VIVIENDA Y EDUCACION EN LA ERA NEOLIBERAL
Rafael Mendoza Toro *
El fracaso del modelo neoliberal en México en los 20 años que tiene de impuesto, en sus aspectos económico y sociales, ha adquirido la categoría de “verdad revelada” que ni siquiera requiere demostración. Así, lo mismo académicos reputados como serios, que políticos no tanto, echan mano al denuesto del mismo, clamando por la vía alterna o por el regreso al pasado, según sus apetencias. En los últimos días, el jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), cada vez que la problemática de su desgobierno le atenaza y sus denuncias del complot son mal recibidas, ha echado mano a la nostalgia manifestando el gran rezago en que ha caído México desde 1982 y proclamando que tiene el remedio para esos males; cuestión de votar por él. Tan seguro está de sus aseveraciones, que echa mano a las cifras: “ahí tengo los datos, para quien no me crea”.
En efecto, si usamos como parámetro el PIB per cápita, la resultante de los últimos 20 años se acerca a 0, pues aunque en los 90 hubo un incremento menor, apenas alcanza a compensar la década pérdida de los 80. Empero, hay más datos cuya revisión y análisis puede ayudar a completar el panorama social e incluso aportar elementos para juzgar el rol de los gobiernos, lo mismo los emanados de la revolución que los recientes neoliberales.
Partamos de los datos de los censos de Población y Vivienda, que más que recuentos de la población, colectan una serie de indicadores de sus condiciones de vida como son vivienda, educación, salud, entre otros. Por igual reconozcamos que estas condiciones dependen en última instancia del entorno económico general; que el bienestar depende de la riqueza generada y su distribución. Salvo en Shangrilá, no hay bienestar sin trabajo y sin producción.
La vivienda, más allá de la protección a las inclemencias del ambiente, es la resultante de los procesos de capitalización familiares; la primera y más importante inversión es un techo sobre las cabezas. Tomamos pues, algunos indicadores de vivienda de los censos 60, 80 y 2000 con el fin de confrontar los últimos 20 años con el periodo previo, en pleno auge del Milagro Mexicano; que se muestran en el cuadro siguiente.
| AÑO | 1960 | 1980 | 2000 |
| Viviendas totales | 6,409,096 | 12,074,609 | 21,513,235 |
| Viv. sin agua | 67.7 % | 28.4 % | 10.23 % |
| Viv. sin drenaje | 71.1 % | 42.8 % | 21.35 % |
| Viv. con piso tierra | --- | 26.4 % | 13.22 % |
| Viv. con un cuarto | 55.7 % | 29.9 % | --- |
En principio, pareciera que cada 20 años se duplica el número de viviendas en el país: de 6.4 a 12 a 21.5; empero el dato que contextualiza es el de crecimiento poblacional. Entre el 60 y 80, la población creció a una tasa de 3.6% anual, mientras que la vivienda a solo 3.2, o sea que se termina más hacinado que al principio, de 5 habitantes a 5.5. En el siguiente periodo, la vivienda crece a solo 2.9%, pero la población al 1.9, así al menos el hacinamiento mejora a 4.5 por vivienda.
Los siguientes datos son servicios a la vivienda básicos para el bienestar y prestados por el gobierno. Como se ve, la dotación de agua y drenaje en el primer periodo mejora notablemente, reduciendo el déficit a menos de la mitad en el primero y en un 40% el segundo, lo que implica introducir estos servicios a 6.5 y 5 millones de viviendas respectivamente. En los años recientes, esta dinámica se incrementa: al 2000 los déficit siguen disminuyendo, pero, en números absolutos, se llevó agua potable a 11 millones de viviendas y drenaje a 10. Como dato adicional, en los últimos 20 años los servicios se han estado introduciendo a áreas rurales, donde la dispersión de la población los encarece notablemente.
Los siguientes indicadores, piso y tamaño de la vivienda, son resultantes de la capacidad de ahorro e inversión de las familias, pues no existía apoyo gubernamental en esos puntos. Así, en 1960 ni siquiera se registra el dato de material del piso, aunque en 1970 el 41% contaba aún con piso de tierra, que disminuye al 26% en el 80 y a 10 en el 2000; empero, el dato más relacionado con bienestar, es el del número de cuartos: en el 60 más de la mitad de las viviendas contaban con uno solo, el “cuarto redondo” insatisfactorio desde cualquier perspectiva, cifra que disminuye en 25 puntos en 20 años; pero, en los últimos ha caído, o lo que es lo mismo, todas la viviendas construidas en el periodo cuentan ya con un mejor espacio vital. Algún verdadero milagro han estado realizando los mexicanos para, sin crecimiento y sin empleo, en palabras de Andrés Manuel, haber logrado mejoras tan notables en su vivienda.
La evolución de la educación
Si la vivienda es el mecanismo fundamental de capitalización de las familias y da acceso a mejores condiciones de vida, la educación representa la acumulación de “capital humano” que puede permitir la consolidación de esta mejora en la siguiente generación. Pero para que se dé esta acumulación se deben cumplir dos prerrequisitos: que el ingreso de las familias permita “distraer” a uno o más de sus miembros de la lucha por la vida para que dedique al menos parte su tiempo a la escuela, y que exista una oferta de servicios educativos accesible económica y geográficamente; que en el caso de México ha descansado principalmente en el gobierno.
En este sentido, se recopilaron también algunos indicadores educativos derivados de los datos censales de los años 1960, 1980 y el 2000, mismos que se muestran en el cuadro siguiente:
| AÑO | 1960 | 1980 | 2000 |
| Población analfabeta | 34.5 % | 17.0 % | 9.5 % |
| Asistencia escolar | 41.4 % | 61.2 % | 91.3 % |
| Primaria completa y más | 19.8 % | 44.9 % | 70.9 % |
| Instrucción posprimaria | 7.7 % | 26.1 % | 51.8 % |
El primer dato, “población analfabeta” es con respecto a la población de 15 años y más; en este caso, al inicio de los 60s, más de una tercera parte de los mexicanos permanecía analfabeta, cifra que disminuye a la mitad en 20 años y nuevamente al inicio del milenio. Ello implica que el número de analfabetos ha variado poco, de 6.6 a 5.9 millones en 40 años. Ahora, solo Cuba presume de “cero analfabetismo”, pues en el mundo real se reconoce que alrededor de un 4% no es posible alfabetizarlos, por discapacidad o enfermedad mental, vejez, indigencia y otros.
La siguiente cifra, se refiere a la asistencia escolar en el grupo de 6 a 12 años, o sea al nivel primaria, único obligatorio hasta las recientes reformas constitucionales. En este grupo, el principal factor condicionante es la existencia de oferta educativa; así, en 1960 solo el 41% encontraba espacios, principalmente en el medio urbano. En 20 años se había mejorado hasta el 61%, que aunado al alto crecimiento demográfico, implicaba duplicar la oferta, pero aún dejaba a un 40% fuera del sistema. Finalmente 20 años de neoliberalismo han llevado la cobertura al 91%.
La asistencia y permanencia escolar determinan el dato que sigue: población con primaria completa o más, en este caso en relación con aquella mayor de 15 años. En 20 años del Milagro, el porcentaje se duplica, pero en números absolutos casi 4 millones del 60 se cuadruplican a 17, por aquello de la explosión demográfica. Esta tendencia no se ha modificado, llegando a cubrir en el 2000 al 71% del grupo de edad. Finalmente, en lo que hace a la población con algún grado de posprimaria, el porcentaje se ha ido incrementando, de un 7.7 hasta un 52%; aunque en números absolutos va de sólo 1.5 millones en el 60 hasta 32.5 en el 2000, aunque queda aparte la calidad de la educación recibida.
El neoliberalismo ante los datos
Aunque ésta es una revisión somera de unos pocos indicadores, no un diagnostico exhaustivo, sí puede ayudar a completar un panorama que se presumía sombrío, si creyéramos las palabras de Andrés Manuel. Metodológicamente, también evidencia lo erróneo que es extraer conclusiones generales a partir de un dato aislado por importante que parezca éste. Si en una economía cuya producción está estancada, no hay creación de empleos, los salarios reales han disminuido, de manera tal que el PIB per cápita apenas crece, al mismo tiempo presenta mejoras significativas en dos puntos relevantes de sus condiciones de vida, la vivienda y la educación, se puede apuntar con bases que en el modelo deben haber más factores y que sólo a partir de un análisis completo se deben apuntar conclusiones tan terminantes como el fracaso del neoliberalismo, y remedios tan cuestionables, como reeditar el Milagro Mexicano.
Los datos también permiten cuestionar la cántiga del “abandono de Estado mexicano de sus compromisos sociales”; pues a la vista, ni la dotación de servicios urbanos se ha disminuido, ni cuantitativamente la oferta educativa, ambos parte del gasto social. Relevante es también el haberlo hecho con significativamente menos recursos que los gobiernos del Milagro, cuando no había límites para el gasto público; tan solo el último déficit presupuestal del gobierno del presidente José López Portillo (1976-82) rayó en los 20 puntos del PIB, casi tanto como todo el presupuesto federal actual.
Si bien la economía orientada por el mercado no es la panacea y se deben cuestionar sus mecanismos de distribución, no es con demagogia disfrazada de análisis que se lograrán superar sus deficiencias; y espero que AMLO tenga algún dato más que presentar, para subir el nivel de la polémica.
* Productor y guionista de radio univeristaria, articulista y analista, nacido en la Ciudad de México.