Mundo global


LA ERA DEL DOMINIO


Lilia Cisneros Luján *

A seis años del júbilo por la llegada de un nuevo milenio, el desencanto, la desesperación y hasta el enojo han desplazado esa primera emoción colectiva. Más allá del nerviosismo -inducido creemos muchos- por el posible caos cibernético como resultado del cambio de dígitos 99 a 00, había la idea de que por fin cuajarían anhelos como: La equidad en el reparto de los satisfactores, igualdad de oportunidades para la educación, acceso generalizado al empleo. Desdichadamente luego de un sinnúmero de revoluciones -Francia, Estados Unidos, Japón, México, Rusia, China, entre otras- millones de muertos, derrocamiento de regímenes monárquicos u oligárquicos, desecho de la utopía comunista, firma de quién sabe cuántos tratados de paz y otro número también abundante de fechas para recordar a la humanidad, todos eso buenos propósitos, el año 2005 agota las últimas arenas de una frustrada esperanza.

La generación de nuestros hijos, que de uno u otro modo todavía disfrutó en sus primeros años el resultado de la lucha de quienes fuimos beneficiados por una permeabilidad social que nos dio a los sin alcurnia, acceso a la educación, la vivienda, los viajes y hasta la posibilidad de dedicar tiempo luchando por el bienestar de otros; hoy empieza a comprender que la crisis es algo más que discurso o queja hueca. Ellos nacieron en la crisis, aunque todavía recibieron algo de nosotros; pero ¿y sus hijos? ¿Cuál es el futuro de nuestros nietos en un mundo en el que apenas una cuantas familias disfrutan de todo y deciden de una u otra forma el destino de los billones? ¿Cuál será el sentido de justicia para nuestros descendientes, si en cada minuto de noticias observan cómo se salvan del castigo esos entes impersonales llamados empresas, cuyos socios lo mismo roban, engañan, defraudan o piratean las ideas de otros? ¿Podrán continuar con la visión mercadotécnica acerca de la maldad del drogadicto, la estupidez del niño de la calle, la inmoralidad de los jóvenes metidos en la prostitución y el pecado de quienes en su búsqueda de otro orden se atreven a pensar y cuestionar? ¿Qué diferencia hay entre los reyezuelos y cortesanos del oscurantismo y esa pléyade de gerentes multi-facéticos -hoy empleados de una empresa transnacional y mañana presidentes de una nación- y sus séquitos de secretarios, agentes de seguridad con todo eso que a ellos sí los blinda de acercamiento incómodos?

Si en menos de un año has debido asistir a los funerales de amigos dedicados a escribir su visión del mundo o acompañar a otros en las salas de juzgados para responder por delitos fabricados como cobarde artimaña para hacerles callar; no puedes menos que admitir la pérdida de muchas luchas por las cuales pusimos empeño y hasta arriesgamos a la vida. Si tu anhelo de libertad se ve coartado por quien salta tu reja o detiene tu auto para amagarte con un arma enterándote después que ese, es un pobre hambriento o enfermo, violando y secuestrando con el permiso y el involucramiento de la autoridad para realizar tales hechos criminales; sólo te queda echar mano de los recuerdos y los ideales para no desfallecer o caer en la tentación de responder con conductas similares.

Con visión positiva y humilde es el tiempo de admitir que no fuimos dioses y por lo tanto no podemos cambiar el mundo; pero nadie, absolutamente nadie, nos puede impedir seguir pintado de rosa nuestra esquina, porque aun en la cárcel, sin importar de cuánto nos hayan despojado, mientras hay vida existe la posibilidad de encontrar peregrinos dispuestos a la búsqueda de un mundo en donde la impunidad, la justicia comprada, la marginación impuesta desde el mismo vientre materno, la pobreza extrema, el odio y todo lo que a éste acompaña sean la excepción. No lograrán impedirnos caminar esos que dominan, seguiremos marchando a pesar de todas las agresiones, hacia un futuro mejor.

* Comunicóloga.

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