LA GUERRA CONTRA EL TERRORISMO Y EL CONTROL DEL PETRÓLEO
Desde fines de la década de los sesenta se ha hablado del declive de Estados Unidos como superpotencia. Si bien ese país ha tenido que ceder terreno ante Europa, China o Japón, continúa detentando el control de la mayor parte del comercio y finanzas internacionales, y a partir de la caída de la Unión Soviética en la última década del siglo XX, del poder militar mundial, lo cual quedó confirmado en 1991 con la Guerra del Golfo Pérsico contra Irak.
Es precisamente esta condición de única superpotencia global en la cual se quiere apoyar Washington para mantener su hegemonía en otros ámbitos, puesto que se hace cada vez más claro el ascenso de la Unión Europea (UE) y de las economías de Asia Oriental.
Desde la segunda Guerra Mundial se hizo patente el papel trascendental de la industria bélica estadounidense en el contexto de la economía del país norteamericano, y los grandes beneficios obtenidos por ésta en el marco de los conflictos armados, máxime en momentos de declive económico. A lo largo de 2001-2002, con George Walker Bush como presidente de Estados Unidos, Washington lleva a cabo un unilateralismo a ultranza habiendo aumentado el militarismo y el gasto para las fuerzas armadas, después una década en la cual se desató un ambiente cargado por sangrientos conflictos armados en los Balcanes, el Cáucaso, Asia Central, la región de los Grandes Lagos en el centro de Africa, y en ese mismo continente, en diversas partes del Golfo de Guinea y en el Cuerno de Africa, en los cuales Estados Unidos tuvo un papel insignificante en comparación con la Operación Tormenta del Desierto.
En este contexto ha tenido lugar la invasión a Afganistán y los planes para invadir Irak, con el pretexto de acabar con el terrorismo y los regímenes que supuestamente apoyen actividades de este tipo. Sin embargo, un segundo vistazo a la situación de ambos países nos permitirá determinar que ambos que tienen en común el acceso a importantes reservas petroleras. Este es justamente el objetivo de las intervenciones militares estadounidenses. Sólo así podemos entender la millonaria estrategia estadounidense, dados los beneficios económicos que se pueden obtener. Aquí tenemos pues cómo más allá de lo que pueda indicar el discurso neoliberal, cuando es necesario, el Estado - sobre todo en los países industrializados - habrá de intervenir en pro de su economía, incluso por medios militares.
Las grandes potencias, tales como Estados Unidos, mantienen una continuidad en sus políticas que va más allá de los cambios de gobierno y extienden su visión estratégica a largo plazo. Los ideólogos de Washington tienen diseños estratégicos para el siglo XXI, una de cuyas líneas está enfocada a los recursos naturales, con un especial énfasis en el petróleo que sigue siendo el eje de la actividad industrial y la vida urbana, pero que además no es renovable y luego de un siglo de explotación extensiva e intensiva está "destinado" a desaparecer, muy probablemente antes del siglo XXII.
Hay que decir que Estados Unidos no es el único que busca controlar los hidrocarburos. La demanda de éstos va en creciente demanda en China, que a 53 años de haber surgido de las cenizas, es hoy en día, el país con el más franco ascenso en la arena internacional.
China no sólo es el país más poblado del mundo con más de 1,200 millones de habitantes y un territorio comparable al de Estados Unidos, sino que es uno de los principales productores agrícolas e industriales del mundo y es uno de los miembros del club de potencias nucleares. De hecho, se ha considerado que en transcurso de las primeras décadas del siglo XXI China se convertirá en el mayor mercado del mundo.
Dentro del territorio chino existen importantes reservas de hidrocarburos, que por lo demás, apenas alcanzan para cubrir las exigencias internas, de tal forma que Beijing está en busca de nuevas fuetes de crudo para garantizar su autosuficiencia energética y prescindir en la medida de los posible del petróleo importado. Así, las actividades de exploración han llevado a los chinos a buscar este recurso en el mar, precisamente al sur, en el mar de China Meridional en donde se presume podría haber reservas tan importantes como las del Medio Oriente.
Hay que especificar que este mar cuenta, por añadidura con la importancia de contar con unas de las rutas más importantes para el transporte marítimo mundial, pero también con una gran reserva pesqueras de Asia, trascendente para cubrir las necesidades alimenticias de millones.
China ha venido consolidando su presencia militar en esta cuenca a través del control de las Islas Paracel y varias de las Islas Spratly. Paralelamente, el gigante asiático está llevando a cabo importantes trabajos de explotación petrolera en el mar de China Meridional.
El impulso para el control de fuentes energéticas llevado a cabo por las potencias implica que los grandes competidores no tengan acceso a las mismas, o por lo menos no al cien por ciento, de acuerdo con lo cual, cobra sentido la presencia estadounidense en el mar de China del Sur, sobre todo en territorio filipino - el otrora protectorado de Washington en el Sureste de Asia - al oriente de esta cuenca marítima.
Estados Unidos ha mantenido la presencia de sus fuerzas armadas por más de 100 años, desde que le arrebató este territorio a España en 1898, luego de recuperarlo de manos japonesas en la segunda Guerra Mundial, y los avatares de la Guerra Fría, luego de la cual, parecía que llegaba a su fin la presencia de E.U.A.
Pero en esta parte del mundo los ataques terroristas contra Estados Unidos, el 11 de septiembre de 2001, tuvieron importantes consecuencias. Hay que recordar que éstos fueron atribuidos al grupo Al Qaeda encabezado por el magnate de Arabia Saudita Osama bin Laden y que la reacción de Washington fue atacar al régimen Taliban en el país centro-asiático de Afganistán por brindar apoyo y protección a éste, y que en adelante se habló de una "guerra contra el terrorismo", en cualquiera de sus expresiones, en dónde quiera que estuviera enraizado. Precisamente uno de los lugares dónde se consideraba que tenía una presencia importante era al sur de Filipinas, concretamente en Mindanao, dónde por muchos años grupos musulmanes han librado una lucha separatista.
Estados Unidos entabló pláticas con Manila para combatir a estos rebeldes bajo la justificación de ser integristas islámicos y terroristas. En febrero de 2002, tropas estadounidenses comenzaron a realizar ejercicios conjuntos con sus contrapartes filipinas, entrenándolas, pero también acompañándolas en operaciones de combate limitado. Fueron miles los estadounidenses desplegados en este país del Sureste de Asia. Las bases se restablecieron y se anunciaron nuevas movilizaciones masivas conjuntas.
Las acciones militares de los últimos dos años han resultado ser interesantes movimientos estratégicos de Washington para apuntalar su política energética y replantear su sistema de alianzas para el siglo XXI. Claro está, si bien estos conflictos armados pueden tener como principal objetivo el consolidar el acceso al petróleo, tienen objetivos secundarios de no menor importancia, sobre todo para el corto y mediano plazo. Estos podrían incluir motivos de política interna en Estados Unidos, tales como ayudar a reactivar una economía en recesión o acrecentar la popularidad de Bush de cara a las próximas elecciones legislativas, en lo interno, y en la arena internacional, crear y consolidar el acceso a mercados que tratan de recuperarse de los efectos de la guerra.
La lectura que se puede hacer de lo arriba descrito es que a diferencia de
lo que pregona Estados Unidos con respecto al liberalismo y a la no-intervención
del Estado y su reducción a una mínima expresión, poco
tiene que ver con las acciones emprendidas por Washington que no deja de intervenir
en beneficio de su economía, generando subsidios, instaurando barreras
proteccionistas, imponiendo embargos comerciales o bien, emprendiendo acciones
militares para controlar el acceso al petróleo.
* Politicólogo.