Periodismo


EL CUARTO PODER


Lilia Cisneros Luján *

Expertos en Teoría del Estado, han señalado que una vez llegado al sumum de la euforia electoral, se arriba a un estado híbrido de cosas en el que la prevalencia de los medios de comunicación se convierte en característica indubitable del descenso llamado posdemocrático. Cuando los medios de comunicación, asumidos en diversas épocas como el cuarto poder, se arrogan las funciones de los otros tres; obligadamente se ve afectado el equilibrio indispensable para el funcionamiento del Estado de Derecho. Esta premisa ha alcanzado el grado de aberración desde el último tercio del siglo XX. Voces como la de Vance Packard y Armand Mattelart, advirtiendo en los 60 sobre los riesgos de la agresión desde el espacio a los estados nacionales; la manipulación de las conciencias por la repetición de mensajes -masaje decían los paladines de la otra comunicación- o el establecimiento de prototipos individuales y sociales -Pato Donald, Superman, los Increíbles, Mucha Lucha- fueron opacadas en aras del interés supremo de los dueños de medios, quienes han demostrado carecer de ética, en casos como el de políticos a los que primero encumbran -en la etapa de darles el rango de "los mejores clientes"- y de la noche a la mañana destruyen asumiendo -por una tergiversada libertad de expresión- el papel de investigadores, fiscales, defensores oficiosos de causas que no les han sido encomendadas, jueces, carceleros y hasta verdugos, prestos a acabar con el rival más débil.

El condicionamiento subliminal es tal que, casi sin excepción, luego de dos semanas de saturación acerca de las omisiones y corruptelas descubiertas por la furia de huracanes, mezclados con videos de sobornos atribuidos al PRI por el PRD y filtraciones sobre excesos de un ex gobernador priista al cual contraponen con su adversario interno para llevarnos -simples e indefensos espectadores o leyentes, a sospechar de cualquiera de los célebres en los otros dos partidos- la audiencias se tragan estas versiones, amén de convertirse en agentes del rumor; permitiendo a los dueños de televisoras, estaciones de radio y uno que otro medio impreso, alcanzar los niveles de rating necesarios para multiplicar sus ganancias. Quien crea que Televisa prefiere a Felipe Calderón (candidato presidencial del centroderechista Partido Acción Nacional PAN) o que TV Azteca alucina a Andrés Manuel López Obrador (virtual candidato presidencial del centroizquierdista Partido de la Revolución Democrática PRD), se ha convertido en simple y llana muestra del triunfo del esquema comercial, en el que las personas son sólo compradores. Unos cuantos perseguidos por su mente preclara, desde los espacios calificados de piratas repiten -con actitud de respeto y preocupación para aquellos a quienes les queda este saco- que los grandes medios, no están ni con el verde, el azul, el tricolor, el amarillo, el ALCA, el TLC o el Mercosur; sólo les preocupan sus negocios.

En esta realidad de seres manipulables, irresponsables, engañados y manipulados creados básicamente por la televisión, se explica -que no se justifica- la autocensura derivada de la conveniencia y la proliferación de sujetos mercancía; pues el Ser Humano -actores, productores, entrevistadores y entrevistados-, nada tienen que hacer frente a los dueños de este tipo de medios, dado que, en estricto sentido, no hay ninguna otra realidad menos democrática. En tal contexto, la gravedad de una serie de dichos y hechos en el ámbito internacional, llevados al nivel de lo prosaico en los espacios noticiosos, en mucho abonan a poner al país en entredicho con Chile y colocarnos al borde del pleito con Argentina, Perú, Venezuela y, en un descuido, hasta con Japón.

Los medios no pueden convertir su actuar en fin, este es otro de los factores que ha vulnerado el Estado de derecho. Los responsables de acercase al pueblo para dar a conocer sus ideas de gobierno, son los propios candidatos con el apoyo de esas entidades de interés publico denominadas partidos. Resulta aberrante que sean los dueños de medios, los que establezcan el qué, cómo y dónde de los debates y la difusión de las campañas ¿Para que entonces el Instituto Federal Electoral IFE?

* Comunicóloga.

regresar a la primera página