PARTIDO ACCIÓN NACIONAL: EJERCICIO DE GOBIERNO Y VOCACIÓN DE PODER
Aminadab Pérez Franco *
Tras diagnósticos parciales, especulaciones absurdas y las reflexiones de Martha Sahagún, la esposa del presidente de México, Vicente Fox, parece ser que la verdadera explicación de los pobres resultados obtenidos el 6 de julio por el Partido Acción Nacional (PAN) tiene que ver con la carencia de una auténtica vocación de poder en buena parte de los gobernantes y la militancia del sexagenario partido.
El Partido Revolucionario Institucional (PRI) sigue siendo la misma maquinaria autoritaria sin posibilidades de cambio y al Partido de la Revolución Democrática (PRD) le falta dimensión ideológica y estructural para aspirar a conquistar el poder en tres años; de ahí que pueda en gran medida atribuirse al PAN la versión mexicana de la crisis de los partidos y el desencanto global a la política.
En el 2003, un partido en el ejercicio del gobierno y con vocación de poder no habría tenido problemas para imponerse al PRI en Sonora, Campeche y Colima; hubiera competido con amplias posibilidades de ganar la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y tener la fuerza para quebrar el bloqueo político priísta en el Senado de la República; haría ver la elección intermedia como un paso hacia la consolidación y no como un retroceso comprometedor.
¿Dónde está el error?
Muchos querrán situarlo en la mercadotecnia política, en la estrategia de campaña, en "competidores" como el PRI o el "Peje", el jefe del gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, en la ruptura con el Partido Verde Ecologista de México (PEVM), en discrepancias al interior de la cúpula panista, en la falta de resultados del gobierno foxista. Tonterías, el problema tiene raíz ayer y se relaciona directamente con un problema de falta de vocación de poder.
Esta problemática se manifiesta tanto en la participación electoral como en la presencia en cargos de elección. La ausencia de Fox como figura política en 2003 repite al PAN de 1997 cuando su principal carta, Diego Fernández de Cevallos, decide no contender por la Jefatura del Distrito Federal: decisión que costó el triunfo perredista en la capital, un segundo lugar electoral apenas por encima del PRD, así como no obtener muchos triunfos para diputados de mayoría ni las guberanturas de San Luis Potosí y Colima.
El abandono de Fox es congruente con la pobrísima presencia de militantes del PAN en las responsabilidades de gobierno. A casi tres años de gobierno, la organización se haya muy lejos de un proceso de consolidación de liderazgos políticos y experiencia gubernamental para fortalecerse como opción política en el nuevo sistema democrático. Basta revisar los directorios de las distintas secretarías y dependencias para encontrar una abrumadora mayoría de priístas y sólo algunos panistas de excepción, cuyo número no refleja la capacidad humana del PAN que ha sido menospreciada de manera evidente en la administración de Fox. Así las cosas, los priístas en el gobierno son o los más felices o los más indiferentes al destino electoral del presidente de la República.
Los panistas no pueden sobrevivir en la confusión sobre su papel en
la vida política. Es perfectamente posible mantener el imperativo ético
de no buscar el poder por el poder como un fin en sí mismo y asumir una
vocación política cuya realización plena se logra, justamente,
con el ejercicio del poder. El resultado electoral refleja que el PAN, como
proyecto, como doctrina y como práctica democrática, no han llegado
aun a transformar el poder en México, a pesar del cambio sustantivo que
ya se ha producido en el sistema político.
* Investigador y analista.