LA COOPERACIÓN INTERNACIONAL Y EL DESARROLLO
Hay una íntima relación entre la cooperación internacional y el desarrollo, tema que reviste particular importancia en la segunda mitad del siglo XX, tras el final de la Segunda Guerra Mundial, en el proceso de descolonización global y de maner paralela a la Guerra Fría, se definieron los papeles en el sistema internacional entre los grandes proveedores y los receptores de la ayuda internacional; el abuso y la incompetencia en el uso de las donaciones; los condicionamientos políticos en la ayuda para el desarrollo, así como los grandes éxitos y fracasos en la cooperación internacional dentro de este rubro.
Es también un tema trascendental de cara al siglo XXI, pues hay más posibilidades para la materialización de la cooperación internacional para el desarrollo dentro del marco de grandes retos cuya solución no puede esperar dado el crecimiento poblacional que tendrá lugar en las próximas décadas, el grado de avance en la degradación ambiental y pérdida de recursos, la intensidad y extensión de conflictos armados y la existencia de apremiantes crisis sanitarias que se reflejarán en severos aumentos de morbilidad y mortandad.
Por cooperación hemos de entender un obrar en conjunto - como individuos o entidades - para conseguir el mismo fin, ya sea en una ocasión o permanentemente, a través del entendimiento mutuo. Es parte esencial del gregarismo de los seres humanos y se nos presenta como una alternativa al esfuerzo individual por una parte, y al conflicto, por otra.
Extendiendo este concepto a la escala de las entidades, sobresale aquella entre los estados, esto es, la cooperación internacional que vio sus orígenes prácticamente con el surgimiento de los primeros, hace cinco siglos, si bien es apenas en el siglo XIX, cuando adquiere una mayor constancia, alcance e intensidad, para que en el siglo XX, se tradujera en el establecimiento de instituciones como la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
La cooperación internacional abarca todas las áreas del espectro de actividades humanas, ya sean económicas, políticas, sociales, culturales, militares, políticas o académicas, y su campo de acción se ha extendido en la medida en que el número de actores del sistema internacional se ha multiplicado.
En principio, como actores internacionales, hablábamos exclusivamente de los Estados, pero con el avance en las comunicaciones y transportes, y la conciencia compartida de problemas y necesidades comunes entre las distintas sociedades, los elementos de arena internacional incluyen a organismos internacionales no gubernamentales o compañías transnacionales. Esto quiere decir que la cooperación internacional se mueve hoy en día tanto en el ámbito gubernamental como no gubernamental.
La unión de esfuerzos entre actores internacionales consiste en sumar poder político y recursos para atender problemas que por su naturaleza trascienden las fronteras, y en la medida en que cada vez son más los problemas transnacionales, entonces la cooperación es más que una simple alternativa, una necesidad vital, máxime en relación con asuntos de los cuales puede depender la supervivencia misma de los pueblos de la Tierra.
Al hablar de la supervivencia, nos referimos al desarrollo de los pueblos, considerando todos aquellos factores fundamentales para la reproducción social, partiendo de elementos tan básicos como son la alimentación y la procuración de la saluda que permitan que los individuos puedan tener una vida larga y segura, contando con la posibilidad de dejar descendencia.
Esto sólo en principio, pues existe toda una serie de factores que deben tomarse en cuenta y que en conjunto se reflejan en la calidad de vida de la gente, por ejemplo, la igualdad de oportunidades al interior de las sociedades.
El desarrollo es también el crecimiento cualitativo al interior de una sociedad, que va acompañado de una mejora en la calidad de vida de ésta. Mas, los factores que inciden en esta condición no necesariamente se encuentran bajo el control directo de los estados, y sí se encuentran más allá de las fronteras de los mismo, lo cual quiere decir que la solución de los mismos requerirá del entendimiento y ayuda entre los países, dando paso así a la cooperación internacional.
La cooperación internacional se convierte en un factor de importancia para el desarrollo pues los problemas que no se detienen ante la división política del mundo, por lo tanto las soluciones deben seguir un curso similar - aunque a riesgo de hacer de la soberanía un elemento secundario -, un esquema transnacional.
El sistema internacional es desigual. Sus componentes principales, los estados tienen distintos niveles de desarrollo, con algunos disfrutando niveles de bienestar sobresalientes que se traducen en largas expectativas de vida, baja morbilidad, analfabetismo nulo y marcados avances en el desarrollo científico- tecnológico. La otra cara de la moneda la representan aquellos países con poblaciones plagadas de enfermedades, graves niveles de desnutrición - e incluso hambruna -, una pérdida masiva de recursos naturales (agua, tierra, biodiversidad), o un perenne estado de guerra.
Dado que los primeros cuentan con tales niveles de prosperidad, pueden canalizar parte de sus presupuestos hacia la cooperación internacional y cooperar con el desarrollo de los estados pobres, tan necesitados de asistencia foránea para llenar el vacío que hay a su interior en la provisión de servicios básicos para sus poblaciones.
Sin embargo, hay que tomar en cuenta que la desigualdad que prevalece en la arena internacional no es algo fortuito, y el subdesarrollo de un sinnúmero de sociedades es consecuencia directa de un orden global surgido hace cinco siglos en el cual los estados desarrollados de la actualidad fueron los arquitectos del sistema internacional de acuerdo con sus necesidades, sin tomar en cuenta aquéllas de las sociedades que conquistaron, colonizaron y explotaron, a tal grado, que difícilmente podían despegar en su búsqueda del desarrollo - si bien hay que decir que una parte importante de la condición los países se debe a la negligencia y corrupción de sus líderes -, más aún, en la medida en que muchos estados tienen apenas una existencia virtual.
Por lo tanto, la cooperación internacional para el desarrollo no ha de ser algo ocasional y parcial, si no un deber entre las sociedades, pero no únicamente ético, sino pragmático, ya que las consecuencias de la pobreza y la miseria no se quedan al interior de los países. La enfermedad, la guerra, la contaminación y el crimen trascienden las fronteras, y tarde o temprano abarcan regiones o el mundo entero sin que las sociedades prósperas queden exentas de su alcance.
La cooperación internacional para el desarrollo ha de ser la materialización de todos los sueños y esfuerzos del internacionalismo, aún en una era de relaciones internacionales en las cuales la política real cobra renovados aires. Es importante reconocer el realismo en la política internacional, pero no por ello cejar en el empeño del idealismo por lograr relaciones constructivas entre los estados, todo por el bien de los pueblos, en particular, y de la humanidad en general.
En la implementación de la misma debe conjugarse con los actores internacionales no gubernamentales, pero también debe integrarse muy especialmente el papel de las ciencias, desde la biología hasta la economía; desde la medicina, hasta la geografía. Pero sobre todo, la cooperación internacional para el desarrollo ha de estar impregnada de un respeto a los pueblos, a la diversidad cultural y a los derechos humanos.
Mencionamos lo anterior tomando en cuenta que en más de una ocasión
se ha visto que la ayuda internacional no es más que un condicionamiento
para el intervencionismo. Si estamos hablando del desarrollo, entonces esta
estrategia debe quedar de lado.
* Periodista especializado en Relaciones Internacionales.