Cuento


LA VIEJA LIBRERÍA ZAPLANA


Lilia Limón Erazo *

Día sosegado, tranquilo, como un paréntesis de vida, tan alejado de mí desde que deletreo la anhelante maternidad múltiple que me acosa, me enerva y me sublima, cada uno de los minutos del día. Mis ojos recorren títulos, ¡cual elegir! Hay poco dinero y tan poco tiempo que me apremio en la búsqueda de lo más prometedor, en la imposibilidad de llevármelos todos, la punta de mis dedos acarician sus pastas mientras inhalo su prometedor aroma, a papel nuevo, a tinta, a sueños.

Deambulo entre anaqueles y mesas gozando los minutos robados, la pinta, el ambiente, los efluvios, el chapuzón de humanidad, cuando de pronto un contacto eléctrico me cimbra, otra mano al chocar con la mía enreda sus dedos en la defensa del equilibrio, una simbiosis de emociones corre por los brazos y obliga a reunir las miradas y el mundo se detiene en un instante en que todo lo razonable es borrado.

Un siglo de emociones une indisolublemente a dos desconocidos y pareciera que nada podrá separarlos: Qué se dijeron los ojos, tormentas de cielos en el cenit del sol; qué ensoñaron los cuerpos de pasiones eternas robadas al amor; por qué latieron los labios añorando besos desconocidos y nuevos, como para eternizar la caricia, las manos se abandonaron en un puente urgido y esperanzador...

El despertar fue brusco y doloroso, me di vuelta y estando cerca de la puerta salí, corrí, huí, presintiendo la otra presencia, que atropellando libros y lectores no logró el tiempo necesario para el encuentro; la cara me ardía de ansia, de miedo, de pasión, de angustia, de vergüenza: Salvé corriendo el espacio hasta llegar a mi banca, a nuestra banca amor, la de siempre, la de mis citas, la de mi vida y me senté sofocada y anhelante ante la cordura, con un sueño de carne roto en mil pedazos y con mi primer libro robado entre las manos temblosas.

* México, 1933; maestra en Lengua Nacional, jubilada.

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