Brasil


LULA: EL PRIMER PRESIDENTE DE LOS QUE NUNCA TUVIERON GOBIERNO


Carlos Iaquinandi *

"El aire puro de la mañana proclama su derecho a entrar en cada casa".

Celso Emilio Ferreiro

No fué una fiesta más. Cientos de miles de brasileños sintieron que estaban viviendo un momento histórico cuando "Lula" dijo en su discurso de investidura que "comenzaba el reencuentro de Brasil consigo mismo", porque ese hombre era indiscutiblemente, uno de los suyos.

Inició su camino personal cuando hace medio siglo abandonó -apiñado en la caja de un camión- su natal Pernambuco. Su madre campesina, Lindú, hacía un desesperado esfuerzo para acercar a sus ocho hijos a la posibilidad de trabajo en la industrializada Sao Paulo.

Su infancia de pobreza, sus esfuerzos para llegar a ser peón fresador, su implicación en las luchas sindicales, fueron moldeando la voluntad y la constancia del hombre que se convirtió en el primer presidente brasileño de origen obrero.

Fundó el Sindicato Metalúrgico y el Partido de los Trabajadores. Promovió huelgas y movilizaciones; negoció y obtuvo mejores condiciones para los trabajadores que representaba.

Luchó contra la dictadura militar. Fué perseguido y encarcelado. En tres oportunidades fue derrotado en sus intentos electorales por la presidencia del país. Con un incuestionable apoyo popular en las calles y en los hogares de todo Brasil, proclamó: "Mientras exista un hermano o una hermana brasileña pasando hambre, tenemos motivos de sobra para cubrirnos de vergüenza". Millones de ciudadanos, pobres o ricos, universitarios o analfabetos, comprendieron que un tiempo nuevo comenzaba en el país.

"El pueblo me eligió para cambiar"

Lula llegó a la explanada del Palacio de Planalto, envuelto en una multitud que se empeñaba en acercarse, en abrazarle. Varias veces el servicio de seguridad quedó desbordado y Lula no se inquietó, por el contrario parecía sentirse más cómodo y feliz entre los apretones de manos, gritos de apoyo y sonrisas abiertas.

Cientos de miles de personas llegaron a Brasilia desde las más distantes partes del extenso territorio nacional. Entre ellos una veintena de familiares de "Lula", que hicieron 2,100 kilómetros por caminos intransitables desde su común tierra natal, Pernambuco. Cuando llegaron, desplegaron frente a la catedral un cartel donde habían escrito una leyenda que con sencillez y precisión, define lo que sienten millones de brasileños: "Lula, el primer presidente de los que nunca tuvieron gobierno".

En su juramento, asumió las esperanzas de una gran mayoría de los 175 millones de brasileños que creen en su proyecto para construír un país mejor.

"El pueblo me eligió para cambiar", dijo Lula. Y ratificó su principal compromiso: "Si al término de mi mandato de cuatro años todos los brasileños consiguen desayunar, comer y cenar, habré cumplido la misión de mi vida". Definió el combate contra el hambre como una "causa nacional" para defender lo más sagrado, "la dignidad humana". Recordó que para derrotar al hambre, será necesario impulsar una reforma agraria, "pacífica y planificada", que se hará "en tierras ociosas y contará con líneas de crédito y asistencia técnica y científica".

Un anuncio que no colma las urgencias de los cientos de miles de familias del Movimiento de los Sin Tierra que no disponen siquiera de un palmo de terreno para sembrar, mientras unos dos mil latifundios ocupan más de 50 millones de hectáreas. Esta formidable organización social que nació en plena dictadura militar en los años 70, confirmó sin embargo, que concede una tregua al nuevo gobierno, durante la cual suspenderá las ocupaciones de tierras.

Hizo referencia explícita a una de las plagas que carcome no solo a la economía brasileña, sino a la de otros muchos países del continente y advirtió: "Vamos a combatir la corrupción y enfrentar con determinación la cultura de la impunidad que prevalece en ciertos sectores".

Lula cuestionó el modelo neoliberal heredado de Cardoso y afirmó que "ante el agotamiento de un modelo que producía estancamiento, desempleo y hambre, ante el fracaso de la cultura del individualismo y la indiferencia ante la desesperanza de la familia, de la precariedad de la seguridad nacional y la falta de respeto por los más viejos y el desaliento de los más jóvenes, la sociedad brasileña decidió cambiar y ella misma comenzó entonces a promover los cambios necesarios". Dejó claro que el "cambio" será la clave de la gestión que inicia y describió la decisión electoral de millones de brasileños como el intento de quebrar el orden existente para cambiarlo por otro más justo:

"La esperanza finalmente venció al miedo y la sociedad decidió que era la hora de seguir nuevos caminos". "Estamos comenzando una nueva historia, como nación altiva, noble, reafirmándose valerosamente en el mundo como nación de todos, de raza, de etnia, de creencias. Este es el país del nuevo milenio por su riqueza cultural, su amor a la naturaleza, competencia intelectual, el calor humano, y sobretodo, por los dones y poderes de su pueblo".

Las bajezas con las que intentaron ridiculizar a Lula o disminuír su capacidad durante la campaña electoral, (la falta de estudios universitarios, por ejemplo ) se diluyeron con un discurso sereno, preciso y firmemente pronunciado. Lula demostró que no se requieren niveles académicos para conocer y sentir las necesidades del país y asumir el compromiso necesario para transformarlo.

Lágrimas y firmeza

Durante el intenso día que vivió Lula, tuvo que compaginar la emoción de que un hijo de campesinos que sobrevivió a la miseria pudiera finalmente llegar al gobierno, con la firmeza y la convicción de sus palabras a la hora de hacer su primer mensaje como presidente.

"Llegó la hora de transformar a Brasil en la nación que todos soñamos". Más inclinado por la sensatez y la coherencia que por la retórica, afirmó Lula: "vamos a cambiar, sí, con cuidado, con coraje y bondad. No será el cambio producto de un acto de voluntarismo sino que será el fruto de la negociación y el diálogo. Será un cambio sin atropellos ni precipitaciones para que el resultado sea más firme y duradero".

Pero Lula sabe que no podrán establecerse importantes mejores sociales si no se transforma también la economía del país. "Vamos a crear las condiciones macroeconómicas para que haya crecimiento sostenible y responsable, además de de impulsar un combate implacable a la inflación".

Un nuevo orden internacional

En su mensaje, Lula afirmó su intención de aportar a la construcción " de una América del Sur políticamente estable, próspera y unida, con base en ideales democráticos y de justicia social". Advirtió que "Brasil, luchará por una democratización de las relaciones internacionales, sin ningún tipo de hegemonía de un país sobre otro. Pelearemos para acabar con todo tipo de barreras comerciales". Afirmó que era urgente e indispensable cambiar el equilibrio internacional de fuerzas, y en una clara alusión al gobierno de los Estados Unidos, afirmó que "crisis como la de Medio Oriente, debe ser resuelta en forma pacífica y con negociación".

Sin demostrar un afán de protagonismo, pero sin eludir el liderazgo sudamericano que se perfila para Brasil, Lula reiteró la necesidad de revitalizar y fortalecer al Mercosur. Su proclamada intención es consolidar ese acuerdo que agrupa a su país, Argentina, Uruguay y Paraguay, para extenderlo y conformar un mercado común que abarque todo el subcontinente.

Con la gente

Los habituales protocolos para las ceremonias de traspaso presidencial fueron saltados muchas veces por la forma de ser de Lula y por el entusiasmo popular. Por eso, finalizada la ceremonia de traspaso en el Congreso, Lula quiso estar más cerca de la gente que seguía la ceremonia y salió a los balcones exteriores a saludar a los centenares de miles de manifestantes.

Hasta la presentación de su esposa fue una oportunidad para demostrar su perseverancia y también para deslizar una forma de elogio hacia su compañera. Tomó de la mano a Marysa, su mujer y dijo: "ustedes que la ven así, tan linda y tan elegante, sepan que con ella perdimos cuatro elecciones, una para gobernador y tres para presidente, y ustedes saben que en Brasil, por la cultura del éxito, al que pierde ni lo llaman por teléfono. Pero no había otra cosa que hacer que continuar la lucha, y aquí estamos.

También insistió en recodar que a ese momento no se llegaba por casualidad ni por mérito propio. "Nuestra victoria, dijo, no fue solo por la campaña". "Antes del PT, muchos compañeros y compañeras murieron luchando por la democracia y la libertad. Se vió "no como resultado de una elección, sino de una historia".

Insistió en que la etapa que comienza no es una aventura personal sino una tarea colectiva, y prometió que no engañará. "Cuando no pueda hacer algo, les diré que no sé o que no puedo, pero en ningún momento de mi vida les faltaré a la verdad. Por favor, ayúdenme a gobernar, que la responsabilidad no es solo mía".

Mientras en la explanada de los ministerios todo era fiesta, cánticos y banderas, en el escenario, el recién designado ministro de cultura, Gilberto Gil tuvo más motivos que nunca para enhebrar su canto. Tras él, la escola do Samba Beija Flor, la cantante Fernanda Abreu, coros indígenas, innumerables solistas y conjuntos musicales. El cierre estuvo a cargo de Chico Buarque con su ya tradicional "Lula Lá".

La herencia económica que deja el gobierno saliente

No hubo réplicas cuando hace días Lula dijo que la situación económica real era peor de lo que imaginaba. El presupuesto previsto para este año es de un crecimiento económico del 1.8 por ciento, insuficiente para desarrollar mejoras sociales inmediatas o para detener el paro creciente, que está en el 8 por cineto según cifras oficiales. Brasil está entre las 12 mayores economías del mundo, y es la primera en América Latina. Sin embargo, ocupa el lugar número 73 en los indicadores sociales de la Organización de Naciones Unidas.

Tiene casi 60 millones de personas que viven en la pobreza, una mayoría de las cuales son pobladores de las "favelas", las poblaciones precarias que forman anillos en torno de las grandes ciudades brasileñas. La deuda externa es de 260 mil millones de dólares. A partir de ese pantano económico, intentará Lula poner pilares firmes para levantar un país más justo.

No será fácil, porque ese multitudinario apoyo popular en las calles, no se corresponde con la representación proporcional en las cámaras. Los proyectos de reforma fiscal, agraria y social, no tendrán mayoría el Parlamento. El apoyo social y la capacidad de negociación del nuevo gobierno, serán las principales bazas para que avancen las propuestas transformadoras.

Un equipo plural

"Lula" reiteró que no hay soluciones mágicas para los problemas de Brasil. Para afrontarlos e iniciar el cambio, cuenta con un gabinete de colaboradores en cuya elección prevalecieron criterios de ética, compromiso y profesionalidad. Además de las ya mencionadas Benedita Da Silva, mujer negra, originaria de una favela y que ya gobernó Río en nombre del PT, y Marina Silva, toda una vida dedicada a la ecología y cuyo principal objetivo será preservar la región amazónica, el nuevo presidente contará con un equipo en el que también figuran técnicos independientes o que pertenecen a otras agrupaciones. En Economía, estará Antonio Palocci, un ex militante trostkista que fue alcalde de San Pablo. Es uno de los más resistidos por el ala radical del PT, ya que le consideran demasiado próximo a empresarios y financieros.

Una ex guerrillera, Dilma Rousseff ocupará la cartera de Minas y Energía. Fue secretaria de energía en el estado de Río Grande Do Sul, y fue muy crítica con el proceso de privatizaciones en el sector eléctrico. Celso Amorín, ex embajador de Brasil en Londres y diplomático de carrera, será su canciller. En los 80, fue uno de los artífices del Mercosur. En Agricultura, Roberto Rodrigues, un dirigente rural, productor de soja y caña de azúcar. En Cultura estará Gilberto Gil, músico fundador de la corriente denominada "Tropicalismo" que fué perseguido durante la dictadura militar y que tuvo que exiliarse a fines de los 60.

Roberto Amaral, del Partido Socialista Brasileño, ocupará la cartera de Ciencia y Tecnología. Pero quizás, una de las piezas claves de toda esta arquitectura de cargos responsables, es José Dirceu, quien ocupa la jefatura de la llamada "Casa Civil". Dirceu, presidente del Partido de los Trabajadores, hombre de máxima confianza de Lula es considerado el cerebro de la "larga marcha" hacia la presidencia del gobierno.

Otros apuntes

Es imposible resumir en palabras el cambiante caleidoscopio que significaron las intensas horas de fiesta popular. Pero tratando de rescatar algunos apuntes importantes, recordemos que jefes de estado, ministros y representantes de 128 países estuvieron presentes en la ceremonia, entre ellos Fidel Castro, repuesto de una ligera infección en una de sus piernas, y el presidente venezolano Hugo Chávez, quien se mostró distendido a pesar de la crisis que afronta en su país.

Ambos -en especial el revolucionario cubano- fueron el centro de atención, aplausos y vítores de los asistentes al acto en el cual asumió el nuevo presidente de Brasil. Desde algunos países llegaron nutridas delegaciones no gubernamentales, como el caso de Argentina. Entre otros estaban Hebe de Bonafini, de las Madres de la Plaza de Mayo, Víctor De Gennaro, de la Central de Trabajadores Argentinos, el Nóbel de la Paz Pérez Esquivel, Estela Carlotto de Abuelas de Plaza de Mayo y hasta aspirantes presidenciales como la centro-izquierdista Liliana Carrió.

Otro hecho destacable es la carta públicade Dom Mauro Morelli, obispo de una de las diócesis del estado de Río de Janeiro. El prelado, uno de los más abiertos en temas sociales en la jerarquía católica brasileña, se dirige a Lula como "compañero" y le dice: "Mientras tus caravanas buscaban conocer a Brasil en sus dolores y esperanzas, yo también peregrinaba anunciando que no es justo que entre nosotros haya aún tanta gente pasando hambre".

"Se trata de un problema que es político, ya que somos una de las mayores economías del mundo y grandes productores y exportadores de alimentos". Mauro Morelli pide también a Lula en esa carta que "confíe cada vez más en las mujeres, que son las que descubrieron la agricultura y aseguraron a cada familia el derecho sagrado a la alimentación y la nutrición".

Lula - de todas formas - ya confió en varias mujeres a las que aprecia y admira ministerios claves de su gobierno. Entre ellos, Marina Silva, en Medio Ambiente, y Benedita da Silva coordinando las áreas de Bienestar y Promoción Social.

Una de las primeras actividades oficiales del nuevo presidente de Brasil, fuecompartir con Fidel Castro su primer almuerzo como jefe de estado. Portavoces oficiales lo definieron como una reunión para "ampliar relaciones" y la calificaron como "amistosa y de trabajo". Otra actividad prevista en la agenda de Lula, un poco más distante -para el 10 de enero- es la de llevar a todos sus ministros a visitar una ciudad de Brasil para mostrarles "en directo" la pobreza. Algo que muchos de sus acompañantes ya conocen, pero no así algunos de sus nuevos colaboradores, empresarios o intelectuales y técnicos de clase media alta. Una forma de recordar, desde el comienzo, donde están los objetivos de cambio que contiene su proyecto.

* Director del Servicio de Prensa Alternativa.

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