JARDINES INVISIBLES
Ana María Fuster Lavín *
Allí donde Eros
nos embriagó de naturaleza,
respiré la travesura de tus labios.
Y se me erizaron los pensamientos
descongelando la ingenuidad.
Besos furtivos, pasión
penetrando mi libertad.
Una breve eternidad, tal vez soñada,
quizás un arrebato furtivo vivido.
Nuestros jardines se secaron,
la ocre maleza hoy los cubre;
mas aún sigo regándolos
con náufragos recuerdos
que pudren las raíces de mi futuro.
Trato de seguir tus sendas
y son cuchillas que desgarran mis pies.
Camino, añoro, persisto.
Y mi alma desangrada, grita,
huye y, peregrina, te busca.
Silencios, caricias, besos
ilusiones, pasiones
abrazaban nuestros cuerpos
sudando un manantial de amores
en lo más alto de la orgásmica felicidad.
Gritábamos, gemíamos
la onomatopeya de mis sueños, tus sueños.
Pero aún así desvaneciste mi vida.
Me dejaste sin un rumbo fijo
bebiendo la última gota de vino,
tu sangre, mi sangre ...
Vuelve a mi,
me deshago débil ante ti.
Esa profunda y fría tierra donde te ocultas
no nos podrá separar más.
No marcharé sin rumbo fijo.
Ni caminaré sin destino,
por este mundo
que no es el mismo.
Derramaré mi vida en ti
haciendo el amor sobre tu helado techo
desangraré mis ilusiones
y volveré a tu lado.
* Nació en San Juan de Puerto Rico (1-8-67). La época hippie fue su progenitora. Sobrevivió a un colegio católico, luego, pasó a la Universidad de Puerto Rico donde encontró su oasis y destino. En la actualidad es correctora en el Tribunal Supremo de Puerto Rico, el periódico de la Universidad de Puerto Rico y colaboradora y redactora en una editorial española.