Brasil


ALIANZA TIERRA-AGUA


Leonardo Boff *

La cuestión agraria en Brasil no ha sido resuelta porque la dominación del latifundio articulado con la política y los medios de comunicación siempre consiguió debilitar, aislar y fragmentar las clases populares del campo, con excepción del Movimiento de los Sin Tierra (MST). Apenas toleró luchas reivindicatorias o aprobó políticas públicas meramente compensatorias, pero nada verdaderamente transformador.

Las clases populares no consiguieron componer un frente amplio de presión al Estado para aplicar lo que prescribe la constitución en su artículo 184: "Compete a la Unión desapropiar por interés social para fines de reforma agraria, el inmueble rural que no esté cumpliendo su función social".

La Unión , bajo la administración del Partido de los Trabajadores (PT), no dio la celeridad necesaria a la reforma agraria. No necesita quitar la tierra a alguien, sólo utilizar 250 millones de hectáreas de tierras restituidas o los 285 millones de hectáreas de latifundios improductivos, según datos del Instituto de Colonización y Reforma Agraria (Incra). Hay tierras para muchas reformas agrarias en caso que el Estado quisiese, como quiso la reforma de la Seguridad Social y de lo Tributario.

No sólo no se hace la reforma agraria sino que ha incrementado el latifundio por sobre dos mil hectáreas. Entre 1992 y 1998 se amplió en 56 millones de hectáreas lo que representa tres veces más que los 18 millones de hectáreas que el gobierno del ex presidente Fernando Henrique Cardoso desapropió en ocho años de administración.

El consorcio madera - ganado bovino - producción de granos, avanza Amazonia adentro, provocando una deforestación jamás vista antes. Sólo entre agosto de 2002 a agosto de 2003 se deforestó y quemó 23.750 kilómetros cuadrados. Brasil emite cada año 200 millones de toneladas de gases de efecto invernadero.

Frente a la perversidad social y ecológica, gana importancia la "Conferencia Nacional Tierra y Agua: Reforma Agraria, Democracia y Desarrollo Sustentable", que reunió a 10 mil campesinos de todo el país, en Brasilia en noviembre.

Por primera vez se logró un frente amplio de 45 organizaciones que se comprometen con la reforma agraria y la justicia en el campo, intentando modificar la correlación de fuerzas con el latifundio y el agronegocio.

Las organizaciones se dieron cuenta que, de mantenerse el modelo macroeconómico, se vuelve imposible a la reforma agraria y la garantía de la soberanía alimentaria. Escogieron como eje para el debate la tierra y el agua, dos de los bienes fundamentales que desenmascaran la lógica perversa del sistema imperante entre nosotros y en la globalización. El sistema hace de todo mercancía y oportunidad de ganancia. Ahora, la tierra y el agua son bienes singulares. De ellos depende la sobrevivencia de la naturaleza y la humanidad.

Más que recursos, son bienes naturales, vitales e insustituibles. No podemos hacerlos mercancía en manos de pocos. Es preciso guardar su destino universal. El agronegocio convertido en exportación lo que más necesita es tierra y agua.

Los dólares que ganan ayudan al gobierno en su estrategia de estabilidad que no es otra cosa que alcanzar un endeudamiento sustentado. Pagaremos al día la deuda externa a costa de continuar matando y deforestando, no haciendo reforma agraria y manteniendo en la exclusión social a millones.

Las entidades no aceptan el destino trágico para el pueblo. Son ellas las portadoras de un Brasil diferente, no el gobierno. La esperanza dejó Planalto y regresó a la planicie.

* Teólogo.

regresar a la primera página