A RÍO REVUELTO
Luego del impacto de la tragedia, el dolor más profundo tiene que ver con la reparación de daño. Cuando las aguas vuelven a su cauce, el fuego se apaga o los escombros de un sismo son removidos; las víctimas se enfrentan a la reconstrucción, proceso doloroso que la mayoría de las veces evidencia lo más nefasto de la naturaleza humana. Resulta difícil proponerse una vida sin sobresaltos cuando el entorno está lleno de escombros; la casa, los muebles, las bancas escolares, los cables rotos quedarán ahí como mudos testigos de omisiones, falta de planeación, imprudencia y hasta genialidades de los improvisados. El vacío dejado por los seres queridos sin sepultura, la impotencia y el enojo se convertirán en los mayores escollos para volver a la armonía necesaria en una sociedad que de forma abrupta tomó conciencia de lo poco hecho por aquellos a quienes se dio la representatividad y responsabilidad de conducirlos.
En Chiapas, el primer mandatario expresó su molestia contra los comerciantes que lucran con la canasta básica ¿Se olvidaron los funcionarios del cambio de las leyes del mercado? ¿No es verdad que el producto más caro es el escaso? Lo grave del asunto estriba en que esta usura que de pronto les horrorizó, ha sido un sufrimiento continuo -aún antes de las lluvias torrenciales- para la gente pobre cuyo número ha venido en aumento constante desde la implantación de perversidades económicas extralógicas, nugatorias de los derechos y sistemas jurídicos construidos a golpe de historia, de cultura y de sangre derramada desde el siglo pasado. Las reformas y contrarreformas a la Constitución y las leyes que de ella emanan han causado más daño a la vida institucional del país que las aguas lodosas desbordadas: Por privilegiar la inversión privada, cínicamente los dueños de nuestro espacio aéreo y cibernético proclaman que todo el territorio nacional es de ellos, los errores técnicos de empresas petroleras a quien el gobierno -en violación flagrante de la voluntad popular- permite explotar un recurso no renovable, han dejado en la orfandad y el desamparo a ciudadanos a los que antes se protegía y hasta la democracia se ha convertido en negocio de unos cuantos privilegiados en los que ya nadie cree.
Con el garlito de la democracia participativa vino el furor de la ciudadanización de las instituciones, y hoy Televisa dicta normas que deben acatar los aspirantes a gobernar, quienes en su desvarío aclaman la iniciativa de someterlos a exámenes y debates por ellos diseñados. ¿Qué no era el pueblo el soberano? ¿Dónde quedó el espíritu del Constituyente de 1917? ¿En qué momento el IFE abandonó su tarea sustantiva de organizar las elecciones para convertirse en juez y parte? Golpe a golpe, se ha borrado de la memoria colectiva la lucha educativa de una nación que se ocupó de abatir el analfabetismo; atrás quedó el orgullo de una universidad pública que en los años 60 se situaba entre las 10 más importantes del mundo y que todavía en los 80 manejaba altos índices de investigación; hoy a los maestros se les desprecia, se les identifica con el desorden, su lucha es calificada de guerrilla y sus filas sindicales han sido infiltradas por los trepadores. En el colmo del cinismo, se evita mejorar las condiciones del trabajador intentando equiparar a todos los jubilados en la situación de parias. México está lleno de damnificados, pueblo que nunca podrá acceder a la educación que nosotros tuvimos, familias que seguirán viviendo en la zozobra por la ausencia de una política para impedir el acaparamiento de la riqueza logrado a fuerza de complicidades entre los hombres que hoy pretenden legitimar su plutocracia y oligarcas que arribaron al poder hace ya dos décadas. Y si acaso esto pudiera revertirse ¿quién reparará los daños?
* Comunicóloga.