LA IMPORTANCIA
José Repiso Moyano *
Una vez reconocido algo real, siempre es importante ese algo para algo, aunque no sea para nosotros; porque nosotros no somos dioses que ponen la importancia inscrita sobre la faz del Universo y quienes lo determinamos. Nosotros, con nuestra debida importancia, sólo damos el valor en función de algo que nos interesa, que puede no interesar al Universo.
Bien, importa la realidad porque somos realidad, este es el fundamento de la razón que nos explica a nosotros mismos y a todo como consecuencias, como respuestas, en/de la realidad. Si la realidad nos dice que el motor de un coche para que funcione necesita el combustible de la gasolina -ese valor-, a nadie se le ocurre el utilizar otro combustible -otro valor- como agua o leche; porque sencillamente no corresponde ese valor recurrido a su realidad.
Por eso, la importancia radica en la correspondencia del valor útil y lógico ante una realidad -para ir con ella, para reconocerla-. Utilicemos dos valores cualesquiera:el comer y el soñar por ejemplo. Los dos son valores para la realidad humana; pero si un niño se muere de hambre, es el comer el que le corresponde y, una vez que se le haya garantizado ese mínimo valor, luego, será el soñar la vida lo que le corresponde ampliamente.
Sin embargo, vivimos tiempos en donde se celebra la confusión -se machaca a los lúcidos- para no resolver soluciones, para eludir responsabilidades, para negar valores que están ahí queramos o no, esperando a ser utilizados coherentemente por el respeto a lo que nos sustenta: la realidad.
Sí, adelante, cada cual puede hacer retorcidamente lo que quiera, resistirse incluso a no ver la luz del Sol; pero la luz del Sol está ahí, absolutamente, llene su cabeza de lo que quiera, de lo que le dé la gana. ¡Ah!, lo que ocurre lamentablemente es que ahora no se catalizan los valores -cuando bastante tiempo han tenido los seres humanos para madurar-, sino que se confunden, se distorsionan, se habla por hablar como un hablar de pimientos fritos.
Pensadores o seres humanos como yo no están aquí como narcisistas, o como "malditos", o como locos, sino como quienes demuestran o clarifican -y lo hacen- estos valores; yo, con mis defectos, no manipulo distorsionando nada, sino demuestro, pese a quien pese, me den la "puerca" fama -que a los que más admiré negaron- o me den un bocadillo de jamón.
Lo que no voy a hacer es estar a las espaldas de lo que soy,
o dibujar una "guapa" confusión como necesaria, no. Porque, si el ser
humano se ha liberado a través del lenguaje, es a través de él en donde debe
continuar, encontrándose -y no perdiéndose o negándose- cada vez más a él
mismo.
* Pensador, poeta, narrador y ensayista español, nacido en Cuevas de San Marcos (Málaga). Ha publicado: Cantos de sangre, Ediciones Rondas,Barcelona, 1984, y La muerte más difícil, Ediciones Torre Tavira, Cádiz, 1994. Ha ganado los premios: "Ángel Martínez Baigorri" de Navarra y "Encina de la Cañada" de Madrid. Es asesor literario de la colección Torre Tavira de Cádiz, donde ha publicado los plegables La muerte más difícil (1994), Carne de cañón (1996), Soñada luz (1999) y La caja de cristal (2000).
Ha colaborado con ensayos, artículos y poemas en las revistas Casa de las Américas (Cuba), La palabra y el hombre (México), La Nuez (EU), Julia (Puerto Rico), Repertorio Americano ( Costa Rica), , Turia (España), Signo (Bolivia), Nueva Avenida (Argentina), Trizas de Papel (Venezuela), El Universitario (El Salvador), Índice (Colombia), La Bota Literaria (Argentina), así como Zurgai, La luna de Mérida, Extramuros, Los Papeles de Río Seco, Fábula, Los Cuadernos de Bronce y Barcarola (España).