23 DE MARZO. UN MAGNICIDIO EN MÉXICO
Hace 11 años, en un momento crucial para México y el mundo, tenía sus horas contadas un hombre que afirmó creer "en la política, no en la politiquería, no en la confrontación". Luis Donaldo Colosio, durante su corta campaña, aseguró que “participar en política significa ante todo tener la capacidad de pensar en el futuro y el valor de cumplir las tareas presentes”, y reconoció que la sociedad mexicana ha evolucionado y también la política.
Hoy, a más de una década de su magnicidi,o quienes participan en esta actividad están muy lejanos de hacer su parte para que exista "un mejor entendimiento entre todos los partidos" y menos aun procurar que las instituciones en las que laboran "se encuentren vinculadas estrechamente con aspectos concretos de la vida comunitaria". Poco han hecho las organizaciones de gobierno los últimos 10 años para que el compromiso y la responsabilidad no se diluyan frente a la burocracia y casi no sabemos de individuos que sientan vergüenza por no haber cumplido su responsabilidad.
Más allá de las cconmemoraciones luctuosas, quienes sólo asisten para saludar o salir en la foto con los inaccesibles, podrían rendir un auténtico homenaje a la memoria de un mexicano sacrificado, recordando –no sólo para piratear sus frases sino para darle continuidad al ideario- su convicción de que "hoy día el político tiene que estar preparado... Rechazar la demagogia, el populismo y las ficciones, porque eso es irresponsable". Colosio vislumbró un cambio que incomodó incluso a algunos de sus correligionarios; en el celebre discurso pronunciado ante priistas en el Monumento a la Revolución el mismo mes en que sería asesinado, recordó a un PRI "que reconoce los logros pero que también sabe de las insuficiencias y los problemas pendientes" que no basta ser heredero de una revolución si ello no garantiza la legitimidad política, mediante el esfuerzo y la lucha propia. Fustigó a los comodines remembrando que el triunfo no vendría ya del gobierno sino del trabajo y la dedicación; admitió que la competencia había acabado con toda presunción de un partido de Estado y expresó su creencia de que el partido que le había postulado seguía siendo capaz de ofrecer un cambio con responsabilidad, un cambio "que no significaba rechazo indiscriminado a lo que otros hicieron, sino capacidad de aprender, de innovar, de consolidar lo propio con rumbo y estabilidad, con paz y tranquilidad".
Hoy la mayoría de quienes ostentan el poder parecen empeñados en borrar la historia, no sólo sacando de las galerías al Benemérito de la Américas, cuya trayectoria apenas se utiliza en piezas oratorias desvinculadas del anhelo de cada ciudadano para tener más libertades, garantías y seguridad personal y jurídica, sino sustituyendo lo nuestro por lo ajeno, rindiendo pleitesía a quien nos sojuzga, ignorando la paz implícita en el respeto ajeno entre los hombres y las naciones. Hoy en una imitación extralógica, se sigue hablando del asesino solitario y afectado de sus facultades en un homicidio cuya explicación -al igual que el ocurrido con Kennedy- no satisface a nadie.
Hoy los postulados de Transparencia, oportunidades y avance democrático se han convertido en eslógans de compañías publicitarias ajenas a la necesidad del pueblo. Hoy las comunidades de indígenas siguen esperando respuesta a sus exigencias de justicia dignidad y progreso, como también esperan los campesinos, los jóvenes, los trabajadores sin empleo, las mujeres víctimas de violencia, porque a fin de cuentas como dijera el abogado Francisco Soto: "Sistema que mata candidato pierde poder", como lo perdió el PRI, como lo perdió una revolución que Luis Donaldo miró inconclusa, como lo pierde cada día México en medio de enfrentamientos ínterpartidarios estériles que sólo benefician a los que se les hace tarde para apoderase totalmente de nuestra patria.
* Comunicóloga.