ES LÍCITO EJERCITAR LA MEMORIA Y LA DIGNIDAD
No se puede minimizar la presión que ejercen sobre Argentina -no sobre su gobierno- los intereses especulativos y usurarios del mundo, incluyendo a los organismos internacionales de financiamiento externo, cuyos socios principales hay que buscarlos en el Grupo de los 7 países más ricos. Pero no tanto por las consecuencias de bienes inhibidos, sino porque revela hasta qué punto están empeñados en no dejar escapar ningún nicho de poder confiscado. Lo otro, los peligros para la economía, hasta ahora sólo sirven para "desplomar" una Bolsa de Comercio cuyo volumen es insignificante y especulativo.
También inquieta a supuestos expertos y economistas, muchos de los cuales fungieron como los más activos promotores y agentes de la rapiña internacional y hoy siguen sosteniendo que si no se negocia tal como lo exigen los "fondos buitres", Argentina será marginada.
Se ha instalado una fuerte confrontación entre el presidente Néstor Kirchner y quienes sostienen que el gobierno debiera torcer el rumbo de las negociaciones de la deuda externa, morigerando un perfil que se considera conflictivo y de mala imagen hacia el exterior. Durante décadas el país privilegio los intereses extraños a los propios y le fue muy mal. A esto, en Argentina que recuperó la democracia en la década del '80, se lo denominó la "inevitabilidad del modernismo" y un poco más acá condujo al montaje de un verdadero marco jurídico, protector de las reglas de juego del mercado y de la libertad económica en desmedro de las mayorías, en una clara violación de los derechos humanos básicos.
Haciendo memoria es la misma lógica chantajista mostrada en los últimos años para justificar la aplicación de un modelo perverso. América latina está surcada por esas predicciones y hoy presenta un escenario cercano a las llamas. Por eso, más allá de los disimulos, que los hubo, todos comprendieron el contundente mensaje de Kirchner, en Nueva León, en oportunidad de la Cumbre Extraordinaria de jefes de Estado, pedida por el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, para intentar disciplinarlos.
Sin crecimiento es impensable pagar más. Y aún con crecimiento sería insensato que el sacrificio de millones de argentinos se siga echando al barril sin fondo de una deuda externa ya amortizada generosamente. Resultaría irracional y muy poco serio, que ahora se modificara una decisión que es mucho más que una simple línea de pensamiento. En situaciones de crisis toda sociedad debe privilegiar las carencias más sensibles a la calidad de vida de sus integrantes. No se puede desconocer que la mayor urgencia transita por la falta de empleo, de puestos de trabajo formales, por devolverle el valor subjetivo al trabajo humano, dejando atrás las denigrantes condiciones de vida de millones de argentinos, sin descuidar otras situaciones que impactan seriamente. La salud, la educación, la cultura, la seguridad, la previsión social, la vivienda digna, la inserción social, la protección a la niñez y a la juventud y la construcción del futuro político del país no son temas menores.
Si los países ricos temen al contagio es porque cohonestaron el latrocinio, sin importarles el destino de millones y millones de personas, ni la calidad de democracias imperfectas carcomidas por la crisis social. Hoy piden la "buena fe" que disimularon ayer. Bastaron algunos índices positivos para exigir más y más en una voracidad que pone en evidencia el fracaso de la globalización como sistema civilizado.
Cuando el ex presidente Carlos Saúl Menem aceptó aplicar de manera impiadosa el modelo neoliberal, se ufanaba del buen concepto que tenía la Argentina en el exterior, la de los negociados espurios, la de los fondos buitres, la de la entrega del patrimonio nacional, en la mayoría de los casos pignorados a precio vil. No por nada desde el FMI todavía sigue recibiendo los aplausos de su vicedirectora Anne Krueger, quien considera como avances las políticas económicas que condujeron a una crisis política y social sin precedentes.
La imagen de Argentina no se deteriora por definir con seriedad y responsabilidad
entre dos opciones de hierro. Una -la de la deuda externa usuraria- ya se probó
y las consecuencias son visibles. Por la otra -la de la deuda social- se ha
comenzado a transitar y a despecho de opiniones en contrario, no debiera abandonarse.
La dependencia es innegable. Ni siquiera la Justicia argentina puede entender
en el caso de la deuda externa, porque la soberanía fue hipotecada, pero
es lícito hacer un esfuerzo para frenar aunque sea en parte la infamia.
Un simple ejercicio de dignidad.
* Periodista.