México


CONTRASTES DE LA ÉPOCA


Lilia Cisneros *

No cabe la menor duda que los tiempos han cambiado en lo que se refiere a usos, costumbres, valores, formas. Quienes nacimos en la llamada posguerra, pasamos nuestra primera infancia sin televisión, cultivamos el hábito de la lectura, gozamos del privilegio de un boleto para la opera o la sinfónica, aprendimos a sumar y restar con el sustento maravilloso de la lógica y los principios pitagóricos, se nos enseñó a escribir comprendiendo las reglas ortográficas y el devenir etimológico y entendimos las obligaciones humanas como parte de la filosofía que asume la aceptación de valores fundamentales.

Hoy, con la tecnología elevada al rango de doctrina y el dinero colocado en un estatus casi divino, los escolares aprenden que la impuntualidad ya no es virtud de reyes y se justifica en aras de los telefonazos, que la redacción es monopolio de las herramientas de Microsoft, las matemáticas son una magia dominada por Excel y los programas cibernéticos pueden arropar con la apariencia de éxito al más torpe de los escolapios.

Bienes fundamentales como la vida se han convertido en mercancía, que lo mismo se negocia para elevar las ganancias de la industria del secuestro, la venta de estupefacientes o la guerra. La prostitución -infatil o de adultos- el tráfico de personas y órganos o la promoción de shows en medios electrónicos o Internet, que exhiben la intimidad de los individuos, han dado al traste con lo que fue el valor supremo de la libertad. La humanidad del siglo XXI, carga las cadenas invisibles del crédito, ignorante de la nulificación de sus prerrogativas esenciales para expresarse y temerosa de ser despojada del plástico que le permite obtener unos cuantos pedazos de papel en el cajero automático.

Las cualidades intrínsecas de las personas sucumben frente a la competencia de los mercados y la propaganda mediática. El cuanto tienes cuanto vales y con dinero baila el perro han sustituido al conocimiento y la pericia, la deshonestidad en todas sus modalidades -disponer de lo ajeno, abusar de la confianza conferida o excederse en las facultades del desempeño- pueden convalidarse por comisiones de transparencia y la brutalidad policiaca o castrense es minimizada con el discurso justificativo en contra del terrorismo, el interés económico global y la hegemonía de los capitales transnacionales.

¿Cuál será el futuro de una humanidad que en el siglo XXI se desnuda para protestar, si por la guerra Estados Unidos se convierte en la potencia mundial petrolera? ¿Qué les espera a los más de 23 millones de pobres de México marginados de los apoyos gubernamentales? ¿Con qué mecanismos se garantizarán, los derechos constitucionales a la salud, la educación, la vivienda en países latinoamericanos si los recursos fiscales se utilizan para apoyar la pseudo filantropía corporativa? ¿En donde están los principios de equidad y justicia social para la sociedad civil, si se marginan las acciones de las ONG que no están en la posibilidad de ser reconocidas por el sistema oficial de los gobernantes en turno?

Las agendas de los rezagos se multiplican: se afirma que en el campo no hay crisis y en realidad no la hay para unos cuantos empresarios, en el sector energético se privilegia la inversión extranjera por encima de las necesidades del pueblo, la educación es un negocio de academias patito y televisivas, la nutrición para los desposeídos es un mecanismo de evasión fiscal por el reparto de las sobras de producto a punto de caducarse, la salud es territorio de descalificación para los que no están en el favor de los poderosos y la seguridad pretexto para aumentar los prepuestos de corporaciones avaladas por consultores extranjeros. Ni hablar hay un sin fin de contrastes entre lo que fueron los logros del siglo XX y lo que se vislumbra para el XXI.

* Comunicóloga.

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