APUNTES CONTRA LA GUERRA
Santiago Arconada Rodríguez *
La amenaza lanzada por el Departamento de Estado de Estados Unidos sobre la posibilidad de que en el continente americano, como ya ocurrió en el europeo, aparezcan más países, y la posición del jefe del Comando Sur del Ejército Estadounidense, James T. Hill, en relación al "populismo radical" como virus peligroso a ser erradicado, son los indicadores más significativos de que la guerra es la estrategia del dueño del circo de la oposición al gobierno del presidentede Venezuela, Hugo Chávez.
No debería sorprender a nadie. Entre otros, Noam Chomsky y James Petras, académicos estadounidenses internacionalmente reconocidos, tienen meses advirtiéndolo, como quien avisa del golpe que fragua el monstruo que se conoce muy bien.
Para un sector de la oposición al gobierno de Chávez, el pueblo venezolano ya llegó donde nunca debió llegar, ya traspasó los límites a los que jamás debió acercarse, ya tiene la conciencia que jamás debió tener, y eso no se quita con elecciones. Eso se quita con una derrota en una guerra. Eso se quita en una década pinochetiana que castigue el atrevimiento de haber roto el bloqueo económico a Cuba, que castigue la contumaz resistencia al Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA), pero sobretodo que castigue la rebeldía necesaria para haber puesto a Bolívar a cabalgar otra vez por el territorio de la patria grande que siempre profetizó.
Ese sector de la oposición considera cumplido el papel de enmarañador ambiental que le dieron al proyecto de fraude del referendo revocatorio, oportunamente frustrado por el Consejo Nacional de Elecciones (CNE), y ya se siente en posesión de una baza de guerra.
Es bueno estar alerta puesto que, tratándose del ejército de Estados Unidos, son las avisadas las guerras que sí matan soldados.
El discurso de Chávez, del 13 de abril de 2004 desde el palacio de Miraflores, en conmemoración del segundo aniversario del contragolpe victorioso del pueblo y la fuerza armada que lo restituyó en el poder el 13 de abril de 2002, contiene significativas claves de rumbo, de sentido, que a mi juicio constituyen un punto de inflexión de su gobierno en cuanto a la posición frente al gobierno de Estados Unidos y en cuanto al rumbo a seguir en Venezuela.
Chávez insertó al proceso venezolano en el contexto global de enfrentamiento al neoliberalismo armado representado por el gobierno estadounidense, reabrió la pregunta sobre quiénes somos y hacia dónde vamos en los términos de construcción de patria planteados por Bolívar en el último lustro de su vida, o sea, cuando estos términos ya eran claramente antiimperialistas, y finalizó su intervención planteándose la superación del capitalismo.
Algunos podrían pensar que el presidente venezolano pareciera estar comprando de manera compulsiva todos los boletos para la rifa de una invasión. Otros análisis podrían afirmar que con unas declaraciones tan abiertas, lo que está haciendo es advertirla para conjurarla.
En 2004 transitamos el momento de mayor confrontación al gobierno estadounidense de todas nuestra historia republicana, y, sorprendentemente, el momento de confrontación más álgido inmediato anterior nos lleva derecho a Bolívar.
Ese movimiento nacional hacia la educación, planteado por el conjunto de las misiones Robinson, Ribas y Sucre, ese movimiento nacional hacia la salud expresado en la Misión Barrio Adentro, ese llamado a la producción de otro país posible en otro mundo posible, que está expresado en la Misión Vuelvan Caras, esa recuperación de la actividad ciudadana expresada en los Comités de Tierra Urbanos, en las Mesas Técnicas de Agua en los diversos consejos comunitarios que a lo largo y ancho del país aluden a un pueblo participante y protagónico, esa sensación de que PDVSA ya no está dentro de una campana de vidrio, que se puede tocar, que es nuestra, esa experiencia colectiva adquirida en el enfrentamiento victorioso a los intentos de golpe de Estado de abril de 2002 y diciembre 2002-febrero 2003, ese salto en el nivel de conciencia sobre nosotros mismos como pueblo, como historia de enfrentamiento a la opresión y a la injusticia, como noción de rumbo hacia otro futuro distinto al que nos depara el neoliberalismo, en una palabra, todo ese despertar sólo puede impedirse en forma violenta.
Como los derechos conquistados en la Constitución Nacional Bolivariana no pueden ser negociados, es necesario cercenarlos. Ese programa de gobierno que contempla arrebatarle al pueblo todos sus avances, todas sus victorias precisa, necesita, sólo es posible mediante una guerra.
Demoliendo la imagen de tiranía que la oposición pretende construir sobre lo que es Venezuela, la campaña electoral de gobernadores y alcaldes se despliega vigorosamente en todo el país. Las libertades democráticas se exhiben y las personas ponen los afiches de sus diferentes candidatos en las puertas de sus casas.
El proceso por el referendo revocatorio está supeditado al proceso de reparos que lo determinará en uno u otro sentido. El Consejo Nacional Electoral ya preservó el interés nacional de impedir que se utilice al poder electoral para cometer fraudes.
Si no nos contamos en el referendo revocatorio, porque tras el proceso de reparos a la oposición no le alcanzan las firmas verdaderas recogidas, entonces nos contamos de todas formas en las elecciones regionales de septiembre de 2004, pero en todo caso el 2004 es un año electoral, y a tan escasos centímetros de una invasión de marines vía Plan Colombia, que de regreso de su aventura pretendan dejar en el Zulia un Kuwait en castigo por la insubordinación a la autoridad imperial, nadie creería que en verdad se estén escogiendo alcaldes y gobernadores. Se está votando a favor o en contra de Chávez y del proceso revolucionario bolivariano.
Debemos tener bien precisada a la estrategia de la guerra. Hay que efectuarle un marcaje cerrado para que no le lleguen balones. Hoy refunfuña entre los que dicen que la Coordinadora Democrática negoció los reparos por debajo de la sentencia de la Sala Electoral, como si la cosa fuera un precio, como si las irregularidades detectadas en las firmas no las hubiesen admitido también los observadores internacionales, la OEA y el Centro Carter.
Debemos analizar y sopesar la amenaza planteada por el Pentágono en toda su extensión. Como lo planteó el Ministro de Educación, Aristóbulo Istúriz, en su intervención del domingo 25 de abril de 2004 en el Municipio San Francisco del Estado Zulia, hace rato que nuestra lucha dejó de ser con el personal del circo: Nuestro enfrentamiento es con los dueños.
Nos han dicho por todo el cañón, los que se caracterizan por no dar puntada sin hilo, que habrá más países en el continente americano, y que de "populismo radical" nada.
Es bueno que se muestren tal como son. Eso permite entender a plenitud el origen verdadero de países como Kuwait, que hasta 1961, cuando al imperialismo británico le convino que aquel arrebatón petrolero que le hicieron al territorio iraquí se volviera país independiente, fue motivo de litigio y reclamo por parte de Iraq, quien sólo lo reconoció en 1963, cuando ya el mal de la balcanización artificial de las fronteras estaba hecho.
Que el Departamento de Estado de Estados Unidos recurra otra vez al mecanismo de la producción artificial de fronteras y la promoción de guerras intestinas entre pueblos hermanos, tal y como está pautado en el Plan Colombia, nos debe llevar a revisar los antecedentes. Ese método no es nuevo. En el pasado fue utilizado con éxito.
El país que nació como resultado de la guerra de Independencia se llamó Colombia, ojo, no Gran Colombia, como miente la historia oficial, sino Colombia a secas o en todo caso Colombia la Grande. Incluía lo que hoy es Ecuador, Colombia y Venezuela, pero con una visión de que el país definitivo todavía estaba por constituirse.
Al gobierno de Estados Unidos le molestaba en grado sumo el talante parejero con el que Bolívar se refería a ellos, le irritaba profundamente su proyecto de país con fronteras aún por descubrir y consiguió a tres traidores para abortar ese proceso. Fueron ellos, Juan José Flores, venezolano radicado en Quito, Francisco de Paula Santander, neogranadino, y José Antonio Páez, venezolano. Con el apoyo de esos tres generales de las guerras de independencia, la Doctrina Monroe desmembró el sueño de Bolívar hasta que produjo los cinco países que, según aprendimos en primaria, habían sido liberados por su espada: Venezuela, Colombia (Nueva Granada), Ecuador, Perú y Bolivia.
Panamá no existía cuando eso. Era territorio colombiano hasta que en 1903, como parte de la decisión de meterse a la construcción del canal transoceánico en ciernes, el imperialismo norteamericano inventó a Panamá y le organizó una independencia de lo más patriótica respecto de la Colombia de ese entonces, que después de haber sido la República de la Nueva Granada, desde 1830 a 1863, se volvió a poner en ese año último el nombre de Colombia.
La jugada ha sido ensayada varias veces y no les ha salido mal. Pero puede
ser que los tiempos estén cambiando, y que esta vez les salga el tiro
por la culata y en vez de más países quedemos menos: El de ellos
y la América Latina, o Las Indias como fue llamado alguna vez.
* Colaborador de la Agencia Latinoamericana de Información.