LA AMARGA Y TRISTE HISTORIA DE LOS NIÑOS “DE LA CALLE” EN EL GOBIERNO DE ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR
Humberto Jaramillo *
Nadie puede ocultar los logros del gobierno de Andrés Manuel López Obrador en el ámbito de su política de Desarrollo Social. Desde hace mucho tiempo, una gran parte de la población no veía una convicción desde el gobierno tan renovadora y comprometida con los que menos tienen. Prueba de ello es el exitoso programa de créditos para el mejoramiento y construcción de vivienda, las becas a madres solteras, a discapacitados, los apoyos a adultos mayores, la Universidad y las Preparatorias. También las consultas ciudadanas sobre segundos pisos y su permanencia en el gobierno después de dos años, descubren que existe una convicción democrática que anima los pasos del Jefe del Gobierno del Distrito Federal. Sin embargo y de manera contradictoria, hay un tema en donde el gobierno de la Ciudad de la Esperanza, no ha marchado para adelante, sino que va lastimosamente para atrás, inclusive más atrás de algunos gobiernos prisitas que, en el pasado y desde el municipio, quisieron comprometerse con los llamados niños y niñas “de la calle”.
Este grupo vulnerable de nuestra sociedad que hoy sufre los efectos del reflujo en la moda filantrópica, también esta pagando los altos costos de una paradoja: los éxitos indiscutibles en algunos rubros de la política social de un gobierno democrático y de izquierda opacan y no dejan ver a la sociedad, la mediocridad y el fracaso de este mismo gobierno en su política de asistencia social hacia este sector de la población. Veamos los antecedentes.
Oscar Espinosa Villarreal, el tristemente célebre y además último regente del D.F., mantenía un esquema de atención masiva, heredado desde los años cincuenta, a través de la Dirección General de Protección Social. Protección Social contaba con dos centros de “atención integral”, las unidades denominadas Villa “Margarita Maza de Juárez” y Villa “Estrella”. La primera, destinada para el albergue masivo de niños huérfanos (su capacidad es de 320 niños) y la segunda, construida más recientemente, para la atención de Niñas “de la Calle”. En aquel entonces, se podían escribir historias magnificas de heroísmo infantil al referir los “grandes escapes” (en el mejor estilo del director de cine John Sturges y el actor Steve Mcqueen), que estos niños y niñas protagonizaban cotidianamente; ya que en estos centros, en lugar de operar propuestas educativas, se practicaban esquemas carcelarios en donde los niños y las niñas eran comprometidos por mafias burocráticas para el delito.
Ya en ese entonces y con la intervención directa del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF, y el Programa de Menores en Situación Extraordinaria, MESE, se hacia hincapié y se subrayaba la necesidad del diseño de programas especiales situados en las características especiales de estos niños y niñas. A pesar de ello, la inercia burocrática del DDF, dispuso que Villa Margarita debía estar al tope de su capacidad y que el sistema y las instalaciones, tal vez validos para los niños huérfanos de los años cincuenta, también valían para los niños “de la calle” de los noventa.
Los Organismos No Gubernamentales, ON’Gs, en repetidas ocasiones y en diversos foros, dieron su punto de vista con la elocuencia propia de su autoridad moral y la experiencia del compromiso: la atención integral a niños y niñas “de la calle” no puede considerar esquemas de albergue masivo, la masificación motiva la violencia, la violencia es incompatible con esquemas exitosos de integración social.
Si bien existían programas civiles que sobre pasaban los 300 niños y niñas, eso se debía a que los sujetos de atención no vivían en un mismo edificio, sino en casas normales que no tenían poblaciones mayores de 12 personas, como es el caso de Hogares Providencia y Casa Alianza. En aquel entonces la obra del Padre Chinchachoma, Hogares Providencia, contaba con 18 hogares diseminados en toda la ciudad.
Posteriormente, las primeras elecciones democráticas en la historia de la Ciudad de México, pusieron al Ing. Cuahutémoc Cárdenas Solórzano al frente de la Jefatura de Gobierno del D.F., en diciembre de 1997. De inmediato, el Ing. Cárdenas encomendó al Dr. Armando Barriguete, la integración de una propuesta para los niños y las niñas “de la calle”. Bajo las ordenes de Clara Jusidman, entonces Secretaria de Desarrollo Social, pero con plena independencia, el Dr. Barriguete propuso la formación del Fideicomiso de los Institutos de los Niños de la Calle y las Adicciones, FINCA. Como un miembro destacado de la comunidad profesional de psiquiatría del país, reclutó a un número importante de colegas. Entre sus cercanos colaboradores se destacó el Dr. Agustín Vélez, quién asumió la responsabilidad de la Dirección de Atención al ámbito de las adicciones. Muy pronto y con el decidido apoyo del Jefe de Gobierno, este par de científicos contaron con el presupuesto suficiente para rentar dos pisos de oficinas en un exclusivo edificio de la Colonia Guadalupe Inn y conformar una estructura orgánica con salarios capaces de satisfacer a los criterios más exigentes de la elíte siquiátrica de la Nación. El principal resultado de este esfuerzo fue la construcción de un costosísimo modelo de atención para los niños y las niñas que viven en las calles, con fundamentos científicos capaces de soportar a las desaparecidas torres gemelas de Nueva York. Sin embargo, la propuesta no soportaba, ni soporta aún hoy, el peso aún mayor, de la realidad social del fenómeno en la Ciudad de México. Herederos de las tristemente celebres instalaciones de atención masiva de Villa Margarita, el modelo del FINCA en toda su existencia, nunca pudo reunir en aquellas instalaciones a mas de ochenta niñas y niños juntos, cuando la población total en el D.F. era de alrededor de 950. (1)
Como todas las administraciones que inician gobierno, se operaron trabajos para el acercamiento con los Organismos No Gubernamentales. Así, se realizaron foros y encuentros durante la campaña del Ingeniero Cárdenas y después de ella. Quizá la base empírica de estos organismos o su mayor productividad social, o ambas, provocaron cierto escepticismo y recelos en los científicos del FINCA, que terminaron alejándose de la gran mayoría de las ONG’s a través de una actitud intolerante y “exquisita” que termino por desmantelar los vínculos construidos con la sociedad civil organizada. La cúspide de este proceso de rompimiento se mostró en la inauguración del 1er. Encuentro Nacional de la Red de Instituciones Públicas, Organizaciones Civiles y Ciudadanía que Atienden a Niños, Niñas y Jóvenes en Condición y Riesgo de Calle, LA RED, realizado los días 24 y 25 de agosto del año 2000, cuando las ONG’S ahí reunidas, impidieron que el líder del FINCA siquiera tomara la palabra. El hecho fue más penoso al saberse que el Dr. Vélez pretendía inaugurar los trabajos en representación de Rosario Robles, entonces Jefa de Gobierno del D.F.
A diferencia de lo que tenían las y los niños “de la calle” del D.F. con los gobiernos priístas, ahora contaban con un costosísimo modelo que sin embargo no podía ubicarse como una alternativa real de atención para la mayoría de esta población. La principal instancia del Gobierno del D.F. hacia los niños “de la calle” no podía atender siquiera al 10% de la población total en la Ciudad. Su productividad social era inferior al de los esfuerzos no gubernamentales ya consolidados. Pero en lo que sí superó el FINCA a las ONG’s, fue en un gasto presupuestal infinitamente mayor al de aquellas, con la diferencia de que el gasto de las ONG’S nunca diezmó, como lo hizo el FINCA, los recursos de los contribuyentes. Por otra parte, es necesario reconocer el genuino interés del Ing. Cárdenas en la problemática, el único error fue designar a científicos sin una pizca de olfato político, sin el objetivo de corresponsabilizar a la sociedad civil en el proyecto y aprovechar su experiencia.
Luego vino la era de Andrés Manuel López Obrador. Sus promesas como candidato levantaron una gran expectativa en el medio. La misma Red de instituciones que antes había roto con el FINCA, le organizó en dos ocasiones durante su campaña, sendos encuentros con la mayoría de los organismos de atención del fenómeno en la Ciudad de México. La entonces asesora Raquel Sosa, actual Secretaria de Desarrollo Social, estuvo presente y tomó nota de las propuestas que ahí se hicieron. Ya en el Gobierno de la ciudad, Andrés Manuel, ordenó liquidar la mayoría de los fideicomisos que en ese momento existían. La austeridad republicana se convirtió de golpe y porrazo en una realidad y el FINCA, su costosa estructura orgánica y sus lujosas oficinas serían remplazadas por el concepto del Instituto de Asistencia Social.
Dicho Instituto se constituyó a través de la unión del patrimonio del FINCA (Villa Margarita y la Unidad de Tratamiento Contra Las Adicciones de Lomas de Potrero), la Dirección de Asistencia Social de la Dirección General de Equidad y Desarrollo (Centros de Asistencia Social Cuautepec, Cuemanco, Coruña Hombres y Cascada) y los albergues a cargo del DIF- D.F. (Plaza del Estudiante y Coruña Mujeres). De dos centros, el Instituto pasó a controlar toda la infraestructura de Asistencia Social del G.D.F. Ahora tenía bajo su responsabilidad 8 Centros, es decir, alrededor de 2,500 internos e internas, cerca del 60% del total de la población adulta en situación de calle en el D.F, los llamados “indigentes”.
Con la finalidad de superar el concepto tradicional de la Asistencia Social, dos asesores de LA RED, propusieron la incorporación del concepto de la inclusión o integración social, que rompe con la visión paternal asistencialista de los gobiernos del pasado, que asumían a las personas como objetos de atención y no como sujetos de la misma. La integración supone potenciar las capacidades de las personas para su reincorporación al aparato social haciendo consciente y corresponsable a toda la sociedad de estos objetivos. Así, se nombró definitivamente al Instituto de Asistencia e Integración Social, IASIS.
Aparentemente todo marchaba bien, sin embargo, ya se había cometido el primer error, el nombramiento de la responsable del IASIS, se había hecho con base en consideraciones políticas y no de acuerdo al perfil profesional, la opinión de las ONG’s en el tema y un proyecto alternativo para la Ciudad de México, consideraciones que se le hicieron en su momento al candidato a Jefe de Gobierno del PRD durante su campaña. La Dra. Rosa Márquez, ex diputada y distinguida líder de la Corriente de Izquierda Democrática, CID, en el Edo. de Puebla, fue propuesta por René Bejarano para ocupar la Dirección General del IASIS. Desde los primeros días, la Dra. Márquez, se dio a la tarea de construir su equipo de trabajo convocando fundamentalmente a amigas y familiares. Algunas de ellas, con experiencia en el trabajo de investigación y de desarrollo comunitario. Pero prácticamente todas sin ninguna experiencia previa en Asistencia Social, ni mucho menos, en programas de atención a la niñez callejera.
Su cuñado, el Psiquiatra Raúl Méndez Espíndola, pronto ocupó la Coordinación de de Investigación-Acción, instancia que se encargaría de dirigir el gran tema de las adicciones y algunas otras cosas más.
El segundo error, fue el diseño estructural del IASIS. El radicalismo de la “austeridad republicana” implementada dogmáticamente por la oficialía mayor de la jefatura de gobierno, había dado un golpe de muerte a la política hacia los niños “de la calle”.
De la excesiva plantilla y elevados sueldos del FINCA, se pasó a la “indigencia” de recursos materiales, humanos y profesionales. Sin la visión y la experiencia en su Dirección General, para colmo, al IASIS se le negaron desde su nacimiento las direcciones y las subdirecciones de Área, remplazándolas por supuestas coordinaciones. En estas Coordinaciones fueron designados los familiares y amigas de la Dra. Márquez, que tampoco tenían visión ni experiencia, es decir , que los subordinados de esta “mini-corte”, serían los que en realidad y en los hechos harían el verdadero trabajo. De las Coordinaciones se desprendían jefaturas de Unidad Departamental que deberían, en el esquema de la “austeridad republicana”, ser diseñadoras y al mismo tiempo supervisoras y operadoras de los programas. Además, estas jefaturas no serían de uso exclusivo del tema de “los y las niñas de la calle”, también tendrían que ver con la operación de todos y cada uno de los Centros de Asistencia e Integración Social, CAIS, es decir, también operarían los programas para adultos en situación de calle, la mal llamada población indigente. Debajo de estos “súper funcionarios” , jefes de Unidad Departamental, estaría algún valiente líder de Proyecto, encargado o encargada de la tristemente celebre Unidad “Villa Margarita”.
Todo el impresionante aparato del FINCA, que bien o mal, con sus tremendas contradicciones y pocos aciertos había logrado el auténtico interés del Ing. Cuahutémoc Cárdenas, había quedado reducido a una ridícula plaza de líder de proyecto, el cual tenía la nada agradable labor de acreditar, frente a una plantilla de profesionistas inteligentes y críticos, reclutados por el FINCA, y que aún se encontraban laborando en Villa Margarita, la increíble cantidad de barbaridades que como órdenes bajaban de la oficina de la Dra. Márquez. Sin modelo de atención, sin recursos para operarlo, sin ninguna autoridad y toda la responsabilidad, los niños y niñas “de la calle” sólo contaban en el “Gobierno de la Ciudad de la Esperanza”, con un bien intencionado y atribulado líder de proyecto al frente de la tristemente celebre “Villa Margarita”, ahora bautizada también con el rimbombante y vació termino de Centro de Asistencia e Integración Social.
Por otra parte, el desatino mayúsculo del IASIS, también se hace patente en su relación con las delegaciones Políticas. Como se sabe, las que cuentan con mayor número de niños y niñas “de la calle” son Venustiano Carranza y Cuahutémoc. En esta última, la jefa Delegacional, Dolores Padierna Luna, se distinguía por su extraordinaria falta de sensibilidad y compromiso hacia esta población y, en general, hacia todos los grupos vulnerables. El tema, más que significar una asignatura pendiente en la agenda social, era un problema político, un lastre con el que había que cargar. Su subdelegada y hoy directora General de Desarrollo Social, Virginia Jaramillo, había seguido al pie de la letra sus instrucciones. En un lapso breve de apenas seis meses ya habían cerrado tres programas importantes: la Casa del Niño, proyecto impulsado por el Arq. Legorreta para los Niños “de la Calle”, la oficina del Consejo Auxiliar para Menores Infractores de la Delegación y el Programa del Niño Sordo. Con el mejor estilo intolerante de los munícipes fascistas del Sao Paulo de hace diez años, Dolores Padierna ordenó sendos operativos policíacos para el “retiro” de niños “de la calle” en la alameda central y otros puntos de encuentro y pernocta. A tal grado llegó la obsesión por deshacerse de los y las callejeras de la Alameda, por ejemplo, que ordenó que soldaran todas las alcantarillas del parque. Grande fue su sorpresa, cuando salió a la luz pública la noticia de que habían dejado atrapados a niños y niñas en esas cloacas. Afortunadamente la tosquedad y falta de análisis de tal medida no causó alguna muerte que lamentar.
Otra nota delegacional de irresponsabilidad y desinterés por el tema, es el caso del Albergue de Atlampa. Ubicado en una zona de alto conflicto social, zona brava, este centro carecía prácticamente de todo. Sus responsables no contaban con la preparación, ni la experiencia profesional para dirigirlo, no había ningún modelo de atención que guiara la operación, las poblaciones de adultos, niños y niñas, hombres y mujeres estaban mezcladas, lo que vulneraba la seguridad de los “beneficiarios”. La comida era preparada en condiciones insalubres y por personal inadecuado. En cuanto a equipo y mobiliario no había nada, sólo un conjunto de literas desvencijadas con colchones pulguientos y dos refrigeradores descompuestos. Los cubiertos eran piezas de plástico desechable con mil usos, o tal vez más, raspados y coloreados de rojo por el picante de algún pozole ofrecido en la prehistoria. En fin, más que tratarse de un Centro de Asistencia, era más bien una zona de peligro y emergencia para cualquiera. Durante seis meses la delegación operó así el lugar, hasta que de nueva cuenta apareció LA RED y propuso en una carta al mismo Andrés Manuel pasar ese albergue al IASIS. Así se hizo.
Para terminar con la lamentable actitud de Dolores Padierna y Virginia Jaramillo hacia los y las niñas “de la calle”, así como la magnifica incompetencia de la Dra. Márquez, mencionaremos el caso del Instituto Pro Infancia y Juventud, a cargo de Cuahutémoc Abarca. En la Unidad Tlatelólco, en un local comercial ubicado en la planta baja de un edificio de departamentos, Cuahutémoc Abarca daba cobijo y atención a cerca de treinta niños, niñas y adolescentes (el 40% de lo que atiende hoy el IASIS). Estos niños y niñas habían decidido por propia cuenta compartir los escasos recursos del Sr. Abarca y respetar las normas de ese humilde lugar lleno, sin embargo, de calidez y respeto. Ciertamente y con razón, los vecinos de aquel edificio se quejaban de la inconveniencia de que un pequeño local comercial se utilizara para esos fines. La inconformidad de los vecinos subió de tono, incluso se llegaron a hacer acusaciones sin fundamento. De pronto y sin mediación previa, la Sra. Padierna ordenó el desalojo. De la noche a la mañana los y las chavas se quedaron sin techo. Ya en la calle y bajo de una lona de plástico improvisada por ellos mismos a las afueras del local, se les propuso reubicarlos en Villa Margarita, pero sin el amparo y la supervisión de Cuahutémoc Abarca. Los chavos rechazaron la propuesta. Luego se les sugirió irse al Albergue de Atlampa. Por obvias razones se negaron. Si las autoridades se hubieran guiado por el criterio del interés superior de los niños, las niñas y los jóvenes, antes del operativo, antes de arrojarlos a la calle otra vez, hubieran presentado propuestas de canalización y reubicación consecuentes con los derechos de los niños, signados en la ley de la Ciudad. Pero así no se hizo porque ése no es el interés.
Aunque conciente de la errónea concepción del fenómeno por parte de las autoridades de la Delegación Cuahutémoc, Rosa Márquez era ,y es, materialmente incapaz de llamar la atención a su compañera de corriente en el PRD y esposa de su líder histórico en la CID. Sin duda, ahí sus intereses políticos contravienen en los hechos con el interés superior de los niños, que en este momento siguen estando bajo el peligro de las apresuradas y discriminatorias percepciones de la Sra. Padierna.
Existe una notable contradicción entre el desempeño de la política social en general de Andrés Manuel y la asistencia social de su gobierno. Diríamos que representan sin exagerar, una al sol y la otra a la noche más negra y sin estrellas. Después de dos años de “trabajo”, la cantidad de niños y niñas atendidas sigue siendo la misma o menos, 70 niños y niñas, cuando la población en la Ciudad rebasa los mil. Después de dos años, sigue sin existir una propuesta de modelo de atención, no hay una estrategia hacia la Ciudad y los Organismos No Gubernamentales, parecen simplemente no existir para este gobierno. Pareciera que el genio de la Dra. Raquel Sosa no pudiera intervenir en ese tema y nos preguntamos por qué.
Van por los y las niñas algunas propuestas:
1.- Devolvamos la visión y la movilidad al IASIS, pongamos en su Dirección General, a alguien con el perfil, con la experiencia, con el apoyo de las ONG’s y con una propuesta para la Ciudad. Se puede hacer consultando a las ONG’s (a Andrés Manuel le encantan las consultas). Para ello, es necesario separar los temas de la restitución de derechos a niños y niñas, jóvenes, a las y los adultos y las y los adultos mayores. También el tema de las adicciones.
2.- Construyamos un acuerdo metropolitano para la atención de los y las niñas “de la calle” de la Ciudad de México. Con apoyos reales (no limosnas) a las ONG’s consolidadas. Construyamos una Norma Técnica que rija y vigile a todos los que quieran atender a la niñez callejera. Construyamos entre todos un modelo de atención que pueda responder al reto de restitución de derechos de los más de mil niños, niñas y jóvenes que viven en las calles de la Ciudad de México, para que pueda ser implementado desde el Gobierno Democrático del Distrito Federal.
3.- El albergue masivo es un concepto incompatible para la restitución de derechos de los y las callejeras. Esas instalaciones de Villa Margarita, que hoy es un elefante blanco (70 chavos y chavas callejeros), debería convertirse en un Campus para la Universidad de la Ciudad de México. Y construir instalaciones adecuadas para un Centro de Recepción y Diagnóstico y otro de Transición. Después de estas etapas las y los chavos deberían vivir en Casas Habitación (que pueden rentarse), como la gente, con poblaciones que nunca pasen de los 12 habitantes.
Hoy no hay en el IASIS una convicción que asuma la atención de las y los niños de la calle como una causa, ni mucho menos como un programa de restitución de derechos. Las y los niños “de la calle”, de la ciudad más grande del mundo, no tienen a nadie en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que comparta su causa y más aún, que se comprometa con ella. Ese compromiso implica asumir valientemente una actitud critica que despedace el protocolo burocrático de la supervivencia en el aparato y la simulación. Implica también asumir a cada niño y niña como seres con dignidad infinita, asumir a cada uno de ellos y ellas como dignos fines, como sujetos, como ciudadanos con derechos aunque no voten, aunque no garanticen victorias electorales. Ellos y ellas son verdaderamente las y los últimos de los últimos, los más pobres entre los pobres.
El problema fundamental es que la inoperancia de este gobierno cuesta vidas, aunque no haya muertes, vidas perdidas por la droga, por la violencia en las calles, por el éxito reclutador del narcotráfico, por la prostitución, etc. Y la pregunta es, cuantos de estos seres ya se han perdido por la ceguera, inexperiencia, ineptitud, nepotismo y grilla en la instancia que les pertenece por derecho. Porque hay que recordar que el IASIS no es de Andrés Manuel, ni de la Dra. Márquez, es del pueblo y el pueblo dice que es de los y las niñas “de la calle”. Ojalá pronto, la luz digna de la izquierda comprometida, rescate a las y los niños “de la calle” de la indigencia de este gobierno, que no se debe sólo a 70 niños y niñas, sino a los más de mil que viven en la calle. Ojalá pronto se haga realidad para ellos y ellas aquella frase esperanzadora que dice; “Por el bien de todos, primero los pobres”.
Notas:
1.- México, DF. Feb. 29, 2000 (Miriam Ruiz/CIMAC): “El estudio fue presentado hoy por el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) del Distrito Federal, con la colaboración del Fideicomiso de los Institutos para los Niños de la Calle y las Adicciones (FINCA), así como investigadores externos, y contó con el apoyo del Fondo de Desarrollo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).
La investigación que clasifica en una categoría a los empacadores o “cerillitos” y trabajadores de vía pública, y en otra los “niños de la calle”, plantea que de este último grupo solamente viven 950 niñas y niños en la ciudad de México. Su característica básica es la ruptura con cualquier vínculo familiar y una mayor susceptibilidad a riesgos frente a las drogas, la sexualidad temprana y la criminalidad”.
* Coordinador de Comunidad en Movimiento, A.C., organización dedicada a la defensa de los derechos de las niñas y los niños que viven en las calles de la Ciudad de México y a la promoción de la organización y el desarrollo comunitario.