ASESINOS POR LA IDEA
Rafael Mendoza Toro *
Ha devenido en lugar común y comúnmente aceptado, que el morir por un ideal es una opción ética valida e incluso superior: el cristianismo ha llenado el calendario con sus primeros mártires y la izquierda ha creado leyendas como “el guerrillero heróico” que parecen irrebatibles, tanto que cuestionar la figura del Che equivale a linchamiento instantáneo. Pero, siguiendo la lógica de morir por la idea, casi no hay reflexiones sobre una de sus consecuencias: matar por la idea. Lo mismo algunos santos del catolicismo, que los héroes guerrilleros, ejercieron la violencia y, en su lucha por el ideal, mataron a quien se les opuso, bien porque eran infieles enemigos de Dios, o testaferros del capitalismo y obstáculos a la revolución social. Ante esto surge una pregunta: el terror de Al Qaeda que es casi unánimemente rechazado, ¿es realmente distinto o sólo un caso de malas relaciones públicas?
Las explosiones de Londres, que en un recuento temprano llega ya a las 33 víctimas mortales y cientos de heridos, marcaron un pésimo inicio de la reunión del Grupo de los 8, que si bien estaba sufriendo al asedio de los globalifóbicos y del desmesurado ego de Bono, con esto podrá centrar su agenda en la seguridad y dejar en segundo término la ayuda a África, donde por cierto, los países más pobres son a la vez, musulmanes fundamentalistas. Porque la idea en la mesa del intercambio de ayuda financiera por seguridad, no tiene sustento; hace rato que el terror fundamentalista abandonó las banderas sociales: se mata al otro como confirmación de que la idea es la única correcta, y que privar de la vida a los otros no tiene implicaciones éticas sino sólo logísticas: hay que encontrar la manera de hacerlo más rápido y de forma masiva.
Pero, en una extraña coincidencia, en el inicio de este mes la televisión mostró un documental sobre el Sendero Luminoso peruano, incluyendo fragmentos de videos de adoctrinamiento, donde se contemplaba a adolescentes marchando en medio de banderas rojas y cantando su adhesión a la idea del “marxismo leninismo maoísmo pensamiento del presidente Gonzalo” y sus intenciones de morir por él; que en la mayoría de los casos se cumplió, junto con muchos miles de peruanos que se le enfrentaron, los cuestionaron o simplemente no se les unieron; englobados todos como enemigos de la idea.
La explicación simple, que parece satisfactoria sobre todo para la izquierda, considera a Sendero una desviación, una malformación ideológica que terminó mal, para bien de la izquierda. Pero Sendero, PROCUP, EPR y otros grupos fundamentalistas de por acá, no son más que la secuencia dialéctica de las tesis cheguevaristas: ¿o no habla él de la ejecución de un campesino acusado de delator, pese a que la acusación no fue probada? Si los buenos son los que se unen a la causa y los malos los otros, la preeminencia del ideal revolucionario justifica todas las respuestas, incluyendo el aniquilamiento.
Hace 50 años, el escritor Albert Camus reflexionaba sobre la historia de los terroristas rusos, a quienes llamaba “los asesinos delicados”, explicando que su necesidad de ser detenidos, juzgados y ejecutados después del hecho, era la de una expiación de culpas reconocidas, pagando “la vida quitada con una vida dada”; a lo que concluía: “pero una vida dada vale más que una quitada”. El razonamiento parecía correcto, sobre todo a quienes estuvimos dispuestos a hacer el intercambio: la vida por la revolución.
Mas la historia de la lucha armada en México y América Latina dejó algo más que “héroes guerrilleros” muertos por la causa, pues la lista debiera incluir a todos los enemigos de clase: policías y soldados represores a la que se combatía, burgueses defendiendo su derecho a la plusvalía, renegados y desviacionistas que salían del sendero correcto; todos también muertos con cargo a la idea. ¿Cuál es la diferencia real con Sendero Luminoso o Al Qaeda? Cuando más, el número de muertos.
El rechazo a los atentados de Londres es lo “políticamente correcto”, al que se reiterará para parecer críticos, las menciones a la explotación neoliberal y las invasiones de Afganistán e Irak; pero el doble standard seguirá usándose para las causas justas: el zapatismo o el separatismo vasco. El deslinde real sólo podrá darse a partir de la revisión del concepto central: morir por la idea. En la historia de la humanidad muchos millones han muerto por ésta sin obtenerse grandes mejoras y no sólo lo dice Ciorán, sino que salta de la historia. De otra manera, seguiremos a merced de iluminados y tontos que les acompañan.
* Productor y guionista de radio univeristaria, articulista y analista, nacido en la Ciudad de México.