CON BROCHE DE INFAMIA
Nils Castro *
A pocos días de dejar el cargo, la presidenta de Panamá, Mireya Moscoso, avergonzó otra vez a su país; esta vez ante el resto del mundo.
Tras negar reiteradamente que tuviera intención de indultar a cuatro conocidos terroristas cubano-estadounidenses bajo proceso en tribunales panameños, en un típico "madrugonazo", los sacó de prisión y, bajo fuerte escolta armada, los envió a la ciudad estadounidenses de Miami (uno se quedó en Honduras) en un jet ejecutivo.
Después, La presidenta de Panamá telefoneó a un conocido abogado de esa ciudad para informarle que ya los sujetos habían salido.
La suspicacia sobre las intenciones de Moscoso llevaban varios días, pues la inminente salida de esos acusados era un secreto a voces en las cafeterías de Miami Dade. Sin embargo, la mandataria saliente negó toda información al presidente electo, Martín Torrijos, como la más elemental ética política lo exigía, para evitar que él pudiera interponerse.
Cometida con cínica desvergüenza y varias torpezas, la acción generó críticas en el país y el exterior, así como la inmediata ruptura de relaciones de Cuba con Panamá y el retiro del embajador venezolano.
Los cuatro estadounidenses eran parte de un equipo terrorista que en 2000 entró clandestinamente a Panamá para ejecutar un atentado con explosivos al pesidente de Cuba, Fidel Castro, en a Cumbre Iberoamericana de ese año.
Cada uno de ellos tenía un largo prontuario de crímenes cometidos en otros países, por lo que Cuba había solicitado oficialmente la extradición de los cuatro y Venezuela la de su cabecilla, ya condenado y prófugo en ese país.
Como es de rigor, ambos Estados ofrecieron tratar a los extraditables conforme a la legislación panameña. Sin embargo, Moscoso rechazó entregarlos aduciendo que antes debían ser juzgados y cumplir condena en Panamá. Ahora, los excarceló sin notificarlo a los países interesados, y por medio de un indulto legalmente impugnable.
Aunque la Constitución panameña faculta al presidente de Panamá para liberar a condenados por motivos políticos -lo cual obviamente no es el caso-, Los cuatro sospechosos aún estaban bajo proceso, pues su sentencia había sido apelada.
Cuba recién había advertido mediante nota diplomática
que dictar el ndulto conllevaría la inmediata ruptura de relaciones entre
ambos países. La nota incluyó calificativos muy duros, lo que
le facilitó a Moscoso darse por ofendida y usarlo como pretexto
una felonía que de hecho ya estaba en ejecución. Pero, con su
habitual torpeza, dio la excusa de que los indultó "por razones
humanitarias", ya que de no hacerlo el siguiente gobierno panameño
podía extraditarlos a Cuba o a Venezuela, "donde los
iban a matar". Así, a la ruptura cubana se agregó la protesta
de Venezuela, que retiró su embajador.
El presidente electo de Panamá, Martín Torrijos, señaló desde el primer día que los delitos imputados a los cuatro sospechosos eran muy graves para indultarlos, y que el proceso judicial debía completarse sin interferencia presidencial. Ahora, agrega que normalizar las relaciones con Cuba será una de las prioridades del nuevo gobierno.
Al nuevo gobierno le tocará restaurar esas relaciones y toda la política exterior del país, como parte de la situación de desastre que Moscoso ha dejado en las finanzas nacionales, la moralidad pública, la seguridad ciudadana y todo lo demás. Al respecto, la población no tiene dudas: según encuesta del mayor periódico del país, el 77 por ciento de los panameños cree que ella debe ser personalmente investigada por los numerosos casos de corrupción denunciados.
El nuevo gobierno tendrá que ser uno de reconstrucción nacional.
Porque si bien la señora ¡por fin! se ha marchado, nos dejó
el rancho ardiendo. 
* Colaborador de la Agencia Latinoamericana de Información.