CRECIMIENTO, COMERCIO EXTERIOR Y LIBRE COMERCIO
Theotonio Dos Santos *
Hay una fuerte corriente de pensamiento, quizás hegemónica, que vincula crecimiento, comercio exterior y libre cambio. No hay ninguna base histórica para realizar las correlaciones.
Son consecuencia de un razonamiento abstracto con raíces en las teorías de Ricardo de principios del siglo XVIII. Ricardo demostró que sería ideal una situación en la cual cada economía local o nacional se especializase en ciertos producto en los cuales disponga de mayor ventaja comparativa, desde el punto de vista de la productividad de los factores locales.
La teoría fue perfeccionada por Ohlin que incluyó entre los factores locales la relación ente capital y trabajo expresa en las funciones de producción.
Quedó más o menos aceptado que los países que disponen de más mano de obra que de capital tienen que especializarse en productos agrícolas y materias primas, mientras que aquellos con más capital que trabajo (como resultado del desarrollo tecnológico) deben dedicarse a productos de mayor intensidad tecnológica.
La división del trabajo mundial era y es aún presentada como extremamente favorable a todas las partes en interacción.
Es evidente que para los razonamientos generales, el libre comercio será el mundo ideal para el pleno desarrollo de estas condiciones ideales de comercio mundial.
El mundo real es muy diferente a los razonamientos abstractos que ignoran los acontecimientos y las relaciones claves de la economía mundial. El mundo concreto no se parece a un modelo de economías nacionales especializadas alcanzando un crecimiento económico similar.
Desde la expansión económica europea a partir de los siglos XV y XVI, las economías locales se han especializado en función de la demanda europea: metales preciosos, especies y productos tropicales, agricultura tropical o semitropical y esclavos. Las economías exportadoras estuvieron en manos de grandes propietarios europeos, creados por las coronas española y portuguesa a las cuales el Papa entregó las tierras del mundo.
El comercio, que sirvió de fundamento a la economía moderna, no ha sido nunca libre. Fue organizado por los Estados nacientes en Europa, a través de compañías monopolistas fundadas por sus protegidos.
Muchos creen que en el siglo XVIII y XIX, bajo la expansión británica, se creó un mercado libre en el mundo.
No podemos concordar con la idea de que un comercio mundial realizado por empresas inglesas protegidas por la marina británica pueda ser considerado libre. Eran empresas monopolistas apoyadas por la Reina de Inglaterra, administrando bastos territorios del mundo.
La mayor parte de la población de la Tierra se encontraba subyugada a la dominación directa o indirecta de Gran Bretaña y no gozaba de ninguna libertad para realizar su comercio. Las potencias emergentes como Estados Unidos, Alemania, Francia o Japón adoptaron políticas proteccionistas radicales.
El caso más impresionante de proteccionismo ha sido el de Estados Unidos, donde los exportadores de algodón del sur se rebelaron contra los aranceles impuestos por el norte para proteger sus industrias nacionales.
La rebeldía del sur fue derrumbada con una guerra civil que dejó dos millones de muertos. Para ganar la lucha contra el sur, el norte no dudó en terminar con la esclavitud para acabar con la economía esclavista exportadora y sus ejércitos de esclavos que se desintegraban con el fin de la esclavitud.
Estados Unidos ha sido siempre un país proteccionista y ha fundado su poder contemporáneo en la imposición de los aranceles del norte sobre el sur por la fuerza.
¿Qué sería de Estados Unidos si hubiera ganado la guerra civil el sur librecambista, esclavista y políticamente autoritario?
Podemos adivinarlo si lo comparamos con América Latina donde se eliminaron las rebeliones de artesanos y manufactureros y se impusieron la manutención de la servidumbre y de la esclavitud junto a la especialización exportadora basada en la doctrina del libre cambio.
El libre cambio no ha sido la fuente del crecimiento de las grandes potencias capitalistas (excepto Inglaterra que inició la revolución industrial y tuvo en el libre cambio un instrumento para imponerse sobre el resto del mundo al que sometía como colonias sin ningún derecho al libre comercio) y el comercio que se impone a fines del siglo XIX y comienzo del siglo XX no puede ser considerado libre.
Estábamos en un mundo de grandes potencias imperialistas que dividía el planeta entre sí, sin permitir a sus colonias libertad alguna de comercio y sus empresas monopolistas controlaban el comercio mundial en las zonas no coloniales.
Como sabemos fue la lucha de las naciones por el dominio del mundo que degeneraron en dos guerras mundiales y la crisis de 1920, cuando la perspectiva librecambista y liberal sufrió ataques definitivos que se impusieron después de la II Guerra Mundial.
El mundo contemporáneo de la post-guerra tampoco se caracterizó por un libre comercio. Al contrario, no fue posible crear una organización mundial del comercio como lo proponía Keynes.
Los dominadores del comercio mundial, los estadounidenses que tenían después de la guerra cerca de 50 por ciento del comercio mundial han preferido crear el GATT, para imponer muy (con pleno acuerdo de las partes) condiciones de rebaja de aranceles.
Las condiciones de libre comercio están siendo creadas con la puesta en marcha de la Organización Mundial del Comercio.
Quienes más exigen libre comercio en la organización son los países del Tercer Mundo, únicos en adoptar amplias rebajas unilaterales de aranceles, derrumbando el proteccionismo impuesto a sus economías en 1940 y 1950, para garantizar un primer "boom" industrial logrado entre 1930 y 1950. 
* Colaborador de la Agencia Latinoamericana de Información.