Economía


CENTRAMÉRICA Y LA "LEY DEL EMBUDO"


Víctor Manuel Barceló R. *

El fracaso del Plan Puebla Panamá (PPP) en su intento de preparar el terreno para que, Centroamérica y los nueve estados del Sur-Sureste mexicano entrelazaran economías, llevó al imperio a concretar un Tratado de Libre Comercio con América Central y la República Dominicana. Se da éste con el fin de concretar el ingreso pleno de las transnacionales -allanar el camino a la globalización- respondiendo a políticas de medio plazo del imperio, en su ruta al ALCA -lo mismo, pero con toda América.

La relación con Centroamérica es diferente de origen. Hace lustros, que por arriba del 80% de sus ventas al gran mercado del Norte, están liberadas de gravámenes. Sus compras, también son motivo de importantes reducciones arancelarias. Pero los artículos que entran y salen de las economías centroamericanas -hacia y desde el imperio- están ligados a sectores productivo-comerciales, con intereses extranjeros; poderoso lunar en la economía de la región. El resto es de subsistencia, o casi.

Por ello suena falso asegurar -como lo han hecho voceros de los sectores interesados- que se “abre una nueva ventana de oportunidades para el crecimiento económico en la región”. Lo mismo se afirmó, en su momento, cuando se planteó el PPP que para fortuna del Sur-Sureste mexicano, quedó solo en un programa de inversiones, por cierto chato y desordenado, que puso a “pelear” a los gobiernos, por el acceso a los pocos recursos con que cuenta. Tal afirmación escuchamos, en su momento, respecto del TLC de Estados Unidos de Norteamérica con Chile, cuya “luna de miel” ha terminado.

Una apertura comercial puede o no traer aparejado un proceso de crecimiento. Ello depende de los sectores que se involucren y perciban los beneficios, de haberlos. Los ingresos de diversos países a la Comunidad Europea, fueron claramente positivos para su economía en general, con resultados precisos en el nivel de vida de sus pobladores.

En el caso de Centroamérica, seguramente crecerán los rubros exportadores, en su mayoría dominados por transnacionales, que apenas si dejan salarios y algún ingreso menor. Ello no es nuevo, las economías centroamericanas, vienen de un modesto crecimiento. Así, Costa Rica creció en promedio anual 4.9% entre 1990-95, ahora sólo crece al 3%. En el Salvador -debido a la maquila- se logró un crecimiento de 5%, que calló entre 2000 y 2004 al 2.9%. En promedio anual, Centroamérica decrece del 4.2% del 90 al 95, a 2.6% del 2000 al 2004.

Otro elemento en contra de la relación Centroamérica vs. Estados Unidos, es la falta de hidrocarburos en la región. Por ello y dado su escaso desarrollo, el istmo exporta básicamente productos de la naturaleza, que cubren alrededor de 65% de sus ventas. Una lectura rápida de otros aspectos del convenio, nos permiten afirmar que se basa en términos ya superados, que se signaron en el antiguo GATT (por sus siglas en inglés) ignorando acuerdos en el seno de la OMC (por sus siglas en español), que definen mecanismos para la defensa del entorno en que se realizan las actividades productivas, así como salvaguardas en la relación comercial, que amenazan con no poder aplicarse.

Nada extraño el resultado, al aplicarse políticas neoliberales en la región, similares a las que han “dado al traste” con la mayoría de las economías americanas. Por ejemplo: Centroamérica llevó a cabo un intenso programa de fomento de maquiladoras, que arrancó con buenos resultados, en tanto las transnacionales no encontraron “nichos de producción” más apetecibles. Al no existir políticas de control para el escape de dichas inversiones -simple migración al revés- los saldos comerciales en contra, al huir éstas al oriente, fueron muy significativos. Así, Guatemala se quedó con un déficit, en 2004, de más de 3 mil millones de dólares; El Salvador con 2.4; Honduras, Nicaragua y Costa Rica con un saldo negativo en la balanza comercial, de más de mil millones de dólares.

Aquí la política monetaria, también mantiene “un corto” que se modifica al arbitrio de los bancos centrales, para el control de la inflación. La política fiscal libera recursos constriñendo el gasto, para apuntalar el servicio de la deuda pública. En general los dictados del “Consenso de Washington” encuentran dócil eco en las áreas financieras y de negocios de la región. ¿Cuáles serán las bondades de un Tratado en que la “ley del embudo” apunta, en su parte más restringida, a nuestros hermanos de Centroamérica? (Villahermosa, Tab. 14 de agosto del 2005).

* Profesor y Licenciado en Economía. Se ha desempeñado en el Servicio Exterior, el Gobierno del Distrito Federal, la Secretaría de Gobernación y el Gobierno del Estado de Tabasco, entre otras responsabilidades.

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