Reseña


UN LATINOAMERICANO DE PALABRA Y OBRA


Vanny Guzmán *

Andrés Bello. Una antología distinta, Editorial Sudamericana, Buenos Aires 1990. 102 pp.

Andrés Bello es uno de los hombres más brillantes de Latinoamérica en el siglo XIX y un ferviente enamorado de estas tierras, a las que se dedicó a exaltar en las letras y en las acciones más diversas, que como intelectual desempeñó. Andrés Bello es considerado uno de los más excelentes poetas románticos y un polígrafo de los clásicos que ha dado el continente (filólogo, jurisconsulto y maestro, entre muchas otras actividades). El incansable y genial ser, nació en Caracas, Venezuela, en 1781 y murió en Santiago, Chile, en 1865.

Ciudadano de América, a la que se dedicó su vida y le sirvió desde las más diversas trincheras, de la política a la diplomacia, su larga y fructífera existencia le permitió asistir como testigo activo a las batallas independentistas más célebres de América del Sur.

Entre los hechos más importantes de su vida, sobresale, que fue maestro de Simón Bolívar, y también representó a su natal Venezuela como diplomático ante el gobierno inglés. Tal vez lo más doloroso para él, fue ver el derrumbe del sueño libertador de Bolívar y otros próceres de su tiempo de fundar la patria grande con la integración de varios países de Sudamérica.

Entre las preocupaciones más grandes del prohombre, despunta en importancia, la preservación y acrecentamiento de la cultura, así como la de dar a conocer el pensamiento de los más destacados intelectuales contemporáneos, y por eso mismo, en cada uno de los países donde le tocó vivir, tuvo como objetivo primordial, la fundación de publicaciones que pudieran facilitar la difusión de las más grandes ideas de su tiempo.

La Gaceta de Caracas fue la primera publicación que concibió, dio forma y vio nacer en 1808. Bello trabajó en ella, como redactor y jefe y sus colaboradores y socios más importantes fueron los ingleses Mateo Gallagher y Jaime Lamb, dueños de una imprenta.

Dos años después (1810), Bello se marcha a Inglaterra para prestar sus servicios como representante diplomático de Venezuela, a donde lo acompañaron sus discípulos: Simón Bolívar y Luís López Méndez. En esa nación europea se dedicó a la lectura y estudio de cuantos libros y temas se le presentaron, lo que le permitió, convertirse en un erudito, en especial, en humanidades clásicas, la filosofía, la historia, la gramática, el derecho, la geografía, la literatura clásica y europea.

En la diplomacia también se le pidió que representara a Colombia ante el Reino Unido. Regresó al continente en 1829, para dedicarse al desempeño de diferentes cargos que le fueron asignados por el gobierno chileno, pero, donde Bello trabajó muy duro. En esa etapa, uno de sus principales objetivos fue en crear el proyecto para dar impulso a la fundación de la Universidad de Chile, lo cual consiguió hasta 1842, y cuando al fin abrió sus puertas esa casa de estudios. El poeta se convirtió en el primer rector de la institución.

Bello, como amante y estudioso de la lengua española, obtuvo el reconocimiento de la Real Academia de la Lengua en 1851, cuando fue admitido como “miembro honorario”. Mientras se dedicaba a la redacción de un Código Civil para Chile , el cual se aprobó en 1855. Escribió casi al mismo tiempo una Gramática Española , lo que le valió que para 1861, la Real Academia de la Lengua Española lo designara Miembro Correspondiente.

Al igual que muchos de los intelectuales de su tiempo, el literato estuvo siempre ligado a los círculos de intelectuales en todas partes donde vivía y se hizo notable, principalmente como poeta, y dos temas han sido los que él retoma con más frecuencia en sus versos: la Geografía Continental (paisajes, ríos y en general el entorno y sus accidentes) y la Historia , materia de la que fue uno de los más profundos conocedores de su tiempo.

Como hemos apuntado, la naturaleza exuberante de los países sudamericanos que tanto amor le inspiraba a Bello, fue objeto de mucha de su producción literaria y poética. Y como ejemplo, tenemos: “No para mí el arrugado invierno”, en el que dedica un airado desdeño a los climas del norte europeo y recrea una nostálgica evocación de los de su natal y caribeño país con estas palabras:

Que quién el patrio nido
y los amores de su niñez
dejó todo es invierno.

Los entrañables recuerdos de su amada Venezuela siempre están presentes a donde quiera que él vaya:

No prescriben los derechos
Del patrio nido
En los humanos pechos.

Pero ante todo es presa del nostálgico amor por la campiña, y ello se patentiza en su poema “ La Chacra ”:

¡Al campo! ¡Al campo!
La ciudad me enoja...
Pláceme ver en la llanura al guaso
Pláceme penetrar quebrada umbrosa
Naturaleza da una madre sola
Y da una sola patria
Y no me avisa ingrato hierro,
Ni despistado el lisonjero hechizo
Oigo decir a nadie ¡advenedizo!

O en “Adiós campiña hermosa”:

Vine a tu caro asilo
Y respiré tu ambiente;
Y al ánimo doliente
Sentí la paz volver.

La vida campesina encuentra a uno de sus mejores apologistas en Bello y prueba de esto la encontramos en el célebre poema, “La agricultura en la zona tórrida” que entre sus fragmentos reza así:

¿Amáis la libertad?
El campo habita
No allá donde el magnate
Entre armados satélites se mueve
Id a gozar la suerte campesina
El aura respirad de la montaña;
Que devuelve al laxo cuerpo
El perdido vigor
Que a la enojosa vejez
Retarda el paso,
Y el rostro a la beldad tiñe de rosa...

Los profundos conocimientos de la historia antigua y contemporánea se revelan en Bello en su “Alocución a la poesía” hace un recorrido literario desde México hasta el Río de la Plata y son cantadas desde la Conquista española hasta las luchas por la Independencia , así mismo los gloriosos heroicos hombres del pueblo son celebrados junto a los más connotados y grandes hombres:

Diosa de la memoria, himnos te pide
El imperio también de Moctezuma,
Que, rota la coyunda de Iturbide

Llegada a puerto venturoso, un día,
Los héroes cantarás a que se debe
Del arrebato primero la osadía;
Que veteranas filas rostro hicieron
Con pobre, inculta desarmada plebe
Excepto de valor, de todo escasa.

Cuando Bello se refiere al libertador Simón Bolivar lo hace de este modo:

Algún sublime ingenio, que levante
El vuelo a tan espléndido sujeto,
Y que de Popayán lo hechos cante

¡Miranda! De tu nombre se gloría
También Colombia; defensor constante
De sus derechos; de las santas leyes,
De la severa disciplina amante...

Para Bello, como para Simón Bolívar, los problemas de América pudieron ser más leves si el continente fuera un solo país, por ello deploró mucho la desintegración Colombia. Hecho que se dio en 1828.

En “Canción de la disolución de la Gran Colombia ” hace una viva protesta contra el quebrantamiento y disolución del sueño bolivariano y lanza una llamada de atención por las desgracias que esperan a los países que están surgiendo de ese separatismo:

Guerra entre hermanos, fiera guerra, impía
Do el frenesí, do la lid crimen
Y aún el vencedor ignominioso fuera...

A Bello, como buen maestro que fue, le gustaban las fábulas, y cultivó también con gran éxito ese género literario, ya que por su sencillez, a menudo las utilizaba como método, para ilustrar y hacer más amenas las lecciones en el aula y también como guía para sus lectores, pues en ellas, siempre hay una moraleja, que puede transpolarse al campo de la realidad. Y se expresa así, cuando previene a los pueblos americanos contra la disgregación, el separatismo, los intereses mezquinos y sobre todo, ante los conflictos bélicos que se avizoraban ya.

Bello, se nos revela como un visionario del porvenir de los pueblos americanos a los que dedicó su vida, y en una de sus fábulas lanza una profecía que es a la vez una seria advertencia y epilogo para que se abstengan a toda costa de pedir la intervención extranjera al tratar de solucionar los conflictos que llegasen a surgir entre ellos pues él esta convencido de que las resoluciones debieran ser de exclusivo interés interno. En “El hombre, el caballo y el toro”, lo resalta de este modo:

Pueblos americanos
Si jamás olvidáis que sois hermanos,
Y a la patria común, madre querida,
Ensangrentáis en duelo fratricida,
Ah, no invoquéis,
por Dios, a gente extraña...
¿Ignoráis cual ha sido su costumbre?
Demandar por salario
tributo eterno y dura servidumbre.

Hay que reconocer que Bello, como hombre y como intelectual, debe ser considerado como uno de los grandes fundadores de la latinoamericanidad y de la identidad cultural y moral de América Latina.

* Estudio la carrera de Estudios Latinoamericanos en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

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