EXTERMINIO DE BAJA INTENSIDAD
En las relaciones de poder, los subordinados históricamente han sufrido los intentos de exterminio del poderoso.
Desde la violencia de la guerra, hasta formas sutiles -o subrepticias- que han sometido a la humanidad a hambruna, enfermedades creadas en laboratorio, ataques a población civil por elementos químicos o biológicos, hasta el refinamiento de la tortura que desde el siglo pasado utiliza condicionamientos de la conducta individual y colectiva con el uso de fármacos o campañas de terror apoyadas en el trastocamiento de la mercadotecnia y la publicidad.
En el afán de apropiación de la riqueza, antes del siglo XVIII fueron la guerra, la invasión y la esclavitud, los mecanismos preferidos de los poderosos, que hubieron de contener sus afanes por las manifestaciones mundiales de inconformidad, plasmadas en los diversos ordenamientos de legitimación de los derechos fundamentales; sin embargo el cáncer implícito se regeneró en una versión más perversa, con el engaño y la manipulación de la sociedad misma como su principal herramienta después de la ruptura del frágil equilibrio dual que implicaba el muro de Berlín.
En el eufórico triunfo sobre el comunismo, la era pos-industrial avanzó dando lugar a megapolios cuya concentración de riqueza se incrementó en 50 años en una proporción mayor que el acumulado a lo largo de la historia del hombre, paralelamente, las legiones de miserables han aumentado -en América Latina en 1980 había 120 millones de seres humanos en la pobreza, esa cifra había subido en el 2001 a 214 millones, o sea el 43% de la población total- sin la más mínima preocupación de quienes forman parte de los consorcios de comunicación que perversamente ocultan los detalles de estafas y quiebras financieras de las grandes transnacionales ocupadas sólo en generar productos para la población privilegiada que puede adquirirlos.
Para contener el aumento del malestar social, no sólo por las guerras preventivas, sino por la sobre explotación de los recursos y la mano de obra barata de regiones estratégicas -como el oriente asiático o Latinoamérica- los propietarios globales de la riqueza apoyan a gobernantes dispuestos a reducir el gasto social como resultado de las políticas impuestas por el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetaiio Internacioanl (FMI), trastocando el derecho, la diplomacia y la democracia misma, convertida en instrumento colonialista para aplastar a los competidores y controlar los mercados.
En tal afán sin límites, el negocio de las telecomunicaciones basado en la computación o los teléfonos celulares desplaza al de los hidrocarburos -las grandes fortunas petroleras por el desplome de los precios del combustible han motivado que solamente el 8% de los muy adinerados deban su patrimonio al oro negro- y la aldea global se reduce a la concepción de un laboratorio de experimentación como paso previo a la colonización de otros mundos.
La contaminación de la Patagonia por el cianuro necesario para explotar los mantos auríferos, la depredación de zonas como el Amazonas o Chiapas, el magnicidio en Afganistán, las zonas indígenas de América Latina o Irak, son apenas estrategias necesarias a ese objetivo.
Los miserables deben ser exterminados por la vía del hambre o la enfermedad y los que aun cuentan con capacidad de reflexión son sometidos a toda suerte de persecución, porque en esta estrategia de exterminio de baja intensidad, a los disidentes se les difama, para obstaculizarles en su actividad profesional, -en el año 2003 aumentó el número de periodistas muertos o sujetos a procesos judiciales y un gran cantidad de organizaciones sociales que trabajan en favor de los pobres fueron coptadas mediante estratagemas tendientes a reducir el flujo de recursos y en casos extremos hasta confiscarles los bienes que generaron a lo largo de décadas de trabajo.
La violación a los derechos humanos de los luchadores sociales llega
al punto de que en casos extremos a estos se encarcela o se les suicida cobardemente,
culpando de sus muertes a otros que conviene neutralizar o utilizando a mercaderes
y mercenarios de poca monta dispuestos a todo, con tal de obtener algún
beneficio en esta economía de papel.
* Comunicadora.