CARENCIAS
Alfonso Valdivia Medina *
Se dice que cuando no hay, pues simple y llanamente no hay, y esto es un común denominador en todos, a-b-s-o-l-u-t-a-m-e-n-t-e todos los partidos políticos mexicanos.
Esto es, desde carencia de cuadros, hasta carencias maternales, (de instintos digo, eh, no se me vayan a emocionar a lo tarugo) pasando por carencia de principios, ética, honor, probidad, capacidad, visión clara y objetiva de beneficios nacionales, etc. etc.
Para muestra, basta uno tras otro de los botones que evidencian los pobres partidos y sus cada vez más claras y evidentes carencias. “Verbi gratia” lo que sucede y ha venido sucediendo con los polifacéticos politiquillos poli-impopulares, que una vez que les niegan sus caprichos de aspiraciones a veces honestas, otras mafufas, pues se cambian de partido sin pena y sin nada de pena, pero en verdad sin nada, lo que se dice nada de pena, y brincan del morado al colorado, del de derecha al del fondo y a la izquierda del corredor, etc.
Estos son en verdad una especie de Saltimbanquis mal amaestrados y peor de indoctrinados a ciencia incierta, confusa y difusa.
Y claro está, los dirigentes que, carentes de cuadros, pues les aceptan aunque sea “ya de perdis”, pues lo importante es tener sus representantes, originales o no, pero al fin y al cabo colaboradores, habitualmente improvisados que aceptan complacidos sus nuevos derroteros, pero que han de pagar con componendas inimaginables con tal de ser los meros, meros petateros, de su natal terruño. Especie de hombres y especie de mujeres que, bien analizados, merecerían un buen psicoanálisis y otras veces un espacio en un hospital psiquiátrico, ante tan inciertos cambios cargados de auténtica locura.
Seres o pseudos, que acomodaticiamente se anidan en cualquier partido, y que son capaces de cambiar de ideología, de principios y hasta de nombre o de apellido, con tal de seguir gozando de los jugosos sueldos y beneficios que tienen los políticos. A estos grupos se han agregado como novedad, los y las que cambian de religión, de bandera, de nacionalidad y de otras cosillas digamos... intrascendentes.
Entonces podemos asegurar que se necesita ser un verdadero “caradura”, para creer y pensar que los que somos observadores, nos tragamos sus ansias de servir a la nación, de pura buena fe. ¡Sí chucha, sus calzonzotes!
Hombres, mujeres y de los otros también, que por medio de espectaculares rabietas renuncian de un día a otro, perdón, de un segundo a otro, para ser acogidos y acogidas, cajum, cajum, en un partidillo que sepa recoger cualquier inmundicia que arroje nuestra multifacética clase poli(muchos), tica (sólo dios sabrá). Qué pena, que pene, perdón, que penen, y divaguen por allí, por aquí, por acullá y hasta en el más allá.
Lo importante de todo esto, es que como auténticos tartufos, pues aún así y por increíble que pueda parecer, pues tienen a sus seguidores, y a los que votan por ellos y ellas (está de moda la separación de géneros). A aquellos que les aplauden, aquellos que los vitorean, aquellos que incomprensiblemente, esperan con paciencia, para que al final del festín de los sanguinarios banquetes tiburonescos de sus líderes, algo, lo que sea, les toque después de aquellas orgías sanguinolentas. ¡Qué increíbles son todos estos secundones miserables!
Estas actuaciones bestsellerescas las podríamos entender provenientes de los llamados “actores y actrices”, pero que, además y también tienen sus propias aspiraciones (además de las de coca, pepsi y los nacionalistas jarritos). Personajes que entre artistas y meretrices, pues lo mismo se encueran sin pudor y recato, que pretenden dirigirnos en esta especie de bufonada conocida como la tragicomedia nacional.
Mas no sólo en esos medios surgen nuestros dirigentes, también emergen de las mejores y de las peores universidades; ésto lo digo porque la cantidad de abogados, contadores y otras profesiones pululan por doquier en puestos públicos, aunque en muchos, no todos los casos, ni siquiera tienen un título ganado con el sudor y el esfuerzo de la dedicación. Claro que también los hay de aquellos y aquellas a los que les han regalado sus titulotes en desprestigiadas escuelas y escuelitas V.I.P. (Very Important Person) de mediana a nula monta.
Otros surgen de la Uni-versal calle, de entre golpeadores, ex porros, huelguistas, paristas, secuestradores de camiones, asaltantes de camiones repartidores, empresarios voraces y hasta extranjeros, etc. etc. y muchos etcéteras más.
Otros más, que aunque de cierta formación académica, muy cierta en verdad, pues resulta que sus maestrías y doctorados los recibieron en países de alta indoctrinación, que de todos son conocidos los casos.
Faltaría, nada más para completar, pues aquellos que han surgido de honorabilísimos sindicatos que han tenido la decencia de defender sin ningún método gansteril a sus compañeros de trabajo, sin engaños, sin componendas, sin arreglos en lo obscurito y en la claridad penumbrosa de la luz del día. Además de aquellos que son “Auténticos y Autentificados” rateros, que inventan sindicatos fantasmas para robar a lo mero macho, y a lo mero gacho, en poblado que en despoblado. Que poca, repoca, y recontra poca.
Otros son los compadrotes y comadrotas que a veces tienen suerte y se acuerdan de ellos, y los colocan en secretarías de las cuales no tienen ni la más remota idea de lo que estas representan, mucho menos sus funciones y ni remotamente sus intenciones. ¡Que asco!
Así que, conciudadanos y conciudadanas, pues no le pidamos peras, ni papas, ni verduritas a todos esos carentes de toda formación formal, mejor sigamos pidiendo “un milagro”, que de milagro en milagro, se hacen unos cuantos milloncitos.
He de mencionar, en honor a la verdad, que también existen los escasos y escasas honestos y honestas, pero que son tan poquitos y poquitas, que no alcanzan a inclinar la balanza de la justicia y la razón social. Y no recurro a los aislados ejemplos de partidos y partidarios, porque de inmediato los conchudos se ponen el saco, y creen que me dirijo a ellos y ellas, sólo les recuerdo que lo único incorruptible que tenemos, es la conciencia, para que no crean que hablamos de las enormes mayorías.
Y ustedes señores dirigentes de partidos, ya dejen de cachar toda la podredumbre que emerge por doquier, y mejor dedíquense a tratar de remediar sus propias carencias, pero por favor no recurran a basureros, cantinas, prostíbulos, cárceles, reformatorios, casas de mala nota musical y artística, para tratar de cubrir y subsanar todas y cada una de sus múltiples deficiencias. Que vaya si son muchas, aunque a veces parece, nada más parece, que son de poca.
Lo execrable de todo esto, es que el mismo esquema se repite a nivel nacional, en donde se trata y se retrata el meritito meollo de este asunto repetitivo, gastado y desgastado, que desde hace tiempo huele mal, hiede a podrido y a descompuesto, por no decir que huele y apesta a caca, con moscas verdes y gusanos rastreros. (huácala de perro de basurero).
* Médico mexicano.