EL MIEDO A LA CALLE
Francisco Lizárraga Ochoa *
Mexicali, abril de 2005. En un comentario, el doctor universitario Zambrano Romero delinea los principales factores que incidieron en el hartazgo del pueblo: “la improvisación, mal manejo del Estado, despilfarro, uso y abuso del poder para favorecer a familiares y amigos íntimos”, a camaradas de aventuras.
Certero, el académico también atribuye otros impulsos a la reacción fúrica del “Soberano”, como la “chocante campaña radial y televisada a favor del gobierno, a la diatriba incontrolable, a la emisión de cadenas de televisión repetitivas, que lejos de convencer a los ciudadanos, más bien ha despertado la repulsa general”.
Y la gente salió de sus casas, de las fábricas, las oficinas, las aulas y desbordó el coraje que aprisionaba en su pecho, en un claro rechazo al gobierno, de acuerdo con el doctor Zambrano Romero, como consecuencia de: “la impunidad decretada para los prófugos de la justicia, en lugar de traer a los banqueros corruptos como había prometido en la campaña electoral, el entreguismo a intereses foráneos, el uso del poder (...) para perseguir y vengarse de adversarios políticos, la manipulación de indígenas y campesinos para lograr un apoyo circunstancial al gobierno, la compra-venta de conciencias en el Congreso, la pésima conducción de la política internacional, etc. etc.”.
Este escenario que nos describe Zambrano en El Soberano ha despertado -El Mercurio, de Ecuador- corresponde a los momentos que antecedieron al derrocamiento del coronel Lucio Gutiérrez Borbúa, quien, con el incumplimiento de sus promesas, contribuyó a colmar la paciencia popular de Quito.
Como me dijo el doctor Zambrano Romero, también profesor de maestría en la Universidad Central de Ecuador, al responderme sobre las similitudes sociales en nuestros países: “...los males que afectan a América Latina y especialmente a los del llamado tercer mundo, son los mismos. Países ricos , pero pobres, carentes de estadistas que cumplan con la misión de trabajar por el bien común y no por sus mezquinos intereses. El gran mal de nuestros pueblos es la corrupción amparada por la impunidad”.
Digno de resaltar es el rechazo generalizado a los politiqueros desgastados y corruptos causantes de la debacle nacional, subraya el catedrático en su opinión editorial. Y hace votos porque el clamor del pueblo por un cambio radical, sea encauzado por la vía constitucional para garantizarle a esa nación una larga etapa de gobernabilidad.
Para rematar, propone: dignificar y revalorizar la actividad política, “para que vuelva a ser un instrumento de servicio al bien común y no una herramienta para la satisfacción de mezquinos intereses, generadora de la terrible corrupción que nos desangra y avergüenza”.
Salir a la calle a manifestarse, ha sido uno de los recursos políticos de los grupos no sólo de izquierda sino de ciudadanos marginados por el poder. En Baja California se han escrito episodios protagonizados por líderes sociales, organizados en frentes de resistencia contra la salinidad del río Colorado; en defensa de resultados electorales y en reclamo de procesos electorales transparentes; de atención a las autoridades laborales contra los abusos de los patrones, lo mismo nativos que dueños de maquiladoras golondrinas y la violación de la ley en la materia, y, en los últimos años, de manera resaltada por ciudadanos organizados alrededor del respeto a los derechos humanos y de la demanda de tarifas justas en el consumo de la energía eléctrica.
Entonces, nada pasó que contraviniera la legalidad de parte de los manifestantes. En cambio, las respuestas represivas se repitieron una y otra vez con agresiones y encarcelamientos. Hoy, el gobierno de Vicente Fox calculó pocas posibilidades de movilización exitosa en protesta por la anulación de los derechos políticos de un adversario, y patrocinó una desmedida campaña de descrédito de Andrés Manuel López Obrador y del proyecto de nación que éste propone como bandera electoral para hecerle una imagen de populista, irredento violador de la ley.
La reacción inmediata de la nutrida salida a las calles, de la gran capacidad de convocatoria de una maquinaria organizada ex profeso, fue minimizar los resultados: “Las movilizaciones no tienen por qué sustituir a la ley”, “la izquierda siempre ha salido a la calle, moviliza mucha gente, pero eso no se traduce en votos”, frases expulsadas por el temor del gobierno y del partido en el poder.
Los dueños de los medios también le tienen miedo a la calle, cuando los convocantes son parte de la plebe. El domingo 24 de abril, en muchas ciudades mexicanas y del extranjero, pero principalmente en la capital del país, el desfile de gente común y corriente recogió la necesidad de expresar el sentir popular, para mitigar la rabia, pero a la vez, y con creatividad, para gritar en silencio: "Ya basta". Sin embargo, con excepción del Canal 40 (CNI Noticias), que tiene cobertura limitada, ninguna televisora transmitió otra cosa que no fuera la primera misa del Papa Benedicto XVI. Televisa, incluso, con imágenes que repitió todo el domingo, cuando el trascendental evento para el mundo católico se registró en la madrugada, hora local. Gracias al cable, la CNN en español y TVE (España), cubrieron nuestro vacío dominical.
Pese a ello, la cobertura que le dieron los medios internacionales, fue de Washington a China; de Inglaterra, Alemania, Francia, España, India, Australia y Qatar, según una nota de David Brooks, corresponsal de La Jornada, del 26 de abril. También la noticia, con fotografías de la Marcha del Silencio, “fue ampliamente difundida en medios en español a lo largo de Estados Unidos (...) con argumentos de ambas partes”.
Con el mismo estilo de desdecir lo que dicen, en menos de una hora, de menospreciar a los de abajo, torean al México bronco, luego, al sentir que la movilización es posible, pretenden borrar de un plumazo la respuesta ciudadana, apostándole todo al olvido y la ignorancia. Pero el despertar del Soberano les avisa que el país no está a salvo de reproducir -y quién sabe en qué dimensiones- lo que recién ocurre en Ecuador, en Chile, en Brasil, en Argentina. La sacudida del gabinete de Fox, es la primera resonancia de la Marcha del Silencio.
Para estos días oscuros, son oportunos puntos de vista como el del doctor Zambrano, como el de Gael García y Diego Luna que brillan como actores jóvenes, maduros, y que dicen por la televisión mexicana lo que piensan del país con ojos de viajantes y de artistas. Y por manejar un discurso politizado, que no politiquero, resulta de mayor valía la opinión que expresan frente a la cámara: “Si estos señores del gobierno federal pusieran todo el vigor, toda la fuerza que proyectan por el desafuero de López Obrador, en cumplir las promesas de campaña, en resolver los crímenes de Alteal y de las mujeres de Ciudad Juárez, veríamos otra cosa”.
Y si un día los ojos de nuestros hijos capturan la luz matutina, cuando baje “la marea de la impunidad” (Leobardo Saravia, dixit), seguro que los hijos de los democráticos virreyes rechazarían los castillos y la vida de jeques petroleros, para salir a la calle con la frente en alto. Así, los medios de información y los partidos políticos, se transformarían en útiles y creibles instrumentos de la sociedad. Y muy probable sería que, en esas condiciones, los gobernantes fuesen al Congreso a debatir sus programas para ganar el consenso; que escuchasen a la gente y, antes que nada, que transformasen las promesas de campaña en resultados de bienestar social, sin entregarle los recursos naturales al extranjero, sin aceptar las comisiones millonarias de las trasnacionales, con tal de hacerse de la vista gorda para legalizar la depredación del medio ambiente.
Fuentes: Zambrano Romero: "El Soberano ha despertado", El Mercurio, Quito, 19 de abril de 2005. Leobardo Saravia: "Tijuana: carta de batalla para una crónica pendiente", Identidad, suplemeneto cultural de El Mexicano, número 1652, domingo 16 de enero de 2005, p. 6. "Primero... Noticias", Televisa, con Carlos Loret de Mola, Ciudad de México, viernes 11 de marzo de 2005. Redes Ciudadanas: www.proyectoalternativo.org.mx/noticias/diaria.
* Periodista y escritor mexicano.