Reseña


RÉQUIEM POR UN BÁRBARO DIFUNTO


Vanny Guzmán *

Sarmiento, Domingo Faustino Facundo, Biblioteca de Ayacucho, Caracas Venezuela, 1977, 371 pp.

“¡Sombra terrible de Facundo, voy a evocarte, para que sacudiendo el ensangrentado polvo que cubre tus cenizas, te levantes a explicarnos la vida secreta y las convulsiones internas que desgarran las entrañas de un noble pueblo!”

Facundo no ha muerto, está vivo en las tradiciones populares, en la política y en las revoluciones argentinas, en Rosas, su heredero y complemento”

Domingo Faustino Sarmiento escribió Facundo 1845, diez años después de la muerte de Juan Facundo Quiroga en Barranca Yaco, el 16 de noviembre de 1835. Facundo , el personaje y el hombre, es un caudillo provincial que alcanzó gran arraigo entre las masas provinciales y nació, al igual que Sarmiento, en la provincia argentina de San Juan.

Facundo es una biografía, es una denuncia, es una geografía y un retrato temporal y fiel de un país que trata de definir a su destino como único frente al mundo.

En Facundo se describe la campaña militar de Juan Facundo Quiroga, a lo largo de las provincias argentinas, en defensa del federalismo como ideología del partido gobernante, a cuya cabeza estaba Juan Manuel de Rosas.

En Facundo también se destaca la importancia de la geografía en la lucha interna de Argentina y contra otras naciones en busca de su consolidación como nación libre. “En Facundo Quiroga no veo un caudillo simplemente, sino una manifestación de la vida argentina, la configuración del país y los hábitos que ella engendra”, apumta.

Sarmiento, el educador, el viajero, periodista, perseguido y preso político, es un pensador original, sin embargo, entre sus críticos, se negaron a reconocerlo como un creador puro, pues se mantuvo en continua debate con sus contemporáneos intelectuales y políticos.

Hay autores que dicen que Sarmiento abrevó en lo político, básicamente del pensamiento y obra de Alexis de Tocqueville, al que cita en varios de sus escritos: “A la América del Sur en general, y a Argentina sobre todo, le ha hecho falta un Tocqueville”, escribió.

Víctor Cousin tiene una gravitación en el pensamiento de Sarmiento, pero de modo muy especial, campean en sus escritos las ideas del estadounidense Fenimore Cooper, autor de El último de los mohicanos, obra en la cual “descubre” el significado de Civilización y Barbarie, para aplicarlos con singular maestría en cada uno de sus artículos y ensayos posteriores a esa lectura, ante todo, en Facundo .

Y Civilización y Barbarie es el primer título con que apareció como folletín por tres meses Vida de Juan Facundo Quirog en El Progreso, periódico fundado en los primeros meses de 1845, por Sarmiento en Santiago de Chile, donde fue designado ese mismo año como fundador de la Facultad de Filosofía y Humanidades, pese a la polémica que mantenía de meses atrás con el impulsor, creador y rector de la Universidad de ese país, el venezolano Andrés Bello, a través de las páginas de El Mercurio, otro periódico en el cual ambos colaboraban.

Sarmiento es un hombre de letras y acciones, que utiliza la pluma como arma que le permite emprender la defensa de sus ideas y las del Partido Unitario, cuyo ideario abrazó cuando cumplió 19 años.

“Me informé de las tendencias y objetos de los partidos, y no me fue difícil escoger el que más me convenía. Veía en uno a los viejos retrógrados, a los antiguos godos, a los gauchos ignorantes: en otro a los jóvenes, a los antiguos patriotas y a los que abogaban por la libertad. Nada, más necesitaba, fui unitario desde entonces”, indica.

Él escribe para denunciar la injusticia y el desorden social imperantes en su país y para combatir a Juan Manuel de Rosas, a cuya gestión califica de “personalista” y “criminal” y confiesa que “el combate a Rosas y su gobierno, fue mi sólo estimulo en el trabajo, mi solo sostén en los días malos. Y si alguna vez hubiera querido suicidarme, esta sola consideración me hubiera detenido, como a las madres que se conservan para sus hijos”.

En la lectura de la obra es posible apreciar varias dialécticas, que aparecen como constantes en la personalidad y conducta de Juan Facundo Quiroga y sus secuaces, como en la del pueblo, las cuales marcan el devenir y futuro de la nación sudamericana.

El país está dividido en partidos (Federal y Unitario) y en bonaerenses y provincianos, pobres y ricos, estancieros y peones y en gauchos e indios, de donde resultan las querellas y los descalificativos personales y de grupo, que acaban en guerras civiles que mantienen en vilo y al filo del puñal a todo el país.

Sarmiento escribe que “las montoneras, provinciales con sus caudillos a la cabeza; con Facundo Quiroga, triunfante en todas partes en la campaña sobre las ciudades, y dominadas éstas en su espíritu, gobierno y civilización, han llegado a formarse al fin el gobierno central federalista y despótico del estanciero don Juan Manuel de Rosas, que clava a la culta Buenos Aires el cuchillo del gaucho y destruye la obra de siglos: la civilización y la libertad”.

En esos violentos tiempos, en Argentina no es lo mismo ser un civilizado, culto, decente y bien vestido ( cajetilla ) como llamaban en la Pampa y en las provincias al habitante de la cosmopolita Buenos Aires, que un baqueano , rastreador, gaucho malo o cantor, como caracteriza Sarmiento al habitante provinciano por excelencia o un gaucho a secas, que deambula por los llanos y merodea las estancias ganaderas para sobrevivir.

El gauchaje, desde los tiempos de la guerra de independencia, engrosó las filas de ejércitos irregulares comandados por caudillos locales que en muchas ocasiones peleaban su propia causa y se caracterizaban por ir a las batallas, carentes de pertrechos, por no tener disciplina militar alguna y por no poseer las armas de uso corriente en el ejército regular.

A nivel popular, se les conocía como las montoneras , porque “la asociación bélica de la montonera provincial es hija legítima de la venta y de la estancia, enemiga de la ciudad y del ejército organizado, patriota y revolucionario”.

Para Sarmiento, la situación en su país se debe en mucho a la dictadura que ha tomado como rehén a Buenos Aires, abandonando en el desorden a las provincias, para él, esa es una preocupación grande y constante.

La preocupación se hace evidente en las denuncias diarias que emprende de la misma, para lo cual utiliza todas la tribunas a su alcance, pues desde su óptica. “Don Juan Manuel de Rosas, representa la naturaleza campestre, colonial y bárbara”.

Pero la barbarie de Argentina tiene su génesis en la fisonomía y características del suelo y en las costumbres y tradiciones populares y en la conducta de los indios, cuya diaria rebelión esta enfrentada al cosmopolitismo que representa la ciudad de Buenos Aires, ciudad que a los ojos de Sarmiento, es el paradigma refractario, de las luces del intelecto europeo de avanzada en América.

La deplorada tradición española que permeaba en las clases sociales es una herencia que pesa fuerte y cala hondo en Argentina y en otros países del continente, pues les tocó nacer a la vida independiente con vicios y carencias difíciles de erradicar y mas superar, sobre todo en cuestión de las instituciones caducas como lo son la inquisición religiosa y el absolutismo político.

Ambas se oponen a los ideales revolucionarios sociales e industriales emanados de las modernas Francia, e Inglaterra que han venido a transformar la teoría y práctica del quehacer político y económico en Europa, pero que nada han podido hacer en América. Y en el caso específico de Argentina se expresan como una “conciencia nacional inicua y plebeya residual.”

Sarmiento concede razón a la democracia, y reconoce que de algún modo, toda la población, incluso, las capas inferiores de la sociedad “han participado” y se han visto afectadas con la revolución de 1810. Facundo es en Argentina la obra escrita que denuncia los vicios políticos, la desunión y las facciones que medran por todos lados y que son la causa más profunda del empobrecimiento nacional y de la miseria social.

Facundo está dividida en dos partes y en la primera se explican con lenguaje llano, aunque no por ello exento de belleza literaria, las cualidades del inmenso y fértil paisaje de la despoblada pampa y lo que a nivel social conllevan. “Los accidentes de la naturaleza producen costumbres y usos peculiares a estos accidentes, haciendo que donde se repiten resuelvan a encontrarse los mismos medios para en ellos inventados por pueblos distintos.”

También se narra el origen, el carácter y los primeros años en la vida de Juan Facundo Quiroga. La mención de los caudalosos y navegables ríos argentinos nunca explotados a esas fechas, nos remite a la reflexión de que el poco avance, que en esos tiempos presentaba Hispanoamérica, se debe sin lugar a dudas al irracional celo que la Metrópoli española mostró desde siempre con respecto a la introducción de tecnología en sus colonias y que ya era de uso corriente en otros lados del mundo.

La actitud favoreció sin querer a las otras naciones europeas que estaban arribando al naciente mundo industrial y e inundaban a las colonias indianas con todas sus novedosas manufacturas.

La segunda parte de la obra se refiere a las aventuras y las campañas que libran los caudillos entre sí y su lucha a muerte por la hegemonía personal y las ideas que tenía cada uno, de como se debería gobernar al país, todo ello, acaba por determinar el establecimiento en Argentina, del régimen republicano como modo de gobierno.

Sin embargo, la culpa de la desorganización y el caos social, para Sarmiento, recae en los criollos gauchos que han sido incapaces de procurar la caída total del régimen colonial español y dar un impulso decidido a la reconstrucción del país sobre las bases del trabajo organizado y pacífico, “porque en Facundo no veo un caudillo simplemente, sino una manifestación de la vida argentina, tal como la han propiciado la colonización y las peculiaridades del terreno”.

La guerra civil, en la cual se enfrascan los diferentes caudillos y en la que participan casi todas las provincias, lleva a la consecuencia de la desaparición violenta de muchos de ellos y obliga a los triunfantes a emprender sobre las ruinas de la nación la reconstrucción de una nueva etapa en la historia del naciente Estado, porque “Facundo no ha muerto, está vivo en las tradiciones populares, en la política y revoluciones argentinas, en Rosas, su heredero y complemento.

La muerte de Facundo y las circunstancias que la rodean hacen reflexionar a Sarmiento en que ella, lo cual representa un fenómeno de envergadura y alcances nacionales, ya que “con su muerte no queda terminada una serie de hechos que me he propuesto coordinar... y necesito continuar más adelante en el camino que llevó para examinar los resultados que produce en le política interior de la República , hasta que el número de cadáveres que cubren el sendero sea tan grande que me sea forzoso detenerme hasta esperar que el tiempo y la intemperie los destruyan para que desembaracen la marcha”

Para Sarmiento, en este punto es tal la saturación del crimen y asesinatos que se comenten a diario, en su golpeado país que es casi imposible superarlos.

Sin embargo, hace llamados desesperados a la dignidad e incluso a la histórica vanidad de los argentinos, para que tengan la fe suficiente como para propiciar entre todos el despegue nacional que permita dejar atrás la guerra civil que ha mantenido paralizada a toda la sociedad. Y exhorta a sus compatriotas: “¡Ay del pueblo que no tiene confianza en sí mismo!¡ Para ese no se han hecho las grandes cosas!”

Sarmiento tiene un modo apasionado para comunicar sus ideas y es un convencido de que debe establecerse un compromiso común y una cierta complicidad entre el autor de una obra literaria y sus lectores, y haciendo alarde de sus dotes del gran maestro que es, recurre a la técnica de las preguntas y las vueltas continuas para situar a los sus lectores en las ideas que le interesa recalcar.

Él ha vivido la realidad descrita en Facundo y, por eso mismo, cuando en sus escritos se percibe su espontaneidad y se sitúa como parte integrante y fundamental de su propia obra.

El relato es meticuloso y el autor se desplaza en el como pez en el agua, al igual que en los planos temporales y geográficos, llevando de la mano a sus lectores, para compartir con ellos sus vivencias en la epopeya argentina que va narrándoles, sin que por ello deje de adoptar la solemnidad que se requiere, para asumir la tragedia nacional que les pinta recurriendo con prolijidad a las metáforas, cada vez que se requieran.

Lo que cuenta Sarmiento en Facundo es asunto que todos atañe, la deplorada época del terror en que se ha sumergido el pueblo argentino, la guerra civil, la revuelta constante, el caudillaje provincial, llanero y gauchezco aunado al mal gobierno rosista bonaerense, no debe ser nunca ajeno al resto de países y ciudadanos de Hispanoamérica, y más bien debe ser el ejemplo de lo negativo que se debe evitar.

El escritor increpa a sus lectores desde las páginas de la obra para que no vean con burla o desenfado, toda esa miseria que toco vivir su país. Pues todos los habitantes del continente, tienen el mismo origen y la historia del coloniaje español, ha marcados a todos con el mismo y candente hierro.

En el plano moral y filosófico, Sarmiento propone que la República argentina ha de ser un Ave Fénix que a pesar de todas y las desgracias personales y familiares, aunadas a los problemas sociales y económicos, guerras internas e invasiones extranjeras que ha vivido, levantara un día el vuelo de entre sus ruinas y sobrepasará el despecho de naciones poderosas, como Inglaterra que pugnaba por adueñarse riquezas argentinas y trataba de normar sus instituciones.

Sarmiento amó como nadie a su patria y sobre la crítica y análisis hace acerca del tiempo y la realidad que observa, expresa también su fe en la gente y en el porvenir: “ La grandeza del Estado, está en la pampa pastora, en las producciones tropicales del norte y en el gran sistema de ríos de navegación cuya aorta es el Plata”.

Desde su punto de vista, la grandeza argentina radica en la unificación, mediante la pacificación del extenso, diverso y rico territorio en que le toco nacer. Sarmiento como hombre y como político, tuvo muchas razones para aborrecer a Juan Facundo Quiroga, pero en la obra le hace el más grande elogio que un intelectual de su talla pudo haber hecho a un bárbaro cuando escribe: “Facundo Quiroga, empero, es el tipo más genuino de la guerra civil de la República Argentina; es la figura más americana que la Revolución presentó”.

Sarmiento es un hombre y un autor justo, pues a cada hecho, a cada espacio y a cada hombre, acaba situándolo en su lugar y reconoce las cualidades de Facundo, también condena sin dejar ninguna duda a Rosas y su gobierno.

Facundo bárbaro, valiente y audaz es reemplazado por Rosas, falso de corazón helado, espíritu calculador que hace el mal sin pasión y organiza el despotismo con toda la inteligencia de Maquiavelo, tirano sin rival, Rosas es cobarde y sanguinario”.

Sarmiento opina de sí y de Rosas que “ambos son testarudos, Rosas se propone llevar adelante sus antojos por medio fe la tenacidad, la astucia, la intriga y la opresión: El otro lleva adelante sus ideas a la luz del día, por la prensa, por los libros, por los periódicos, por la discusión (...). Ambos son envidiosos”.

Rosas le envidia a su enemigo la mesura y quieta reputación que se ha hecho entre los argentinos de querer el bien para su país (..) Sarmiento le envidia el puesto admirable que ocupa, y si pudiera suplantarlo, lo que se promete para dentro de diez años, se forma mil castillos de todas grandes cosas que realizaría con el concurso de todos sus compatriotas”. (Periódico La Crónica , 1849)

Juan Manuel de Rosas es derrotado y muerto en mayo de 1852 en la batalla de Caseros y Domingo Faustino Sarmiento estaba en esa batalla, pero su momento para alcanzar la presidencia llegaría hasta el 12 de noviembre de 1868 y ganaría por 79 votos de 131 votos.

Sarmiento opina que su propia obra es un libro escrito bajo el signo de la lucha por la libertad y nos predice que alguna vez Facundo formará parte de la historia argentina. Asegura que escribe para combatir la barbarie y el crimen de Rosas y por “ambición literaria”. Sus escritores favoritos son el poeta Esteban Echeverría y sus poemas son sus favoritos, porque según él, el literato “halló la inspiración que proporciona la imaginación, el espectáculo de la naturaleza solemne grandiosa inconmensurable y callada”.

A Sarmiento le gusta la literatura, fue un lector desde su más tierna niñez, conoció a los clásicos y a casi todos sus contemporáneos, americanos y europeos, pero tuvo especial gusto por la poesía como género, de la cual que “es como el sentimiento religioso, una facultad del espíritu humano”.

* Estudio la carrera de Estudios Latinoamericanos en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

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