Ensayo


LA HISTORIA NO SE HA RESIGNADO


José Repiso Moyano *

Toda una serie de derechos individuales se nos hacen más o menos prácticos; pero todas las grandes transformaciones sociales se nutrieron de revoluciones -por asunción de conocimientos- del pensamiento. El cristianismo surgió inmediatamente posterior al esplendor cultural greco-latino; y no es vano decir que la filosofía cristiana jerarquizó la conversión mística de purificación helenista, San Agustín adoctrinó las ideas platónicas en beneficio teológico y Aristóteles no fue dejado de lado tampoco por su concepción de unión sustancial entre cuerpo y alma.  

Luego, a partir del siglo XII, el acceso de la población feudal a la cultura a través del conocimiento físico de lo exterior -que lo permitió el comercio- y a través de la universidad revirtió en bastantes oposiciones al dogmatismo y clericalismo imperantes (racionalismo, humanismo, contrarreforma, agnosticismo, etc.) que, junto al descubrimientos de "nuevos mundos", ayudó a idealizar un ser humano más libre al anterior predeterminado por directrices tan solamente dogmáticas; pues, el ser humano ahí, se valoró tanto como lo divino, se autorreconocía como protagonista de la historia, se desencadenaba de su teocentrismo (el Renacimiento).  

Pero en el siglo XVIII, la fe ya puesta en la razón, el fortalecimiento de nuevas ideologías y religiones críticas, el pensamiento ilustrado, el dinamismo social y el desarrollo científico reaccionaron juntos contra el Antiguo Régimen; aunque siempre a favor de una sociedad más descentralizada en poder, más protagonista política y socialmente que más tarde dio sus frutos en la Revolución Francesa.  

La Revolución Francesa fue y es, pues, la verdadera referencia para nuestra modernidad: Los usos y abusos de los seres humanos fueron todos examinados (pérdidas de confianza a la predeterminación, al orden de las clases sociales, al esclavismo y a la servidumbre -que fue abolida-, al absolutismo o despotismo de poder político y religioso, etc.) y también significó el optimismo claro por una sociedad mejor que se enalteció popularmente por encima de cualquier regla, de cualquier prejuicio decretado, e incluso de cualquier institución.  

La Revolución Francesa fue una ruptura no esencialmente con las desgracias que luego acompañarían al ser humano, sino con la desgracia fundamental de no poder disentir, de no poder decir no y resignarse.  

Camus decía que si falta sentido a la existencia es porque falta rebeldía, es porque falta el no querer organizar lo organizado de otra forma; en definitiva, una organización social determina "eternamente" mientras que el ser humano no esté decidido a cambiarla: su resignación es su propia traición.

* Pensador, poeta, narrador y ensayista español, nacido en Cuevas de San Marcos (Málaga). Ha publicado: Cantos de sangre, Ediciones Rondas,Barcelona, 1984, y La muerte más difícil, Ediciones Torre Tavira, Cádiz, 1994. Ha ganado los premios: "Ángel Martínez Baigorri" de Navarra y "Encina de la Cañada" de Madrid. Es asesor literario de la colección Torre Tavira de Cádiz, donde ha publicado los plegables La muerte más difícil (1994), Carne de cañón (1996), Soñada luz (1999) y La caja de cristal (2000). Ha colaborado con ensayos, artículos y poemas en las revistas Casa de las Américas (Cuba), La palabra y el hombre (México), La Nuez (EU), Julia (Puerto Rico), Repertorio Americano (Costa Rica), Turia (España), Signo (Bolivia), Nueva Avenida (Argentina), Trizas de Papel (Venezuela), El Universitario (El Salvador), Índice (Colombia), La Bota Literaria (Argentina), así como Zurgai, La luna de Mérida, Extramuros, Los Papeles de Río Seco, Fábula, Los Cuadernos de Bronce y Barcarola (España).

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