LOS DETERIOROS DEL PODER
Alfonso Valdivia Medina *
Los cambios observados en los servidores públicos en países como mi querido México, que me atrevo a calificar de subdemocrático, más que subdesarrollado, son, además de notorios, directamente proporcionales a las posiciones que se obtienen en los cargos conferidos. Esto es, a pequeños cargos, pequeños cambios, a posicionamientos mayores, increíbles deformaciones.
Y me refiero exclusivamente a los cambios que presentan los políticos en las llamadas “posiciones de poder”, porque las gradaciones y temporalidades de este tipo de poderío, son consecuencia entre otras, del indolente conformismo que asumimos los que no gustamos de participar en esos deshonestos mundillos. Así lo menciono, porque al paso del tiempo han demostrado indiscutiblemente, que han estado conformados por incontables casos de sinvergüenzas, que se han cobijado al amparo de la impunidad para cometer todo tipo de abusos y latrocinios, y esto con toda claridad y precisión sea dicho. Ahora bien, existen otras posibilidades de obtener posiciones de poder, como es el caso de aquellos/as que lo logran a través del dinero, bien o mal habido, en estos casos las deformaciones son de otro modo, sin embargo no son motivo de análisis en este escrito.
Pareciera ser entonces, que se requiere de un temperamento de acero en una personalidad equilibrada, además de, a prueba de aduladores, para evitar tanto los cambios que terminan por transformar a un ser común, en una especie de “monstruillo contranatura”, como la infinidad de arbitrariedades producidas en el entorno de los abusos cometidos por estos degenerados, social y políticamente hablando.
Y no porque los cambios no deban de darse, tal y como ocurre en otros representantes populares de países demócratas, sino porque en México los cambios son en extremo aberrantes, en todos los que llegan a ocupar cualquier posición. Cabe aclarar que los mayormente culpables de los cambios observados en este tipo de servidores públicos, son los miserables “aduladores”, que, con tal de obtener una ganancia secundaria, son capaces de hacer creer a estos manipulables creídos, que son hipotéticamente superiores, con lo que se confirma que aparte de cretinos y creídos, son sin duda alguna de carácter blandengue, además de que sean tradicionalmente abusivos y ladrones.
Lo penoso de este asunto, es que se creía que esto nada más sucedía en los representantes emergidos del partido tricolor, y aunque algunos no esperábamos grandes cosas del “cambio” con los azules, existía una remota vaguedad de esperanza, para que las cosas fueran a ser diferentes, y sin embargo, esto no ha sido así, ya que la historia se ha vuelto a repetir, y cada día nos enteramos de nuevas formas de tráfico de influencias, enriquecimientos y los mismos abusos, pero ahora con los alternantes. Para colmo, integrantes de otros partidos, incluyendo a los amarillos y a los de partidos heredados y minoritarios, también han dado claras evidencias de corrupción. Qué trágico y qué asco.
Aunque lo más importante finalmente, no es nuestra sensación de asco, o el desprecio que sentimos como consecuencia por "casi" todos aquellos que están inmersos en el núcleo del poder, ya que lo realmente crítico, es que mientras los que no somos parte de esos grupos, señalamos de forma repetida estas injusticias; los políticos, sus familiares y otros allegados, no se dan por enterados, o hacen como que no les importa, condicionando diferencias sociales, que pueden propiciar rupturas graves, muy graves.
Así que ya enterados, deberemos reconocer que en nuestro sistema político, algo anda mal, algo no funciona, algo está descompuesto y putrefacto, o enfermo y contaminado, clama mi bien amada conciencia, que coincide con el pensamiento de múltiples analistas y observadores, pero esto no es sano, en ningún sentido. ¡Que conste, eh!
Para tratar de entender en algo, el anómalo comportamiento de los políticos, mencionaré la especie de “filosofía” que impera en esos medios, y que de algún modo nos permite descifrar su forma de actuar, pues se dice que: "Para ser político mexicano, se debe aprender a tragar mierda y no hacer cara de ´fuchi´, para después repartir entre familiares y amigos, los vómitos que de este acto se desprenden”. ¿Será verdad?
Total que es en este binomio de “políticos-corruptos–votantes-indolentes”, que se propician efectos que son responsables de los problemas que padecemos como país, y que se traducen en la existencia de millones de mexicanos en extrema pobreza, desempleo, y una larguísima lista de calamidades, que acaban por evidenciar las descompuestas entrañas de nuestra realidad nacional, pero que además favorecen los males que día con día se agravan y agudizan, y finalmente afectan al pueblo mexicano.
Si logramos comprender estos puntos, entenderemos que es nuestra obligación participar de muchos modos, y siempre en forma pacífica, para combatir la brutal corrupción que padecemos. La tarea es ardua, porque para colmo, aún no podemos definir con claridad, ni el partido idóneo, ni el líder o líderes que nos logren convencer de que sus intenciones son las de garantizar una auténtica democracia, para vivir en un país justo, y no digo "más" justo, porque no ha sido justo, ni democrático, por lo menos en los últimos 77 años.
Reconozcamos entonces que aunque el cambio, no es fácil, tampoco es imposible, más aún si es que nos mantenemos informados, pues por cierto la información está por primera vez a nuestro favor. Así es, antes de esta época existía un control absoluto del manejo de la información, ahora, gracias al moderno Internet, la comunicación es libre, por lo pronto incontrolada, y lo mejor, fuera de “la mano negra” que tradicionalmente encubría y solapaba una cantidad impresionante de actos sucios. Ahora si algo es importante de ser comentado, surge, y se desperdiga por doquier, con una ventaja adicional, quedan testimonios escritos, que pueden ser revisados cuantas veces se desee. Y que conste que estas aclaraciones, no tienen intención de propiciar violencia, ni apatía, sino por el contrario, actos pensados y razonados, para combatir lo que a millones de mexicanos incomoda.
Ojo, millones, que se traducen en votantes, que no es cualquier cosa, por lo mismo sería conveniente que todos aquellos/as que aspiran a puestos de elección popular, reacomoden en forma honesta sus propuestas, porque el cambio ya toca a la puerta, y ya no se puede tolerar más a enfermizos aspirantes desequilibrados, que ya nos hartaron.
Por lo mismo reitero que, si acaso surgiera por ahí un candidato que nos dejara entrever lo que de siempre hemos estado esperando, y es que, con la suficiente calidad moral, y con los pantalones bien puestos, diera inicio a una campaña para limpiar este pasado que nos condena, y que nos califica entre otras cosas, como uno de los países más corruptos del mundo, pero que en justicia debería de ser, el país con los políticos más corruptos del mundo, y eso es otra cosa y así ni quien reclame. Claro que también requerimos que el susodicho nos diera visos de que aplicaría una justicia equitativa, sin propiciar violencia, o inestabilidad, pues seguramente que le veremos con buenos ojos, y lo apoyaremos, venga de donde venga, y con o sin partido podrido.
Porque además el anhelado “cambio” requiere, entre muchas otras cosas, de aplicar la justicia a incontables ex servidores que, por un lado han robado como es su costumbre, es decir “a lo bestia”, y como consecuencia han empobrecido y hundido a nuestro país en una crisis, y esto no es justo, porque mientras ellos y sus arrastrados solapadores se han enriquecido hasta niveles inconcebibles, el pueblo en su conjunto padece y sufre de incontables carencias.
Agregaré además, que nadie ignora que estos raterillos sexenales, han sido además de abusivos, en algunos casos auténticos sociópatas consumados, y se dice en “vox populi” que hasta hemos tenido a connotados asesinos, verdades del dominio público, que aunque aparenta estar distraído, clama justicia, y no digo que tiene sed de venganza, porque quizás esto último sea lo que hemos visto como una consecuencia en los llamados grupos extremistas, conformados por campesinos transformados en guerrilleros, como es el caso del ya famoso Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, (EZLN) pero que a pesar de sus razones, justas o no, pues lo que menos necesitamos, es precisamente una guerra interna que nos desangre y nos desestabilice, ya que finalmente las acciones combativas de estos y otros grupos de inconformes sociales, no han logrado producir ningún cambio de fondo, ni han logrado eliminar a la descompuesta clase política, ni los “modus operandi” de ésta, obteniéndose por el contrario, lo que debemos reconocer como un auténtico “modus vivendi” que literalmente significa: Transacción mediante la cual dos adversarios en litigio (pleito), llegan a un acuerdo de coexistencia, sin que haya arreglo verdadero. Y así sí, y decimos y llamamos las cosas por su nombre, y todos enterados, aunque estemos o no de acuerdo, y nos guste o no. Y que conste que no es un ataque a los del EZLN, que son otro de los resultados de las injusticias sociales, o por lo menos eso precisamente parecen.
Total que una acción así de anunciada, buscando aplicar la justicia, permitiría, entre otras cosas, quitar a los que han robado, lo que a la nación pertenece. Podría asegurar que con esto podríamos pagar la deuda externa, deuda que nos mantiene sometidos, devaluados, menospreciados, explotados y hasta bocabajeados, ante los agiotistas internacionales de diversos países, que son otra de las tantas desagradables consecuencias que han propiciado todas estas sabandijas politiqueras. Y nótese que no se trata de envilecer y denigrar a estos indignos mexicanos, que, bien lo merecen, pero creo que un acto así, dejaría satisfechos a millones de mexicanos, ya que sería algo así como un acto de elemental justicia, ojo, “elemental justicia”, sin incitar a la violencia, simplemente aplicar la justicia, y eso es todo. Así de fácil. Y también sin marchas, que nada resuelven, y que creo que mañosamente son permitidas y toleradas, como un medio de desfogue, y otras veces sólo sirven para cazar literalmente a los líderes incipientes, que por supuesto que aluden razones de injusticia, pero que yo recuerde, ninguna ha resuelto nada, excepto la “Marcha de Zacatecas”, y otras revolucionarias, pero eso fue en otros tiempos, con otros sentidos, y no estériles, como las actuales.
Finalmente comentaré que, me encantaría despertar un día cualquiera, y que mis pensamientos, preocupaciones y apreciaciones fueran diferentes, o por lo menos y ya de menos, que nuestro país llegara a una razonable democracia. Quizás ese día no llegue a vivirlo, pero por lo menos intentaré cada día, un acto que permita que mi sueño sea una realidad, aunque pueda parecer cursi, y quizás un día logremos transformar a nuestro México, entonces creeré que mis palabras y pensamientos, como los de otros muchos mexicanos, de algo habrán servido.
Muy sinceramente, Dr. Alfonso Valdivia Medina, no agazapado, ni cosas parecidas.
PS. Chente: Cuando se recurre a citar a alguien, se le cita de la forma adecuada, y no acomodaticia, la frase: "Los que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo", acuñada por Jorge Ruiz de Santayana, filósofo español, nacido en Madrid (1863-1952), la podrías haber utilizado si hubieras dicho en tu comercialote mal dicho: Como cita Santayana, bla, bla, bla. Ahora vamos viendo si hay pa´ la próxima pides que primero te enseñen la cita, la citas, y todos contentos, o por lo menos, menos enojados, porque no se puede piratear impunemente a nadie, menos a un filósofo. Y como que ya es tiempo, ¿no? Digo, ya no te expongas, porque te agarran de a pechito, y quieras o no, pues presides a todos los mexicanos. Nomás imagínate a Filel, que tanto quieres, diciendo: El lespeto al lelecho ajeno, es la pá y patlia y libeltá. ¿Verdad que no puede ser? No pues. Entonces acomídase, púlase, afínese y pedaléyele (que tú, de seguro que sí le entiendes), te sugeriría el Piporro.
* Médico mexicano.