SEPTIEMBRE DE 1974, 30 AÑOS CONSTRUYENDO LA DEMOCRACIA
Recorrer México en situaciones adversas era una muestra de la mística del trabajo partidista. A veces sin presupuesto, otras, con unos cuantos pesos que alcanzaban para unos cuantos litros de gasolina y llegar, después de unos cuantos kilómetros, a la población inmediata.
Ahí se buscaban alguna orientación sobre los luchadores sociales del lugar, corriendo con buena suerte, había la posibilidad de cruzar algunas palabras, explicar el objeto de la brigada integrada por dos o tres quijotescos compañeros que anteponían su bienestar físico y a veces emocional, para contribuir a que se diera una transformación de fondo en la patria mexicana, aquella que se formó con la lucha de Morelos, Guerrero, Mina; Ignacio Allende. Después de La Independencia: La Reforma. Los héroes revolucionarios: Villa, Zapata, Felipe Ángeles, Flores Magón; el general Cárdenas y que fue entregándose al capital extranjero por los que se dicen " Herederos de la Revolución " , así explicaba Ernesto Torices a un interlocutor que en silencio aprobaba con la cabeza los argumentos expuestos y con los puños encrispados se solidarizaba con la lucha.
Al terminar, en silencio, entraba a su modesta vivienda y regresaba con unas latas, diez o quince pesos y daba santo y seña para visitar al maestro del pueblo, quién con toda seguridad aportaría algo y así seguir hacia el norte.
Construyendo una red invisible de voluntades se avanzaba con dificultad, pero exaltados por la generosidad de los pobres de estas tierras, que se quitan el pan de la boca para construir un nuevo mundo.
Así, después de cruzar el altiplano mexicano, el semidesierto con miseria y caseríos perdidos en la nada, aparecen a lo lejos las primeras montañas de piedra que avisan a los cansados viajeros que se adentran en la Nueva Extremadura: El paisaje arropado con palmillas del desierto, flores lilas de un intenso colorido y lechuguilla, miles de diminutos magueyitos con los que, - al tallarlos-, se logra una fibra para confeccionar escobillas, tapetes, bolsas y un sin fin de artículos muy apreciados en Europa, dicen los enterados.
Monterrey, en el noreste de México es la capital del estado mexicano de Nuevo León, rodeado por los municipios de Santa Catarina, Garza García, San Nicolás de los Garza, Guadalupe; Apodaca y García, Nuevo León, forman lo que se conoce como el Área Metropolitana, es el destino, pues es la capital industrial del país, es decir, miles de trabajadores por lo que es importantísimo que la presencia del Partido Mexicano de los Trabajadores sea contundente.
Después de sortear el tráfico, el humo, el polvo, se adentra el vehículo de la brigada en la populosa colonia Garza Nieto, el auto - un dart blanco-, disminuye la velocidad y frena repentinamente para preguntar a un grupo de mujeres y niños que conviven en una banqueta tierrosa - Disculpen señoras, no conocen a la Compañera Porfirio Ruíz?- , Si, es la respuesta al unísono. Una vez instalados con Porfiria, explican elocuentemente el objeto de la visita - Es necesario lograr el registro definitivo del partido. Es la prioridad. Así compañera que se requiere de su apoyo, debemos buscar compañeros que tengan interés de sumarse a este esfuerzo, coordinado de inicio por nosotros, pero después con la gente que se integre, la elección constitucional de ese año (1985), será decisiva para la organización y presencia del partido en el país.
Los objetivos se plantearon con vehemencia, claridad y era necesario en una primera etapa realizar asambleas populares en todos los municipios del área metropolitana con la finalidad de darle perfil a lo que serían los comités municipales, para de ahí partir a un esfuerzo de mayor envergadura: la dirección estatal del partido.
Primero se buscó a Macario, presidente vitalicio, ya que no había partido, no había comités, no había presencia de ningún tipo. Se citó a un grupo de compañeros interesados en aportar su tiempo y experiencia para el proyecto. Maestros, empleados, comerciantes informales.
La reunión realizada en la casa de Porfirio no sumó a más de ocho compañeros, destacando, por supuesto, la valiosa participación de Porfiria y Sergio su pareja, quienes tenían experiencia en el movimiento urbano popular, ya que habían sido parte de un esfuerzo conocido como Insurgencia Popular, colonia irregular de donde habían sido desalojados con lujo de violencia y el grupo de había dispersado, sobreviviendo en la actividad política estos compañeros, que ahora, a solicitud de la brigada , se sumaban de inmediato a las tareas.
Como era de esperarse, la reunión dejó frutos, ya que se integró una dirección provisional en diversas áreas que serían quienes llevarían a cuestas el trabajo de las asambleas populares y la conformación de los comités municipales, además si las acciones marchaban conforme lo planeado, a lo mejor hasta se participaría en las elecciones para renovar los ayuntamientos y el congreso local. Todo, sin nada, más que el apoyo de Porfirio y Sergio, la brigada enviada por el comité nacional y un reducido grupo de simpatizantes.
Era menester contactar a más compañeros, así que se buscó a Filiberto Méndez, vecino del asentamiento conocido como Tierra y Libertad, nacido en el sur del estado ( Mier y Noriega), pero afincado en Monterrey con su esposa y sus cinco pequeños hijos. Filiberto convenció a hermanos, tíos, compadres, vecinos y se constituyó el primer comité municipal, el de Monterrey, teniendo como base a la gente de Las Palmas de la colonia Tierra y Libertad.
Las pláticas se multiplicaron, igual las reuniones donde se involucraron compañeros como Salvador Torres mejor conocido como Chavita, el profesor Hipólito, un grupo de maestros del municipio de Escobedo. René Zúñiga que sería el primer presidente formal del partido en el estado, hasta la fusión con diversas organizaciones y partidos para constituir el Partido Mexicano Socialista, sobra decir que no lo fue porque la militancia lo exigiera, no, sino porque ningún compañero quiso relevarlo en tan alta encomienda, por que las actividades de promoción del partido, la presidencia; había la necesidad de estar presentes en los medios, tener reuniones foráneas y junto con el ostentoso nombramiento, se era parte de la brigada, lo que significaba hacer pintas monumentales, volantear, huir de la policia, dedicar tiempo, dinero y esfuerzo a un partido sin registro, sin recursos económicos, realizar asambleas populares en los municipios del área metropolitana, donde la brigada integrada por compañeros de la dirección local del partido viajaba en camiones urbanos, con volantes, una batería de automóvil, un par de bocinas de corneta y el amplificador, así como una manta monumental ( seis por cinco metros ), que anunciaba visualmente la presencia de la brigada y mientras se hacían las conexiones pertinentes para hacer uso del sonido, compañeros iban a pié a repartir los volantes, a veces ayudados por un diablito, era posible traer sonido en toda la colonia, acudiendo casa por casa, tratando de convencer a la gente de abandonar el programa favorito de televisión para que participaran y, en asamblea democrática, convertirse en los dirigentes y promotores del partido en la colonia o pueblo visitado para el efecto.
La respuesta era buena, la novedad del lenguaje utilizado, la exaltación de los héroes nacionales era, sin duda un atractivo, incluso se organizaba entre mecedoras y pequeños arbustos, el debate sobre el futuro de la patria mexicana, pero a la hora de la asamblea popular, pocos, muy pocos acudían al evento central y como llegábamos nos íbamos: sudados, cansados, pero contentos por la respuesta y los contactos logrados que vendrían a fortalecer la presencia del partido y el tan anhelado registro definitivo.
Una vez que la brigada enviada por el nacional lograba el objetivo de involucrar compañeros, ellos seguían su peregrinar. A veces nos visitó Rosalío Hernández Beltrán, otras Alfonso De León o el Bigotón y por supuesto que Ernesto Toríces, comprometido como pocos, artesano infatigable, solidario, que hizo buena amistad con la raza norteña y predicó siempre con el ejemplo. No importaba el sol, la lluvia, los terregales.
Toríces, siempre con la palabra amable. Trepado en bardas trazando. Cosiendo letras plásticas en la manta confeccionada para los eventos callejeros del partido; corriendo como un verdadero diablo con una cubeta con pegamento hecho con harina, agua y sosa, tapizando los postes de las principales avenidas y calles de Monterrey. Los postes a la fecha lo recuerdan: ¡Salario mínimo al presidente, pa' que vea lo que se siente!
Ya en el proceso electoral de 1985 el partido ocupaba espacios en los medios escritos y electrónicos. Los incipientes periodistas se preguntaban como era posible que una gente sin preparación pudieran aspirar a ser legisladores locales y federales, pues si, si podían aspirar ya que en las asambleas populares se hacía una lista y se preguntaba a los participantes si tenían interés de participar como candidatos en el proceso electoral y la respuesta era, por lo general, positiva. Así realizamos numerosas asambleas, una en particular es muy recordada hasta la fecha debido a que se hizo en la zona de tolerancia más vieja de la ciudad: La coyotera.
El día que realizamos la asamblea, con la presencia de la prensa y un grupo aproximada de cuarenta y cinco vecinos del lugar, se hizo una exposición cuidadosa de los objetivos del partido, se integraron las listas de los aspirantes a diputados locales y federales y encabezaron la lista, debido a la votación recibida, una compañera sexoservidora y un obrero ferrocarrilero, quienes fueron entrevistados al finalizar el evento.
María, hizo una exposición elocuente del porque había aceptado, destacando las corruptelas de los inspectores sanitarios y de la policía, además de la marginación imperante y del abuso permanente en contra de personas dedicadas a la misma actividad por parte de los cuerpos policiacos.
Isaías, al responder el cuestionamiento de la prensa, dijo que era insólito que un partido hiciera candidatos a gente del pueblo, ya que a los partidos sólo les interesaba el ciudadano común cuando había votaciones, alejándose de la gente fuera de las elecciones. Además, consideraba que era mejor que llegaran a las cámaras gente sin mañas políticas y supiera verdaderamente de la pobreza y marginación, ya que era parte de ella.
Los compañeros fueron candidatos a diputada federal y a diputado local, el Partido Mexicano de los Trabajadores hacía suya una máxima: El partido debe ser instrumento de lucha para los trabajadores de la ciudad y del campo.
Sin duda un atractivo fundamental para la gente era la presencia como dirigente de Heberto Castillo Martínez, quién en las visitas realizadas a Monterrey logró llenos en las reunione precedidas por él, gente sin partido, simpatizantes, logrando una participación sin precedentes en la ciudad dominada por los partidos Revolucionario Institucional (PRI) y Acción Nacional (PAN), partidos que los caracteriza su doble moral y discurso.
El partido logró registrar compañeros en los once distritos electorales federales, así como candidatos a presidentes municipales de China y Monterrey.
Los resultados locales mínimos, pero Nuevo León contribuyó, a pesar del sectarismo de izquierda en la entidad y del conservadurismo de la ciudad industrial, de que el Partido Mexicano de los Trabajadores, lograra el tan anhelado registro definitivo y tener presencia mínima en el Congreso Nacional.
La lucha no terminó ahí, apenas comenzaba, a medida que la participación de nuestros diputados en la Cámara se daba, los obstáculos para consolidar la presencia del partido arreciaban. No faltaba pretexto para pisar las cárceles en los diversos municipios del estado. Mientras se daban conferencias de prensa, opiniones sobre cuestiones políticas locales y nacionales, el trabajo de organización era necesario y permanente, aún no se contaba con medios económicos para pagar salarios, menos contar con local o vehículos para el trabajo partidista. Quienes figurábamos como dirigentes, debíamos dedicarle tiempo, aportar dineros para el trabajo inmediato y pasar algunas noches detenidos por nuestro trabajo político.
A veces por denunciar a los caciques locales, otras por las asambleas en mercados sobre ruedas -actividad dominguera -, otras más por la pega de carteles amparados por las sombras de las madrugadas cálidas y al no tener la oportunidad de salir en franca y veloz carrera, éramos remitidos por daños en propiedad ajena.
Al llegar a la demarcación de policía, se nos hacían pruebas por la sospecha de haber ingerido drogas y mientras no se enterara algún funcionario menor de las condiciones en que éramos detenidos, pasábamos a formar parte de la población carcelaria.
Al día siguiente: " Las disculpas, el usted perdone, quisieran presentar cargos? ¿Están heridos? " A lo que contestábamos: No, solamente lo estamos en nuestra dignidad de ciudadanos libres.
La historia no terminó ahí, unos meses después entrábamos a las siempre presentes discusiones, pues había la orientación de fortalecer el proceso democrático y formar un nuevo partido político, resultado de la fusión de organizaciones sociales y partidos. Algunos de los compañeros viajamos, con recursos propios, al evento de constitución del Partido Mexicano Socialista en el antiguo Auditorio Nacional, al ingresar, Amparo Ochoa, ataviada de blanco, le cantaba a la esperanza.
En septiembre es el aniversario 30 de la constitución del Partido Mexicano de los Trabajadores (7 y 8, 1974), cimiento moral y ético de lo que ahora se conoce como Partido de la Revolución Democrática en un país donde el 52 por ciento de la población vive en la pobreza y un 26 por ciento en la extrema pobreza.
Es relevante destacar el papel de la gente que con su participación, ha construido una incipiente democracia, en un país donde las instituciones se han debilitado en un proceso de cambio que no ha dado los resultados esperados por la ciudadanía.
El principal promotor de este instrumento de lucha fue Heberto Castillo
Martínez, infatigable luchador social hasta su muerte.
* Nació el 9 de Agosto de 1954, en la ciudad de Monterrey, del estado de Nuevo León, ondero entusiasta. Publicó en El Sol de Toluca, El Heraldo de Toluca, 1972-74, "Tonalamatl", órgano de sedición artística con otros cuadernos del alma. Una que otra modesta colaboración en los tiempos del maestro Rejano (El Nacional), después en pasquines no reconocidos y sin registro, otras revistas y periódicos en México, Guadalajara y Monterrey, como El Porvenir (colaboraciones esporádicas en los 80) y Oficio (revista).