Infancia


CARTA A SANTA CLAUS


Lilia Cisneros Luján *

En realidad no te conozco y debo confesarte que tu imagen no me gusta y, lo que es peor, cuando era más pequeña tu cara de plástico y tu risa sin sentido, acompañada de canciones en un idioma ajeno, me asustaban, además de que mis papás siempre invitaron a los reyes magos, esos que dicen llegaron de oriente buscando al hijo de Dios y supongo, hoy, muy desprestigiados por su simpatía musulmana.

Antes me llevaban a la iglesia, pero luego de que a mi papá lo corrieron de la empresa en la que trabajó casi 25 años, como que todos los que quedamos en la casa están enojados o tristes.

Digo los que quedamos en la casa porque mis dos hermanas mayores ya se casaron, sólo quedamos “checho”, quien tuvo que dejar este año la prepa para trabajar en el puesto que abrió la familia con la liquidación de 25 años y yo, “el pilón”. Lo primero que te tengo que confesar, si acaso existes y puedes leer en español, es que me choca mi apodo y aunque no es nada del otro mundo se oye mejor “Lupita”.

Desde hace varias semanas, estaba pensando en escribir la carta, sólo que no sé que pedirte. Si yo fuera una niña con horribles cicatrices por una quemadura, quizá me gustaría que me visitara el joven dueño de Televisa, seguramente él me entregaría tu regalo y chance hasta me reglarían un viaje a Estados Unidos y ahí conocería médicos guapos y comería algo más que arroz, frijoles y guisadito aguado y eso ya sería un gran presente navideño.

Si no me gano el premio, cuando menos saldría en la tele y quien sabe, sé cantar y, hasta luego, me hago tan famosa como “ la Trevi ”; pero no, en casa, siempre, nos cuidaron mucho y carezco de horribles cicatrices.

Si padeciera una malformación congénita, bueno no tendría duda en pedirte que me dieras un pase para el Teletón, pero con todo y cámaras de televisión y en comerciales pagados, con los que mi papá pudiera otra vez tener dinero para dejar la calle y rentar un localito para que tengan que correr de los de las redadas. La fama ayuda ¿No crees?

Si yo tuviera fama, hasta mi mamá -que no está de acuerdo con eso de que se exhiban niños deformes sin respetar su dignidad y su identidad- se aguantaría con tal que me ayudarán: pero eso tampoco te lo puedo pedir, porque soy una niña normal, de calificación promedio sobre 9 y dicen las maestras que muy inteligente.

Me gusta el deporte, pero estoy completa, no me falta un brazo, ni una pierna y no podré tener los apoyos que tienen los campeones paralímpicos. También es seguro que sí pudiera competir en las otras olimpiadas perdería, porque ya ves las medallas sólo las ganan los que tienen padrinos y casi todos prefieren a los discapacitados. Apenas voy a cumplir 13 años, la verdad que bueno que no me han violado y mis vecinos no están tan enojados como los que mataron a los policías en Tláhuac, así que tampoco te puedo pedir que nos perdones por haber linchado a alguien, ni que ayudes a algún familiar a salir de la cárcel, ni que me consigas una cita con el presidente para que nos dé el pésame pues somos, como tu ya sabes, una familia común y corriente.

Bueno, ni tan común, porque no vivimos en casas de cartón con techos de lámina, ni tenemos gallos que se queden congelados con el frío de la madrugada como ví en las noticias; así que, tampoco te puedo pedir que nos vengan a dar una limosnita de cobijas, guaraches, kilos de ayuda o un aventón a alguno de los albergues de los muy, muy pobres.

Para la cena de Navidad, por supuesto que mi mamá hará algo sencillo, como mi papi ya no tiene trabajo formal, tampoco traerá la despensa que año con año le daba el patrón, con un pavo y muchos dulces y latas de cosas; ya ni soñar podemos, tampoco tenemos el aliviane de una despensa de abuelas de las que regala “el jefe de la ciudad”, porque mi abuelita tiene ya varios años que se fue a vivir cerca de donde dicen que tu trabajas todo el año, para hacer felices a los niños chiquitos, así que repetiremos el pozolito del año pasado, aunque con menos carne.

Como ya no soy tan niña y mi familia es pobre, pero no extremadamente pobre, lo único que se me ocurre es pedirte que hagas algo para cambiar la mente de los que dirigen el mundo. ¿No te parece que estaríamos mejor con menos guerras? Bueno si esto no lo puedes lograr cuando menos que en la tele no nos pasen tantas escenas de muerte. ¿Te gustaría que hubiera un verdadero equilibrio ecológico? Si no te hacen caso los gobernantes, ojalá que logres que los medios de comunicación pasen medidas educativas simples para que todos hagamos algo.

¿Podrías evitar que los niños sufran síndrome de Down, parálisis infantil o accidentes que les amputan? Si eso rebasa tu posibilidad de viejito generoso, te sugiero que hables con los secretarios de Salud del mundo para que eviten que ocurra, cuidando a las madres en sus partos y obligándoles a invertir en medidas preventivas de accidentes. No se me ocurre que decirte para evitar que los medios de comunicación hagan negocio con el hambre, la enfermedad, la violencia y todas las tragedias que agobian a los niños, pero tal vez puedas hablar con Dios para que los castigue un poco por la infamia comercial que disfrazan de filantropía.

Bueno espero que estas ideas locas de una persona que dejó de ser niña y quiere convertirse en mujer no te distraigan mucho de tu ardua tarea de distribuir juguetes chinos, cosas de contrabando y comida chatarra que la próxima semana nos tendrá a todos con dolor de estómago.

Con esperanza y grandes dudas

* Comunicóloga.

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