ODA A PABLITO
Ana María Fuster Lavín *
Pablito, fiel ejemplo de la discreción,
de la seguridad y los valores
de mi generación, ya desprestigiada.
Pablito, querido confidente,
guardián de mis pasiones de niña enamorada,
fantasías de un film no apto para menores,
ni para adultos, ni para mis padres.
Besos, manos perdidas entre mis piernas y pechos,
un cigarrillo prohibido, una cerveza o tres...
Así lo callabas todo, solidario,
sin sermonearme, amado amigo.
Con tu mulata y enorme coraza
protegías mis andanzas.
Recorrimos juntos y a gran velocidad
calles, moteles furtivos, playas y pueblos
cercanos...
Pablito, fiel amigo,
solidario y solitario me esperabas a la salida
de mi primer y tormentoso trabajo,
en una escuela de mierda y sueños.
Tantas penas,
Tantas alegrías,
magia, protestas, sueños universitarios.
Todos, Pablito, junto a mi.
Quince años y te hacías viejo.
Así, lubriqué tus entrañas,
bujías y espares.
Cambié tus cuatro gomas,
limpié tus cristales.
Pero ya era tarde.
Dejé que la miseria, el salitre y el descuido
dañaran tu enorme humanidad,
Quien te mira y no te conoce
sólo ve un carro viejo y mohoso
Un Volvo depreciado,
un modelo descontinuado.
Querido amigo del alma, de los caminos...
Pablito, fiel ejemplo de la discreción,
de la seguridad y los valores
de mi generación, ya desprestigiada.
Tanto amor
y te vendimos...
* Nació en San Juan de Puerto Rico (1-8-67). La época hippie fue su progenitora. Sobrevivió a un colegio católico, luego, pasó a la Universidad de Puerto Rico donde encontró su oasis y destino. En la actualidad es correctora en el Tribunal Supremo de Puerto Rico, el periódico de la Universidad de Puerto Rico y colaboradora y redactora en una editorial española.