México


DE AMORES, ODIOS Y OTRAS PASIONES


Alfonso Valdivia Medina *

Para hablar directo de estos temas, qué mejor que tratar de mencionar algunos sucesos que hoy nos ocupan a los inquietados (más que inquietos) mexicanos, y los eventos sociopolíticos que vivimos, mismos que inexorablemente han rebasado nuestras vivencias, y que de alguna forma han hecho participar con sus escritos y opiniones a inesperados individuos allende nuestras fronteras.

Como parte de un pasado reciente, y con esto no pretendo cargar la balanza hacia ningún lado, cabe mencionar los importantes avances nacionales en materia de salud, educación, vivienda, alimentación, seguridad social, economía y otros rubros, que ha tenido México, y sin embargo al mismo tiempo una historia continua de saqueos, abusos, crímenes políticos, carencias, desempleo, narcotráfico, más las secuelas de estas verdades nacionales con sus funestas consecuencias, entre otras el que no logremos repuntar hacia un mundo globalizado y competitivo, amen de colmado de injusticias sociales, repartición inequitativa de la riqueza, etc. etc.

De lo cual y ante lo cual, necesariamente se requiere de un replanteamiento en el entorno de lo que sucede con los partidos políticos, sus actores, y de la sociedad en su conjunto, ya que alarmantes posiciones han surgido en estas esferas, y, que de una u otra forma nos afecta en diversos sentidos. No así en entendidos, porque en este país cada quien entiende las cosas de acuerdo a sus intereses, a sus puntos de vista, a sus creencias (políticas digo), que rayan entre aciertos y desaciertos, y otras veces ya no rayan, sino que hasta se la rayan -en el entendido nacional- con las conocidas “mentadas de madre” de político a político, con toda la secuela de atropellos, faltas de respeto, escupitajos, empujones, manotazos, amenazas, descalificaciones y otra sarta de mezquindades, indignas de los que deberían de ser ciudadanos ejemplares.

Es de todos conocido, que la mayor responsabilidad recae entonces en los que gobiernan, pero además y también, en cada uno de los que conformamos esta nación, ya que en esta incipiente democracia nuestro voto “al parecer” pues ya cuenta, y se toma en cuenta, no como sucedía antes. Época en la que las historias de imposición, robo de urnas, operaciones tamal, acarreados, votos corporativos y otras formas conocidas de arbitrariedades, se daban a pesar y sin el pesar de nuestra participación en las urnas.

Ahora las cosas han cambiado, o intentamos fervientemente cambiarlas, y esto parece el anhelo de unos cuantos que somos “los gobernados”, no así de los políticos y sus deseos –que a veces parecen ansias- de gobernarnos. Y digo ansias como un sentido de enfermedad, de patología, de actitudes insanas, o como cada quien lo quiera entender, pero que finalmente se aprecia en los rostros, actitudes, palabrerías y discursos proferidos, que siempre resultan contrarios a sus acciones, inentendibles o entendibles, pero indigeribles, con la constante de ser total y absolutamente patéticos.

Es también una verdad absoluta, que cada grupo, bien sea de izquierda, de derecha o de centro, con sus modalidades, defienden y abanderan lo que a su buen o mal entender, es y debe ser lo correcto. ¡Ah!, pero que peligroso resulta el tomar posiciones indefendibles, más aún cuando se comportan como borregos mal amaestrados, aunque si indoctrinados, verbigracia aquellos que defienden a ultranza lo que les dictan sus “líderes”. Y esto resulta en lo que podría definirse como un “circo de tres pistas”, al cual acuden los más abyectos personajes, dignos de una tragicomedia, porque se ven y actúan más bien como indignos seudo personajes.

La respuesta a todo esto de la legalidad, el desafuero, los jueces, los partidos, el presidente, los senadores, los diputados, y las controversias constitucionales, están propiciando en la población común y silvestre, por no decir corriente, que existan posiciones y contraposiciones incluso en los núcleos familiares, profesionales, laborales y hasta de amigos. Núcleos en los cuales las discusiones y puntos de vista y de ciego, parecen no tener fin. Y todo esto en general resulta intrascendente aunque pasional, amén de generador de diversos sentimientos que no pasan de la pronta reconciliación y que casi siempre culminan con aspectos meramente anecdóticos.

Sin embargo y por desgracia, cuando estas discusiones se llevan al terreno nacional, los resultados ya no son así de sencillos y simplones, las discusiones y posiciones están generando importantes consecuencias cargadas de inconformidades y diferencias, más otras situaciones que poco a poco se van saliendo de control, como del control, tanto del gobierno, como del pueblo mexicano.

No quiero ni pensar en lo que puede suceder si esto se prolonga, y si como consecuencia de todo esto se da inicio a los enfrentamientos de masas, o a enfrentamientos de embrutecidos fanáticos que viven lo mismo la intensidad del futbol, como las imposiciones de los grupos políticos. Aún peor, si es que algunos rijosos o provocadores pagados o apasionados, se empiezan a dar sus encontronazos, sus codazos, sus escupitajos, sus mentadas de madre, empujones, golpes y manotazos, que es el ejemplo que nos están presentando nuestros legisladores en cadena nacional.

¿En que puede terminar esta parafernalia, que en la práctica se está desbordando en forma lenta, pero progresiva? ¿Qué sigue? ¿Más manifestaciones (pacíficas o no), enfrentamientos con policías, con el ejército, con el estado mayor, más desacatos, más aplicaciones preferenciales de la ley, más rencores, más diferencias? Incluso y por qué no, ¿Detenidos, encarcelados, desaparecidos, presos políticos, o quizás el asesinato del o de los líderes de fracciones opuestas? Esto “Te lo digo Pedro, para que lo entiendas, Pablo”, o lo que es lo mismo ¡Cuídate Juan, que por hay te andan buscando! A este respecto, quién no recuerda al asesino solitario del Mario Aburto, del cual nadie con dos dedos de frente, se tragó el asunto de “solitario y loco” y que todo México sabe que para llegar al autor intelectual, está pelón, pero ni los fiscales especiales asignados, ni nadie, ni nada, ha sido capaz de esclarecer la verdad.

Todavía más, ¿Alguien estará calculando lo que sucede en los núcleos de los grupos de guerrilleros, o de ejércitos clandestinos, más los rijosos sindicatos independientes, y de agrupaciones eternamente inconformes de campesinos, estudiantes y otros grupos disidentes, sean populares o impopulares? ¿Alguien tiene las respuestas?

¿No será entonces, que ya llegó el tiempo de tratar de llegar a acuerdos y negociaciones, claras, honestas y bien intencionadas, y no amañadas y tendenciosas, como han sido las clásicas negociaciones “a la mexicana”?

¿Qué acaso no existen entre todos los representantes, algunos que vean con claridad cómo aumentan las tensiones y las diferencias, y lo que esto representa y lo que pueden desencadenar las absurdas posturas e imposturas políticas? ¡Carajo!

Entonces señores políticos, ya paren, ya frenen, ya reculen, ya razonen, y simple y llanamente, ya déjense de pen... samientos absurdos, que lo único que están logrando es la incertidumbre, el miedo, y una sensible ruptura de la estabilidad nacional.

Por si no fuera suficiente, los inversionistas y otros observadores nacionales y extranjeros, también están emitiendo opiniones, y están efectuando comunicados, muchos de los cuales concluyen que lo que se está poniendo en juego y en entredicho es la “DEMOCRACIA” mexicana.

Ahora bien, el meollo del asunto es lograr un avance en la democracia, y actuar a lo derecho, y por supuesto apegados al verdadero derecho, NO al derecho ese que es más chueco que los cuernos del diablo porque además, cualquiera sabe como se pueden aplicar las leyes en forma perversa en cualquier país, pero este no es el momento de andar con esas payasadas, y con esos acomodos “acomodaticios” para agraviarse entre adversarios políticos. Porque entre víctimas y victimarios están desquebrajando y lesionando al país en ese juego estúpido que se traen entre partidos políticos, con una bola de siniestros personajes, aunque no es el caso de todos, pero sí de la mayoría.

Ya déjense de tratar de engañarnos y engañarse a ustedes mismos, ya basta de patrañas seudo legales, ya basta de discursos huecos y más falsos que un billete de 3.1416 (pi) piteros.

El orden y la estabilidad de un país, de una nación y de un pueblo, esta acorde y va de acuerdo a los estadistas, esto es, a los verdaderos y auténticos políticos, y no a los merolicos que pretenden “pretenciosamente” imitar a los verdaderos estadistas, sean de la fracción, partido o grupo que sea.

Ya es tiempo -aunque siempre ha sido tiempo- de formar y conformar auténticos partidos políticos, con políticos verdaderos, como también ya es tiempo de acabar con partidos unifamiliares, o con partidos oficialistas, ya es tiempo de acabar con partidos heredados, ya es tiempo de pensar en México y en los mexicanos. Ya basta de arremetidas, ya basta de participantes tartufos, ya basta de demagogos, ya basta.

Vivimos un mundo globalizado, en el que mientras unos países y sus pueblos luchan y pelean por ser los mejores, los más justos, los más equilibrados (razonablemente), otros son calificados como los peores, los más inseguros, los más corruptos, los más atrasados, amén de ser catalogados como ejemplos de anti democracia.

Esta propuesta ha de completarse cuando sea el tiempo de acudir a las urnas, y demostremos a través de nuestro voto, lo que realmente queremos. Propongamos que exista un apartado especial para votar por la desaparición de seudopartidos políticos que no sirven para nada, excepto para que unos cuantos idiotas crean, que nos hacen creer, que están preocupados por México, mientras se enriquecen hasta lo… explicable.

Quien quita y con este apartado-propuesta de pasadita acabamos con una caterva interminable de parásitos que viven a costa de los mexicanos honestos. Y quizás también eliminemos a juniorcitos/as, que se dedican tan sólo a andar tranzando, cuando no se ocupan de andar “faranduleando” y que en verdad son dignos de todo desprecio. ¡Que asco dan, hijos… del nepotismo!.

Así que ya casi para cerrar, falta el concepto de odios, porque de amores ya hablamos, entonces ya saquen de sus mentes y de sus creencias (ahora si religiosas), esos odios encarnizados que se traen entre manos. Porque además y según el manual del buen religioso, no deben, ni deberían de alojar el sentimiento del odio, porque odiar es malo, nocivo y pecaminoso, punto que nos vale gorro a los que no creemos en esas patrañas, pero ustedes que aspiran a subir al “cielito lindo” no olviden que les van a pintar un violín cuando llegue el momento de su partida, que tarde o temprano llegará, y no los van a dejar entrar por pecadores e hijos de la… pasión malsana.

Entonces señores y señoras políticos, piensen, ojo, ¡PIENSEN! “si esto es posible, en el país, y en como lo están lesionando, para tratar de enmendar sus erráticas posiciones.

Claro que también cabe la posibilidad de que surja de repente “un milagro, o algo así”, tal y como sucedió una cierta noche mexicana, cuando los atolondrados mexicanos vimos reconocer a Ernesto Zedillo el triunfo de Vicente Fox, con a-penas el 9 % de los votos computados a nivel nacional. Aspecto que desubicó a los priistas, y sorprendió al resto de mexicanos. Mexicanos que estábamos seguros que más tarde se caería el sistema, como sucedió en otro histórico re-cuento, para que las encuestas se emparejaran a altas horas de la noche, y al amanecer ya hubiera obtenido una franca ventaja Pancho sobre Chente. Pero no, nadie nos hemos explicado, ni nos han querido explicar, qué fue lo que realmente sucedió, o quiénes intervinieron (dioses o extranjeros) para que así se quedaran las cosas, pero inexplicablemente así se quedaron.

¿Qué tal que surja por aquí, por allá o en el más allá de nueva cuenta ese espectro del cambio, para que algo o alguien obligue a Chente a recapacitar? Porque cabe resaltar que si ya le dieron su “chance al Chente”, pues que ahora nos permita el ex vendedor de Coca-colas, que la democracia avance. Claro que a mí no me queda claro, si es que esto es consecuencia de una intervención divina, o de un intervencionismo extranjero, que se inmiscuye en asuntos nacionales. Aunque esto último no se vale, porque entonces nos puede llevar la “changada”. Digo, por los monitos intervencionistas, sus gorilas y los que obedecen y acatan cual changos y changas (está de moda la separación de géneros) como si el líder o mandamás fuese el celebérrimo, pero inexistente Tarzán… ¿Será?

Además, señores y señoras políticos, pues ya llegó el tiempo de NO dejarse llevar por el torbellino de sus bajas pasiones, y tengan presente que los mexicanos y los observadores internacionales estamos como el chinito: “Milando, nomás milando”, pero evaluando resultados. Y que más allá de los extranjeros, los connacionales somos distraídos, conformistas y un tanto desmemoriados, pero pendejos, no somos.

Y que conste que todo esto que he señalado, coincide con las observaciones de incontables “intelectuales”, algunos honorables y otros vendidos, pagados y rastreros, pero también coincide con millones de mexicanos, que aunque quizás no sean o no seamos como los sesudos intelectuales connotados, todos estamos inmersos y analizando estos temas que a ricos, pobres, vivos, mensos, religiosos, y hasta a militares, a todos nos han inquietado, aunque algunos crean que “por decreto o por disciplina”, esto no debe ser mencionado, pero menos acallado. Digo, he, jejejé.

De todo corazón, sangre, huesos, tripas, hígado, riñones, mi cachito de cerebro y otros rellenos que conforman mi identidad.

* Médico mexicano.

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