SOBRE LA LLAMADA BANCA INTERNACIONAL DE DESARROLLO O DE LA POLÍTICA DE LA MUERTE
Humberto Jaramillo *
Tuve la grata experiencia de asistir a un Seminario titulado “Desigualdad y Pobreza en América Latina, las Reformas Necesarias”, organizado entre otras muchas instituciones por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF, la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Xochimilco, UAM X, la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, UACM y el Equipo Pueblo, entre otras muchas y sólo por mencionar a las más importantes.
Destacó entre otras muchas exposiciones de expertos de América Latina la del Maestro Don Pablo González Casanova.
Sin duda, la certidumbre más reveladora de este ejercicio es, en boca de los que saben, la inequívoca existencia de la perversa estrategia de dominación global que ya desde hace mucho tiempo está operando el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, contra la posibilidad de que las Naciones del llamado tercer mundo caminen por las vías del desarrollo, la erradicación de la pobreza y la desigualdad, así como la consolidación de sus proyectos nacionales como bases sólidas del florecimiento humano.
El caso de Argentina y la enorme mayoría de los países que han seguido al pie de la letra las políticas impuestas por estos organismos, están viviendo hoy terribles consecuencias expresadas en índices crecientes de recesión económica, desempleo, aumento de los índices de la pobreza, rezago educativo, corrupción y cada vez más, la afluencia de fenómenos de violencia social expresados en el crecimiento de la delincuencia organizada, cuyo principal exponente es el alarmante avance de las redes de producción y distribución del narcotráfico y del llamado fenómeno general de la inseguridad.
No sólo Don Pablo González Casanova hizo sonar su voz enterada y autorizada para expresar, con indudable sustento científico, su protesta e indignación ante el hecho de que estas políticas producen diariamente y con extraordinaria diligencia, 30,000 muertes en todo el mundo por causas derivadas del fenómeno global de la desigualdad.
También Julio Bolvitnik, diputado de la izquierda mexicana y reconocido investigador sobre el tema, cuestionó la viabilidad y la naturaleza de los conceptos con que hoy, la ciencia económica mide el volumen y la magnitud de la pobreza en el mundo. Su cuestionamiento está fundamentado en una idea sencilla pero poderosa: no sólo de pan vive el hombre y la mujer, el ámbito de las necesidades humanas no solo se circunscribe al terreno de los bienes materiales de la subsistencia o peor aún, de la alimentación, como los señores de la ciencia económica neoliberal nos quieren hacer ver; muy por el contrario, la naturaleza humana requiere de una extensa gama de satisfactores que se expresan, para decirlo pronto, como el propio Bolvitnik y Max Neef afirman, en por lo menos dos tipos de necesidades o dos grandes familias, a saber: las necesidades llamadas axiológicas y las llamadas existenciales. En la familia de las existenciales encontramos conceptos como subsistencia, protección, afecto, entendimiento, participación, ocio, creación, identidad y libertad; dentro de las existenciales están “el ser”, “el tener”, “el hacer” y “el estar”. Si cruzamos en un cuadro, para efectos del análisis, estas dos listas de criterios, surgirán a la vista consideraciones sobre la naturaleza de la humanidad que los señores del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional ni se imaginan siquiera. Por ejemplo, si cruzamos Libertad con “el ser”, encontramos conceptos como autonomía, autoestima, voluntad, pasión, asertividad, apertura, determinación, audacia, rebeldía y tolerancia; si cruzamos entendimiento con “el hacer” tenemos: investigar, estudiar, experimentar, educar, analizar, meditar, interpretar. Es decir, consideraciones a las necesidades de la naturaleza humana que nos definen a las personas como algo mucho más complejo que “un costal de papas”. Si, como debe de ser, agregamos estos criterios al análisis de la carencia de los satisfactores para la vida, como se define a la pobreza, entonces tendremos que los volúmenes y la magnitud de la pobreza en el mundo calculados por los señores del dinero se queda muy corta y las proporciones reales son mucho mayores de lo que nos dicen. Y la otra: ¿como están concibiendo a las personas los señores de la “Banca Internacional de Desarrollo”? ¿Sólo como pura y vil fuerza de trabajo? ¿Qué diferencia hay en su concepción de lo que es la humanidad, entre la de estos sujetos con la de Adolfo Hitler? Ante esto me pregunto: ¿ocultar la naturaleza de las cosas, ser superficiales en el análisis, no es otra manera de mentir? Sin duda, darle a los sujetos trato de objetos es una estrategia que busca “eximir” a los faraones modernos y sus estados gerenciales de las responsabilidades que implica el proyecto de la redención humana, o dicho en otros términos, del compromiso con la restitución de la dignidad de la humanidad.
El Dr. Eduardo Bustelos de Argentina, no sólo arrebató máscaras, sino que resaltó algunos rasgos descubiertos por su lupa inteligente, al exponer las características de lo que denominó como la más añeja y sencilla forma de hacer política, la tanatopolítica, o política de la muerte. Refiriéndose también a las intenciones de origen de las instituciones del agiotismo internacional. Afirmó que estas instancias en su afán de ocultar la realidad y el peso inmoral de sus actos, han adoptado una especie de travestismo conceptual o impunidad conceptual, como parte de una estrategia política del ocultamiento. Actitudes que vienen a concretarse en un cinismo activo que mandata todos los razonamientos y acciones en concordancia con los valores más puros del capitalismo que ante la muerte de millones no hace otra cosa que naturalizar el horror.
Carlos Baraibar de Uruguay, Carlos Cortés de México, Sonia Fleury, Elio Villaseñor y Patricia Garcé, coincidieron en que el elemento irrefutable a través del cual se comprueba que la llamada Banca Internacional para el Desarrollo, es en realidad la Banca Internacional para la Dominación, es la ensangrentada y aleccionadora experiencia de la deuda externa de todos los países en vías de desarrollo.
Por ejemplo, la deuda externa de Nuestra América, sobre la cual descansa el nefasto poder injerensista de estos organismos internacionales de dominación, ya ha sido pagada de sobra en términos económicos. Los expertos y expertas asistentes a este seminario, expresaron que la Comunidad Latinoamericana y del Caribe está a punto de arribar al pago total de su deuda externa por sexta ocasión.
El cuestionamiento es obvio: por qué esta banca que supuestamente persigue el desarrollo de los países del tercer mundo, utilizando una de las prácticas de la miseria humana más dolorosas -la usura-, ha obligado a pagar seis veces más cada moneda prestada para erradicar el hambre, la miseria y la infelicidad de la población latinoamericana y mundial. La respuesta: Como el Mercader de Venecia, de William Shakespeare, lo que menos les interesa es el desarrollo, persiguen la ganancia a toda costa y bien dispuestos están a cobrarse separando del cuerpo vivo de la sociedad internacional que vive en situaciones de desventaja, los kilos de carne necesarios, arrebatados con el frío cuchillo del dominio de la gente y la perpetuación de la miseria. De nueva cuenta se reivindica la ya vieja máxima que sobre este tema tanto se ha dicho: esta es la política de la miseria y la miseria de la política.
El discurso de estos organismos internacionales, entonces, debe entenderse al revés: si dicen desarrollo es perpetuación de la miseria y el dominio. Su discurso es la mentira.
Es indudable que son estos granujas los que tienen una deuda impagable con nuestros pueblos. Si alguien quiere calcular esa deuda pendiente, tendrá que buscar indicadores que le permitan identificar el valor de la dignidad humana. Pero hablemos un momento en su lenguaje: ¿Cuántas monedas de oro vale la sonrisa de los niños, cuántas sus sueños, cuántas sus vidas? Si la dignidad de las personas es infinita, qué dimensiones tiene la dignidad de toda una Nación, qué dimensiones tienen las generaciones y generaciones de naciones y comunidades de naciones que su voraz apetito ha engullido.
Los expertos y estudiosos en el tema, refieren que anualmente mueren en el mundo más de treinta millones de personas, la mayoría niños y niñas menores de cinco años, por causa del hambre y enfermedades curables, es decir por causa derivadas de la injusticia y la desigualdad. Esa es casi tres veces la población total de la república de Cuba, más de seis veces la población de Nicaragua. Anualmente, la política de la mentira y la dominación acaba con pueblos enteros. Cuántos Beethovenes, cuantas Rosarios Castellanos, Darwins, Shakespeares, Dantes, Cervantes, Fridas Khalos, Einsteins, Natys Mistrales, Ghandis, Whitmans, Allendes, Picasos ha perdido la humanidad para la construcción de su utopía. Cuántas sonrisas infantiles hemos perdido irremediablemente. Sin duda son esos señores, los señores de la “Banca Internacional”, los señores de las estrategias globales de dominación los que sí tienen con nuestros pueblos una deuda impagable. Es el momento de poner sobre la mesa la elevada deuda moral que estos organismos tienen con la humanidad en desarrollo. Por ello, no sólo debe exigirse con ABSOLUTA AUTORIDAD MORAL la cancelación inmediata de las deudas externas de todos los países, sino la reforma necesaria, el cambio de dirección de esas instituciones de la sociedad mundial para la reivindicación de la dignidad y el florecimiento humanos. Es urgente trabajar por una gran reforma democrática internacional que posicionen a estas instituciones, empezando con la Organización de las Naciones Unidas, en el camino correcto, un camino moral para el mundo.
* Coordinador de Comunidad en Movimiento, A.C., organización dedicada a la defensa de los derechos de las niñas y los niños que viven en las calles de la Ciudad de México y a la promoción de la organización y el desarrollo comunitario.