LA AUTORIDAD DA TUMBOS
Lilia Cisneros Luján *
En la tónica mediática de mantenernos aislados y presas del terror, el resumen de la semana podría constreñirse al aumento de ejecuciones -supuestamente a manos de sicarios vinculados con el narcotráfico transnacional- en varias entidades de la república y los espeluznantes casos de agresión -desde el abuso físico y psicológico, hasta violaciones sexuales con cargo a pederastas- contra niñas que encuentran la muerte a temprana edad, como resultado de una escalada criminal, la cual es explicada por el gobierno argumentando una suerte de reacción a las supuestas acciones para detener tales flagelos.¡¡¿?!! Para rematar, se destapa en el estado de México la cloaca que salpica a todo el esquema electoral y no sólo a 7 consejeros ciudadanos -hipotéticamente garantes de la democracia local- envueltos en un trágico humor negro, evidenciando lo endeble de un propósito anticorrupción sustentado únicamente en campañas demagógicas y catálogos normativos, resultado de la coyuntura y sin más referente que una extralógica realidad impuesta por la globalización. ¿Porqué reventó la putrefacción electoral ahora y en esa parte de la geografía y se acallaron situaciones similares en otras entidades con igual o peor deterioro? ¿Se tratará nuevamente de un distractor de otros temas que afectan a los círculos cercanos al primer mandatario? ¿Será que en una burda repetición de caso Bejarano, algún afectado decidió abrir las atarjeas cuyo hedor demuestra la incontrolable descomposición que estamos sufriendo?
En el constante ejercicio de análisis que a diestra y siniestra nos recetan sobre todo en los medios electrónicos, hay un punto en el que muchos podríamos estar de acuerdo: si la tónica ha sido golpear, patear y señalar a las instituciones, calificándolas como lo más nefasto de las últimas 7 décadas de nuestra historia, el resultado inminente es el absoluto descontrol de todo lo que nos había dado sustento, circunstancia que se agrava si las leyes de la modernidad sólo sirven a los propósitos personales de quienes debieran tomar decisiones favorables al pueblo y la nación. ¿Dónde podríamos encontrar el propósito patriótico si además de lo endeble del andamiaje jurídico, los responsables de darle satisfactores al interés público están sumamente desorientados o carentes de sentido político? En esta ausencia de cordura resulta explicable -que no justificable- que el titular del Ejecutivo afirme cosas que no corresponden a la realidad y se lance visceralmente en contra de los diputados responsabilizándolos, por citar un ejemplo de los otros tantos desvaríos de trasnochados, de no permitir el avance en materia de seguridad, pasando por alto que tal iniciativa fue enviada a la cámara de senadores y es ahí en donde se encuentra congelada.
En este contexto que, según convenga, a veces trata al distrito federal como estado y luego niega a su titular el carácter de gobernador, o en el cual se gastaron millones de recursos para convencer a la opinión pública embarcando a muchos en un desafuero, para luego decir que no había delito y después salir con que no hay tal perdón y que sí existe la posibilidad de ejercitar la acción penal; para quienes ostentan el poder son pecata minuta los anhelos del pueblo frente a los tumbos del poder judicial -con todo y su supuesta recién otorgada independencia- tomando a veces partido y luego lavándose las manos para tratar de enfriar todas las papas calientes que no debió haber recibido. ¿A quién recurrir en cosas tan cotidianas como la contaminación -del aire, el ruido o la percepción visual- si cada supuesto programa tiene detrás de sí negocios millonarios para gobernadores, funcionarios municipales o delegados de la Ciudad de México? ¿En quién confiar si partidos y gobiernos han dado evidencia de la poca honestidad y sensibilidad que les caracteriza? ¿Será esto ya el preámbulo de la entrega total de la patria a enemigos que se atienen a nuestra nula posibilidad de defendernos por estar todo de cabeza?. Este mundo al revés es el escenario fatídico de las elecciones del 2006, donde todos los augurios apuntan a la violencia.
* Comunicóloga.