Ensayo


LA DEMOCRACIA


José Repiso Moyano *

La democracia, el sentimiento de que alguien decide en nuestra representación un modo de organizar la sociedad, es una motivación de progreso, de tranquilidad individual en cierta manera en lo que respecta a evitar la tiranía y la oligarquía.  

Porque la democracia socializa todo tipo de poder en contra del inmovilismo o del hecho diferencial fanatizado o del fanatismo ideológico; comprende su atención social, asienta bases de descentralización y transmite o debiera transmitir un modelo de autoridad representativa.  

De este modo, la gente puede personalizar su democracia, constituir sus hábitos de imparcialidad institucional en beneficio de todos y distender los "ritos" de identidad diversa para que asuman o acepten una propuesta común de identidad global o nacional. Sí, solventar esto está democráticamente descuidado cuando las mayorías absolutas tienden a soliviantar una directriz desmedidamente despótica ante las minorías opositoras. Porque la mayoría absoluta puede olvidar su misión de propuesta, de debate, de escuchar integradoramente las diferencias. La mayoría absoluta entonces, en su deriva o camino más depravado, puede ordenar una globalidad e imponerla.  

Por otra parte, la democracia no reprueba más que lo que barre hacia dentro bien o mal para unos intereses u otros, para unos con cierta benevolencia y para otros brutamente especulativos, no reparando o implicándose en lo que el exterior significa de supeditado o depauperado ante sus prácticas de enriquecimiento, por lo que una democracia puede polarizarse en un pedestal de dominación, de "chovinismo economicista" como estereotipo del "todo vale" para sí mismo -lo que EE.UU. y Japón, por ejemplo, se tienen entre las manos-.  

La democracia es, porque lo ha sido, asimismo una generadora con "torres de marfil" y con privilegios que se autojustifican de su lejanía en desigualdad y -lo peor- postergándole sus derechos individuales, sus derechos de dignidad humana.  

La democracia se mira demasiado a sí misma, se instala -¿por qué no advertirlo?- como un centro más de poder que de hecho puede seguir justificando lo injustificable y considerarse no una "clase social" que sería incorrecto decir, sino una organización social de gran privilegio, de gran supercultura y de usura.

* Pensador, poeta, narrador y ensayista español, nacido en Cuevas de San Marcos (Málaga). Ha publicado: Cantos de sangre, Ediciones Rondas,Barcelona, 1984, y La muerte más difícil, Ediciones Torre Tavira, Cádiz, 1994. Ha ganado los premios: "Ángel Martínez Baigorri" de Navarra y "Encina de la Cañada" de Madrid. Es asesor literario de la colección Torre Tavira de Cádiz, donde ha publicado los plegables La muerte más difícil (1994), Carne de cañón (1996), Soñada luz (1999) y La caja de cristal (2000). Ha colaborado con ensayos, artículos y poemas en las revistas Casa de las Américas (Cuba), La palabra y el hombre (México), La Nuez (EU), Julia (Puerto Rico), Repertorio Americano (Costa Rica), Turia (España), Signo (Bolivia), Nueva Avenida (Argentina), Trizas de Papel (Venezuela), El Universitario (El Salvador), Índice (Colombia), La Bota Literaria (Argentina), así como Zurgai, La luna de Mérida, Extramuros, Los Papeles de Río Seco, Fábula, Los Cuadernos de Bronce y Barcarola (España).

regresar a la primera página