Argentina


LA REDEFINICIÓN DEL MUNDO NO OBLIGA A LA OBSECUENCIA


Jorge Alfredo Carazo *

Quién llegue a ocupar la Casa Rosada después del 25 de mayo venidero, seguramente se dejará tentar por adjudicar algunos de los balbuceantes primeros pasos en la administración, a los efectos de la invasión norteamericana a Irak y al nuevo mapa de la dominación mundial, tras la decisión del nuevo eje aliado que, además de George W. Bush, incluye a Tony Blair y a José Marìa Aznar. Ya hay voces que presagian controversias y hasta sanciones internacionales por la posición de la Argentina frente a la escalada bélica, situada junto con la mayoría de los países del mundo, como que en América latina, sólo Honduras, El Salvador, Panamá, Colombia y dudosamente Nicaragua, se alinearon incondicionalmente y por especulaciones económicas, con el país del norte. Las mismas posiciones que han comenzado a llegar a los oídos del presidente argentino Eduardo Duhalde, desde las oficinas de exportadores cerealeros, ahora temerosos de que una represalia norteamericana les cierre mercados en Oriente Medio.

Una opinión no precisamente proclive al régimen de Bagdad, como la del renunciante ministro de Relaciones Parlamentarias de la Cámara de los Comunes de Gran Bretaña, Robin Cook -del oficialista Partido Laborista- aportó un agudo manto de duda, al señalar que "lo que ha venido a inquietarme más en las semanas recientes es la sospecha de que si los votos en Florida hubieran caído del otro lado y Al Gore hubiera resultado electo, no estaríamos ahora a punto de comprometer a las tropas británicas". Pero además añadió que "Irak probablemente no cuenta con armas de destrucción masiva en el sentido comúnmente entendido del término, es decir, un artefacto capaz de ser dirigido contra un blanco urbano estratégico". Y recordó que en la década del '80, "compañías estadounidenses le vendieron al presidente de Irak Sadam Hussein agentes de ántrax y luego el gobierno británico autorizó fábricas de armas químicas y municiones".

Para algunos analistas -incluyendo al ex presidente Carlos Saúl Menem, candidato presidencial- resulta irracional que el gobierno de Duhalde, haya instalado distancias con Estados Unidos, "cuando se debería estar primero en la fila frente a la mayor ventanilla del mundo", según explican. Mirado así, no hay demasiadas diferencias con las reflexiones que animan a los halcones de la mayor potencia del mundo, excepción hecha del componente mesiánico que contienen y que hasta merecieron el juicio adverso del papa Juan Pablo II. Ni siquiera el combate contra el terrorismo, ahora incorporado como estrategia para torcer la opinión internacional, termina siendo válido, porque resulta claro que no ha habido acciones comunes de Sadam Hussein con Al Qaeda.

La soledad del país del norte, indica que muy pocos se inclinan a adjudicar la demencia guerrerista a un espíritu de defensa de la democracia y los derechos humanos, a menos que se pretenda admitir el juego de las medias verdades. Hurgando un poco más, podría deducirse que sólo la debilidad del imperio es capaz de empujar a la guerra en nombre de la paz y de Dios, sin que se pueda dejar de mencionar la crisis de legitimidad de George W. Bush, que los demócratas estadounidense disimulan por sobrevivencia del sistema. El mandatario de Estados Unidos se muestra realmente preocupado por el incendio de los pozos petroleros, porque sin el recurso energético -sangre negra que se paga a más alto precio que la sangre roja de millones de iraquíes- se debilitarían las arterias de Estados Unidos, de los que se nutre. A punto tal que hasta antes del inicio de la guerra, y amparados en el embargo económico a Irak, se canjeaba petróleo por alimentos, un verdadero latrocinio que le costó la vida por desnutrición y enfermedades evitables, a más de un millón y medio de iraquíes, la mayoría niños.

Argentina, en la dictadura militar, y Chile, con el advenimiento de Augusto Pinochet, -pero más cerca aún en Afganistán- son la muestra más cabal de la hipocresía del discurso democratista y a la vez armamentista mundial. Hussein es un dictador, capaz de las mayores atrocidades, pero lo fue siempre y no ahora. Estados Unidos cohonestó su régimen desde la década de los '80, porque en el damero geopolítico de Medio Oriente las jugadas se resolvían por andariveles distintos, e Irak era una pieza clave para enfrentar el fundamentalismo iraní, a la que ahora hay que destruir a cómo de lugar.

Es bueno tener en cuenta que tampoco Argentina adoptó una posición clara y contundente, porque la ambigüedad que caracteriza a la cancillería, expuso un "ni" sin principios, pero aún con limitaciones resultó una jugada de cierto peso político frente a la irracionalidad. Habrá que ver cómo sigue esta historia, que ahora incorporó las fuertes presiones del jefe de Estado español, José María Aznar -todo tiene su precio- pasando la factura por el apoyo de la península en las negociaciones con el FMI. Hasta ahora la lógica terminó por imponerse, porque en todo caso, ¿qué tiene de democrático integrar el Consejo de Seguridad de la ONU, discutir el desarme de un país miembro y si la decisión no le gusta a la potencia hegemónica, ésta avanza en su expansionismo dándole la espalda al mundo? En un mundo así diseñado nadie está seguro, ni siquiera los obsecuentes, porque las armas pesan más que la diplomacia y la guerra siempre es la conculcación final y más brutal de la vida.

* Periodista.

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