PACHECO CLAUDICA, LULA TRIUNFA, BUSH ATACA
José Merino del Río *
Dice Woody Allen que "los políticos son antes que nada actores, todo pasa por la pequeña pantalla". El presidente de Costa Rica, Abel Pacheco, sabe usar con maestría sus dotes histriónicos y la pequeña pantalla para encantar a un público desencantado con la politiquería y los politicastros. Se le percibe como un hombre cargado de buenas intenciones y honesto, que trae un soplo de aire fresco al clima fétido que invade hasta los últimos rincones de una patria enferma, enfeudada al gran poder de un capital corrupto y mentiroso.
El valor de la política-espectáculo es que logra promover masivas adhesiones con las que se ganan elecciones, pero que puede agotarse rápidamente ante la ruda tarea de gobernar. Entonces, puede sobrevenir otro ciclo teatral: los mismos u otros actores cambian papeles y máscaras, para que todo siga igual; o, como está ocurriendo en muchos lugares de América Latina, los pueblos reaccionan, se rebelan, tumban el tinglado y exigen acabar con la farsa.
Pacheco después de ganar simpatías y esperanzas con sus compromisos con la ética y contra el neoliberalismo, se desliza peligrosamente hacia la claudicación.
Acaba de nombrar asesor económico a Miguel Angel Rodríguez, mientras echaba del gobierno a José Miguel Villalobos, el único ministro que había asumido públicamente las denuncias de los "decretos a medianoche" de una de las administraciones más corruptas de la era neoliberal. Pacheco estaba tan alarmado que dijo: "se han robado el país", pero cuando era de esperar una cruzada moral para descubrir a los criminales y frenar el saqueo, le aplicó la guillotina a los radicales y se alió con los restauradores del viejo orden. Al día siguiente, Rodríguez y Calderón abrazados y sonrientes, celebraban ante las huestes socialcristianas la victoria frente a un "abelismo" desinflado y en retirada.
¿Qué pasa? El asunto de los cheques y la evidencia del financiamiento ilegal de las campañas del PUSC y del PLN, atraparon a Pacheco en una telaraña de la que aparentemente no puede o no quiere salir. El acusador ahora acusado, muestra debilidad, temor, angustia ante la llamada "autoridad superior" y ante el periódico "que quiere gobernar sin presentarse a las elecciones". Da la impresión que la "autoridad superior" (¿Calderón, Rodríguez, Figueres, Fishman...?) y el periódico (¿La Nación-Arias?), están detras de una "operación tenazas" que se cierra sobre un hombre en soledad, en una encrucijada de tres caminos: irse para la casa, aliarse con el pueblo, entregarse al bloque oligárquico-transnacional.
Y Pacheco, a pesar de que acusa a esa oligarquía de estar presionando para que apoye la privatización de instituciones, se mueve de hecho en esa tercera dirección.
1. Consolida un gabinete en la línea del continuismo neoliberal, con una clara hegemonía del "calderodriguismo" y de los tecnócratas del INCAE, de ANFE y de la Academia de Centroamérica, ahora bajo la batuta del gran consejero privatizador: Miguel Angel Rodríguez.
2. Insiste en un paquete fiscal con el objetivo de lograr un déficit cero, mediante más impuestos regresivos y nombra una comisión de control del gasto público que ha terminado en manos del ultraderechista Guevara, que propone congelar empleo y salarios en el sector público, eliminación de convenciones colectivas, recorte del gasto social y otras recetas del "Estado mínimo-liberal".
3. Coloca al frente de negociaciones supranacionales trascendentales como el TLC con Estados Unidos, el Plan Puebla-Panamá y el ALCA, a tres connotados representantes de la corriente neoliberal: Anabel González, Alvaro Trejos y Alberto Trejos, que defienden en las "negociaciones" una línea de apertura, liberalización y anexión suicida para los intereses del país. Negociaciones que se llevan a cabo prácticamente en secreto y que pretenden servirle en bandeja a la transnacionales estadounidenses un fabuloso botín.
4. Consiente que sigan adelante contratos leoninos para el interés nacional: aeropuerto, revisión técnica de vehículos, cárceles, cogeneración eléctrica, bajo el slogan "contratos son contratos", aunque por esas tuberías se vayan miles de millones de colones que dañan el interés general.
5. Apoya el establecimiento de una Academia Policial de los Estados Unidos en nuestro país, y tolera que buques armados de ese país atraquen en nuestros puertos, a sabiendas de que esos proyectos se enmarcan en el Plan Colombia y en una estrategia guerrerista de seguridad nacional de los halcones que hoy gobiernan en Washington. La presencia en el país de paramilitares colombianos que negocian armas por drogas, demuestra que ya somos parte de un escenario de conflicto, que se calentará en la medida que el gobierno acepte la satelización de Costa Rica en el nuevo orden del presidente de Estados Unidos, George Bush.
Es cierto que Pacheco todavía mantiene compromisos de diálogo
social (comisión mixta fiscal, fortalecimiento del ICE, respeto a las
convenciones colectivas, entre otros), de rechazo a las privatizaciones, de
garantías ambientales y de una actitud ética superior a la de
anteriores jefes de gobierno. Posiciones nada despreciables, que el polo progresista
y popular del país no debería echar en saco roto, ante las situaciones
de crisis y de confrontación que se avecinan, que obligarán tanto
a la movilización y a la firmeza, como a la negociación y a la
flexibilidad.
* Colaborador de la Agencia Latinoamericana de Información.