado un quiebre en el orden institucional, impropio de la política de Brasilia.

Acá lo único seguro es que estamos ingresando a la esquizofrenia de las promesas de campaña que, la historia lo revela, difícilmente se llevan a la práctica. Vaya uno a saber de la herencia que tendremos que hacernos cargo cuando asuma el nuevo inquilino de la Casa Rosada.

Una mirada a la Cumbre de la Tierra indica cómo se escribe la historia contemporánea. Como en las realidades nacionales y regionales, todos manifiestan garantizar el combate contra la pobreza, la miseria y la exclusión, pero lo que prevalece son los intereses del capital financiero que le imprime a la clase política la ideología neoliberal.

Si el Fondo Monetario Internacional (FMI), los bancos, las transnacionales, las corporaciones que responden a los intereses del mundo rico expresado negativamente en la Cumbre de Johannesburgo, son más importantes que nuestros docentes, "algo a podrido huele en nuestro país". Quizás sea el tiempo de refundar la vida política, pero no desde el nihilismo. La política, al igual que la democracia reencuentra su cauce en más política, y eso exige involucrarse, comprometerse, para no dejar el escenario desierto al arbitrio de los mismos intereses que hundieron al país en la decadencia.

* Periodista.

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