REGRESA EL PASADO QUE NUNCA SE MARCHÓ
Carlos Iaquinandi *
El ex dictador y general guatemalteco Efraín Ríos Montt, no conforme con manejar los hilos del gobierno guatemalteco desde su cargo de presidente del Congreso, insiste en que se acepte su candidatura presidencial para los comicios de noviembre próximo.
Su partido, el Frente Republicano Guatemalteco (FRG) inició una ofensiva contra las decisiones judiciales que, basándose en el mandato constitucional, prohíbe que sujetos que han llegado al poder por medio de un golpe de estado puedan optar a la presidencia.
El ex dictador se apoderó del gobierno guatemalteco en marzo de 1982 y en su "gestión" de 18 meses fueron arrasados decenas de poblados indígenas. Su política represora provocó millares de muertos entre los campesinos.
A partir de los alzamientos populares y las acciones guerrilleras de los 60, se inició un período de militarización del país y de represión a los sectores populares, campesinos e indígenas que dejó un saldo de más de 250.000 muertos y desaparecidos.
Según el informe Nunca Más, 9 de cada 10 víctimas fueron masacradas por fuerzas regulares o paramilitares que dependían de los gobiernos. A pesar del breve período de su gestión. Ríos Montt es conocido como uno de los más crueles genocidas de Guatemala en esos años.
Para forzar decisiones judiciales favorables, los partidarios de Ríos Montt amenazaron con violencia en las calles. Las pacíficas manifestaciones de sectores ciudadanos que protestaban contra la posible candidatura del ex dictador, fueron superadas por turbas dirigidas por diputados del Frente Republicano que ocuparon las calles de la zona 10 de la ciudad de Guatemala.
La "espontánea" manifestación de violencia, fue acompaña por la llegada de camionetas sin placa de identificación cargadas prolijamente con neumáticos y bidones de gasolina. La policía permanecía impasible, argumentando que "tenía ordenes de no actuar".
Algunos de los manifestantes, con los rostros cubiertos, portaban visiblemente armas de fuego. Rodearon los edificios de la Corte de Constitucionalidad, el Tribunal Supremo Electoral y la Corte Suprema. Hostilizaron a los periodistas presentes, los que fueron amenazados y perseguidos. En una de esas violentas acometidas en las que los trabajadores de prensa tuvieron que escapar a la carrera, murió por una insuficiencia cardíaca el veterano periodista Héctor Rodríguez de un noticiario de televisión local.
Desde diversos sectores ciudadanos se ha denunciado la complicidad del gobierno del presidente Alfonso Portillo con los protagonistas de los actos de vandalismo y agresión. A pesar de sus anuncios de que garantizaría el orden, pasaron las horas sin que se concretara la prometida intervención de fuerzas combinadas de los ministerios de gobernación y defensa. Los periodistas identificaron a varios dirigentes del FRG gubernamental entre los que azuzaban a los manifestantes a cometer actos violentos. Entre otros al miembro del comando de campaña de Ríos Montt, Luis Fernando Pérez, al diputado Juan Santa Cruz y al candidato a diputado por Zacapa, Julio Morales.
A pocos meses de las elecciones, Guatemala sigue retrocediendo en su nivel de democracia que nunca alcanzó cotas importantes, porque los acuerdos de Paz de 1996 fueron sistemáticamente incumplidos por los sectores vinculados con los gobiernos dictatoriales.
Solo cabe recordar el asesinato de Monseñor Gerardo Gerardi, pocas horas después de hacer público el informe Nunca Más, con un minucioso detalle de las responsabilidades en las violaciones a los derechos humanos en los últimos 30 años.
Su crimen nunca fue esclarecido plenamente, a pesar de las sospechas sobre oficiales del ejército. Desde entonces, agresiones, amenazas y asesinatos han jalonado la vida social y política de Guatemala. Las víctimas: activistas de derechos humanos, periodistas, sindicalistas, políticos opositores, campesinos, indígenas, religiosos....
Portillo afirma que está firme "para garantizar elecciones libres y transparentes" y añade que "el próximo gobierno será electo democráticamente cueste lo que cueste, así sea mi propia vida". De momento no garantiza siquiera la vida de los ciudadanos en las propias calles de Guatemala.
El país cambió su "cáscara" en el 96, adoptando
una apariencia de normalización democrática, pero el pasado que
nunca se marchó regresa con más violencia, corrupción e
injusticia, ante la indiferencia y el silencio de la llamada "comunidad
internacional".
* Periodista.