DESESTABILIZAR DESESTABILIZANDO
Hugo Alberto de Pedro *
El Gobierno Nacional Argentino está cometiendo graves errores, y su presidente, el abogado Néstor Carlos Kirchner está muy nervioso por las próximas elecciones legislativas del 23 de octubre. Posiblemente por el incierto resultado de las mismas en función de la representativa democracia que no permite conocer de antemano el nivel de participación ciudadana en las cuestiones políticas y menos dentro sus movimientos y partidos. Lo único que se conocen son encuestas, que como corresponde, pagamos todos nosotros.
Como suele tenernos acostumbrado el peronismo, todo pasa por cuál de los referentes es más fiel en la interpretación del pensamiento de su líder fallecido, él que en vida supo construir todo tipo de conspiraciones en su entorno, al mismo tiempo que dedicaba sus enseñanzas en el autoritarismo, la persecución y la instauración del miedo.
Con estos antecedentes es más sencillo comprender cómo desde el Gobierno, sus candidatas y candidatos recurren a las denuncias ligeras contra quienes han sido sus compañeros políticos con que compartieron un proyecto político, económico y social durante una década y con los socios que necesitaron para llegar al poder: Toda la sociedad los conoce muy bien como para esperar que sea el matrimonio presidencial quien nos venga a iluminar e ilustrar sobre esos personajes funestos y mafiosos.
Quienes conocemos a Kirchner sabemos muy bien que sus miedos y angustias las traduce en ataques de cualquier naturaleza y calibre, y que todas sus personas de confianza -sin excepciones, con o sin cargos remunerados por el pueblo argentino- tienen la obligación de actuar en consecuencia so pena de ser despedidos o ignorados. Esto último es lo que siempre prefiere hacer para lograr la domesticación y la obsecuencia debidas.
Ahora el presidente se viene con la historieta de que quieren desestabilizar al Gobierno a través de un pacto que seguramente tiene su origen en su propia pertenencia política y también en sus propias inseguridades, cuestión que lleva consigo una perversidad que solamente encuentra sustento en la necesidad de seguir ocupando el centro de la vidriera mediática e informativa. Esa que en muchos casos le es servil y cómplice.
En estos últimos días desde el Gobierno se ha atacado a los movimientos de desocupados y piqueteros, como a los de ideas de izquierda y sectores revolucionarios, a quienes también sindican como desestabilizadores. Extraña posición de un presidente novato en la defensa de los Derechos Humanos que ahora ve en los que luchan a los enemigos. Él jamás defendió ni como profesional, ni como político y ni como gobernador a ninguna víctima del genocidio militar y menos acompañó a los organismos que jamás claudicaron por la verdad y la justicia, muchos de los cuales ahora lo abrazan de una forma que no le podemos encontrar una explicación desde la memoria colectiva de nuestros desaparecidos.
Ahora resulta que cualquier reclamo o exigencia son desestabilizadoras desde la mirada de su abrazada ideología del capitalismo social, porque desde su pasado ligado a la vida rentística y política representativa sigue renegando y despreciando la lucha de clases. Porque es el mismo discurso que Eduardo Alberto Duhalde tuvo en los días previos de ordenar, el 26 de junio de 2002, la represión y muerte de militantes sociales en el puente Pueyrredón.
Nuestra historia nacional, como nuestra memoria, recuerdan de los pactos que han sido manejados para beneficio de la politiquería de turno. Hace veintitrés años Raúl Ricardo Alfonsín denunciaba el “Pacto militar-sindical” para ganar las elecciones presidenciales y terminó dándole leyes del olvido y el perdón a los primeros mientras que sus operadores políticos terminaron asociados a los segundos.
También hace once años otro pacto, el “Pacto de Olivos”, entre Carlos Saúl Menem y Alfonsín permitía la reelección presidencial con el apoyo de muchos, entre los que se encontraban el hoy presidente y su cónyuge que inmediatamente en la provincia de Santa Cruz, y en dos oportunidades reformaron la constitución, que al estilo de la peronista de 1949, posibilita su reelección indefinida.
No está asegurado que el “Frente para la Victoria de Kirchner” sea plebiscitado en las elecciones legislativas, tampoco que obtenga una victoria digna. Aunque los métodos que está usando nos siguen causando nauseas, y las mentiras que nos cuentan todos los días nos obligan a repudiarlas.
Ni el presidente, ni su esposa, ni ningún empleado nuestro podrá intimidar al pueblo argentino por exigir una Argentina para todos y sin excluidos, con trabajo, educación y salud garantizados, donde los esfuerzos del pueblo sean reconocidos a través de la distribución igualitaria del ingreso y la riqueza, como también los jóvenes puedan desarrollar su futuro y en la que nuestros mayores no deban padecer injusticias sociales.
Si están preocupados y tienen miedo lo deben asumir e intentar hacer una gestión gubernativa que incluya a los que piensan diferente, que busque la unidad en la diversidad de las ideologías. Todo lo demás serán actos autoritarios, y de continuar con la represión, la persecución y encarcelamiento de los luchadores sociales confirmarán nuestras dudas sobre sus tendencias fascistas disfrazadas de un progresismo que ni siquiera llegó a ser transversal.
Debemos ser muy claros y terminantes en exigirle que realice las denuncias judiciales penales que correspondan en virtud de los datos que posea, porque un plan para desestabilizar al país tendría como víctimas en primer término a su pueblo y como presidente de la Nación tiene la obligación y el deber constitucional y penal de hacerlo. Salvo, claro está, que sea una puesta en escena muy poco seria como presumimos y que tenga únicamente fines proselitistas. O sea, una mentira más dentro de otras tantas.
Si hay desestabilizadores deben ser denunciados, pero que no nos mientan para desestabilizar desestabilizando (26 de agosto del 2005).
* Periodista.