Cuento


SIETE AÑOS


Rolando Lazarte *

¿Y ahora? Los dos chicos se habían ido a Embalse y se había quedado solo. Al fin solo. ¿Solo? Sí. Solo. La casa era inmensa y extraña. Vacía. Sólo habitada por fantasmas que pasaban de aquí para allá y había que hacer silencio y había siempre algo que retenía a papá allá afuera o allá adentro pero no aquí. O era el hospital o las reuniones. Se había roto la camaradería con Leo y Arturo. La complicidad de dibujar a Tica en la pared ahorcada: la empleada que nos servía el café con leche hirviendo. Las subidas al rincón florido o al techo con Daniel a fumar puros de bellotas. Ese fue el puente que me salvó. Ese chico pelirrojo sonriente e inteligente que, al reencontrarlo en 2001, se recordaba de charlas nuestras en la puerta del hospicio 555 sobre los Beatles revolucionarios y los juegos de palabras que le preanunciaban un escritor.

Daniel se fue a Estados Unidos en 1977 año en que me fui a la colimba empujado por la suspensión de la prórroga por estudios, interrumpida por la expulsión de la Universidad por “subversivo”. Brrrr. Gardelito canta ahora y anoche Joan Manoel Serrat traía de vuelta los sones de Fiesta, que alegraron esos años de alborecer en medio de metrallas y anuncios de utopías de todo tipo: político, espiritual, social, todo era utopía. Hippies, revoluciones cubanas, Che, estudiantes, Cordobazo, conciencia espiritual, drogas, sexo, arte psicodélico. Y a uno lo agarraba saliendo del invernadero. Las chicas, esa rareza. El baile, esa imposibilidad (disculpame, Vivi). El canto, esa salvación. Cantábamos como locos. Cantábamos todo el tiempo. Cantábamos de todo y en todas partes. Siete años. Sete anos. La avalancha verbal. Armando, Carlitos.

Qué hacés ino. Todo bien aventurado. ¿Cómo le va ntada? Era nuestra forma de deshacer la presión opresiva de tanto discurso liberador. Era un aluvión de verbo libertario. Sociología. Crisis. Cortázar. Abelardo Ramos. Che. Perón. Revolución. Marcuse. Sartre. Waxemberg. Silo. Bancátelas. Y todos presionando por que te tornaras adepto. Para que te liberaras. Yo dibujaba tratando de ganarme la simpatía de las chicas lindas que pintaban por la Universidad. Alguna todavía guarda esos ensayos. Gardelito canta y canta una vez más como si el tiempo no hubiera pasado y la memoria de la chica que seguí en la playa esta mañana me recuerda que YOY. La vida se compactó. Las palabras, las letras, los signos resumen todo. El que pueda ver á.

* Sociólogo y escritor.

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