Mundo global


DISCUTIR LA LEGITIMIDAD DE LA DEUDA EXTERNA ES PRIORITARIO


Alfredo Carazo *

El vencimiento reciente de un compromiso con el Banco Mundial, de más de 700 millones de dólares, además de otros dinerillos a ser desembolsados, volvió a poner sobre el tapete las tensas relaciones del gobierno argentino con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que por momentos se eclipsan para reavivarse luego con cierta intensidad.

Para el secretario de Comercio y Relaciones Económicas Internacionales de la Cancillería, Martín Redrado, hay "una imposibilidad fáctica de utilizar las reservas sino hay una señal muy clara", del organismo multilateral, lo que está condicionando 1.800 millones de dólares de una línea de crédito para planes sociales.

Nada indica que Argentina cambie su decisión de solventar simbólicamente esta obligación, como lo hizo hace exactamente un mes, en una respuesta inédita en este tipo de transacciones. Es más, ya hay instituciones crediticias internacionales augurando un nuevo default que obligará a medidas funcionales para evitar contagios.

Aunque decisiones de esta naturaleza puedan aparecer como una dosis de independencia de los factores del poder internacional, sería temerario suponer que son producto de decisiones políticas soberanas. Tampoco las especulaciones relacionadas a eventuales negociaciones bilaterales con el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), o las interesadas apelaciones del canciller Carlos Ruckauf convocando a la disolución del FMI, alejan esta sensación de una puesta en escena más próxima a la postergación del resultado.

Distinto sería si se acordara discutir orígenes y consecuencias de la deuda externa para dilucidar su legitimidad. Y no es que el país carezca de alternativas. Por caso es bueno resaltar los análisis y planteos de quienes desde la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos, vienen impulsando el denominado Plan Fénix, un aporte académico que curiosamente es ignorado por el arco político

Aunque para algunos de los corresponsables del endeudamiento, toda exigencia a desbrozar la deuda determinando su legitimidad sería como sacar patente de país poco serio, en la práctica y en el mundo de la globalización, esta situación inédita no sorprendería demasiado. Ocurre como con los resquemores conque se observan los cambios a nivel de la titularidad del Banco Central, que no necesariamente tienen que ser traumáticos.

Salvando las distancias -aunque podría resultar de mayor impacto para el mundo- nada ocurrió en los últimos días cuando el presidente estadounidense George W. Bush decidió desalojar al secretario del Tesoro de Estados Unidos, Paul O'Neill, como consecuencia de la constante recesión y del aumento del desempleo.

En el marco de la crisis, es mucho más importante y necesario contabilizar el manejo que de la deuda externa han hecho los sucesivos gobiernos de la democracia formal, sin importarles que de ello dependía el desarrollo humano y la calidad de vida del pueblo. Alejar a la deuda de la crisis económica y social que condiciona a la democracia no es un mero olvido carente de significación, sino que tiene que ver con una perversa mirada política. Y refiere también a la complicidad de los organismos multilaterales de financiamiento externo, con una larga y negra etapa de violación de los derechos y libertades de los pueblos, no agotada con la recuperación del derecho ciudadano al voto.

A esto se refiere la Confederación Mundial del Trabajo, al señalar que además de la iniciativa para solventar a los Países Pobres Muy Endeudados, es necesario mirar la situación de otros países del Sur, cuya deuda "hipoteca severamente el desarrollo y el respeto a los derechos humanos", incluyendo obviamente al hambre y a la marginalidad social y que interpela a la sociedad mundial toda.

* Comunicólogo.

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