México


REVOLUCIÓN MEXICANA. VIGENCIA Y CADUCIDAD


Vanny Guzmán *

No hay ninguna duda de que los conceptos universales de la Revolución Mexicana , acuñados y expuestos por lo liberales radicales, siguen vigentes, lo cual se evidencia en cada una de las sentidas demandas ciudadanas de trabajo, vivienda, salud y seguridad. Las necesidades de acceso a los derechos fundamentales continúan sin solventarse por los ineficaces gobiernos.

No podemos olvidar que la Revolución es el punto de partida de toda creación humana posible y su expresión responde a una necesidad imperiosa de romper con el orden establecido y conduce a un caos de cuya entraña deben surgir los cambios que harán circular de nuevo a la sociedad.

Pero la Revolución representa también la resistencia (legítima y justificada) a la opresión y a las carencias en que están inmersas las grandes mayorías sociales, debido a que los grupos del poder se empeñan en sostener sus privilegios.

La pugna que origina una revolución es encarnizada y sólo el grupo que logra vencer es quien dicta las nuevas medidas para impulsar un nuevo modelo económico, social y político que ha mejorar la vida de la mayoría de la población del territorio donde la lucha revolucionaria se llevó a cabo.

La contradicción que más temprano que tarde trae consigo la Revolución es una sistemática negación que el grupo gobernante ejerce contra los grupos emergentes, del derecho a la rebelión y ella es mucho más acentuada cuando se llega al colmo de la institucionalización revolucionaria convertida en partidos que gobiernan en un país.

Institucionalizarse significa acaparar y apropiarse de los conceptos revolucionarios para interpretarlos según su conveniencia. Los resultados de una revolución no siempre son los que ha anhelado la población hasta el punto de empeñar lo único que poseen en el mundo, la vida, sin faltar ocasiones en que una revolución se ha visto tan desvirtuada que no se entienda que su objetivo fue la persecución del bien común.

¿Tendrá acaso la Revolución Mexicana algo que celebrar?

La venerable revolución mexicana cumplió 94 años y no es extraño que todavía acudan a la convocatoria de su aniversario contingentes (principalmente grupos escolares, deportistas y militares) que son obligados a congregarse en torno al presidente y a desfilar frente a Palacio Nacional.

Es verdad que el nivel de vida de las familias mexicanas no es ni con mucho para envidiarse, no es siquiera digno, pero el presidente y su comitiva sólo se han limitado a sonreír a los deportistas que reciben premios por su participación en las olimpiadas.

Como todos los años, acabado el desfile, queda una realidad: Hace muchos años que la Revolución mexicana dejó de rendir frutos para las mayorías y más para aquellos grupos que realmente la llevaron a cabo.

No es desconocido el estado de abandono que priva en muchas comunidades del país, donde la miseria, la suciedad, el hambre y las enfermedades son cosas de todos los días. Esos son signos inequívocos de que la revolución y sus instituciones dejaron de tener vigencia e incluso su otrora partido político, caduco y obsoleto.

Se han ido los tricolores de los Pinos, pero la “apertura democrática” que llevo a los azules al gobierno tampoco ha hecho felices a los mexicanos y que decir de la profunda crisis de los amarrillos que prometían llevar la esperanza a todo el país.

Deseable y urgente es empezar a sentar nuevas bases para un pacto social, pues ya no es posible para nadie argumentar que la anciana revolución de 1910 sigue vigente, sólo porque muchos de los reclamos que la hicieron posible siguen sin ser satisfechos.

* Egresada de la carrera de Estudios Latinoamericanos en la UNAM.

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