LA RECESIÓN DEL MODELO IMPOSIBLE
José Repiso Moyano *
La ciudad industrial -que liberó la sociedad del sistema autárquico medieval- climatizada por una burguesía mercantil rompedora de todo lo preestablecido oligárquicamente abre el camino a lo que hoy llamamos capitalismo, con dos pilares que lo fundamentan: el libre mercado y el consumo arbitrario.
Ahora bien, si el cristianismo -u otra religión paralela- instigó revolucionariamente un modelo de bondad -de dar- y de justicia social -de permitir- que ya nunca descansará en la memoria colectiva de cualquier sociedad, el capitalismo sólo significó el uso y abuso de un nuevo poder centralizador de los bienes que, si bien en los países que lo dirigieron se repartió algo más, las medidas explotadoras y expoliadoras, autoproteccionistas con políticas bilaterales -arancelarias, de deflación de precios, de restricción de divisas, de control de la balanza comercial favorable siempre a la manufactura, etc.- protagonizó un sistema que poco a poco esquilmaría a los otros que habitan en el mundo y que son la inmensa mayoría.
En consecuencia, la inmensa mayoría ha estado resistiéndose a un orden impuesto que, desde el principio, establece el mando o las ventajas de unos privilegiados; que, desde el principio, no puede impugnar más defensas que las que ya les han dibujado ellos -y los sabiondos que trabajan para ellos-.
Pero la base, el mercado libre, nunca pudo existir ni podrá existir como libre. Ellos mismos se retractarían o lo demostrarían en sus acciones: limitarían una y otra vez lo que de libre quisieron exonerar. Y lo hicieron a su favor, ideando un egoísmo intrínseco de régimen comercial o fiscal "despelotándose" en el monopolio y en la contingencia de importaciones. Una de dos:o los países pobres aceptaban este régimen de monopolio en el cual se hundirían o no lo aceptaban, algo que los hundiría también -aunque un poco menos-.
A partir de la Primera Guerra Mundial, la creación de instituciones económicas limitaron aún más lo que de libre quería exonerar este mercado libre. Desequilibrándose todo buscaban el equilibrio económico abandonado y limitaron más al mercado libre con más reglas, reglas que pretendían paz para ellos más que justicia para otros. Algunas de estas instituciones fueron la Unión Aduanera Europea y la Sociedad de Naciones que terminaría disolviéndose.
En definitiva, estamos aún en este proceso: de limitación a
limitación porque el sistema capitalista -impuesto, claro- da de
cabeza contra su propia incoherencia, una incoherencia que
se puede resolver sólo con más y más limitaciones; ya que la
libertad no es "su paz", sino que las reglas se ocupen también
-con un método de reconocimiento- de las desventajas de los
otros.
* Pensador, poeta, narrador y ensayista español, nacido en Cuevas de San Marcos (Málaga). Ha publicado: Cantos de sangre, Ediciones Rondas,Barcelona, 1984, y La muerte más difícil, Ediciones Torre Tavira, Cádiz, 1994. Ha ganado los premios: "Ángel Martínez Baigorri" de Navarra y "Encina de la Cañada" de Madrid. Es asesor literario de la colección Torre Tavira de Cádiz, donde ha publicado los plegables La muerte más difícil (1994), Carne de cañón (1996), Soñada luz (1999) y La caja de cristal (2000). Ha colaborado con ensayos, artículos y poemas en las revistas Casa de las Américas (Cuba), La palabra y el hombre (México), La Nuez (EU), Julia (Puerto Rico), Repertorio Americano (Costa Rica), Turia (España), Signo (Bolivia), Nueva Avenida (Argentina), Trizas de Papel (Venezuela), El Universitario (El Salvador), Índice (Colombia), La Bota Literaria (Argentina), así como Zurgai, La luna de Mérida, Extramuros, Los Papeles de Río Seco, Fábula, Los Cuadernos de Bronce y Barcarola (España).